Desde hace mucho tiempo, en La 2 de Televisión Española, y en horario de sobremesa, se emite un programa llamado “Saber y ganar”, con gran éxito de audiencia, como lo demuestra el hecho de su larga permanencia en la parrilla televisiva. Yo suelo ver el programa en cuestión, pues es una buena forma de comprobar cómo anda uno de cultura general, aunque también, y es justo decirlo, para saber cómo está de cultura el personal, lo cual, dado que un servidor se ha dedicado toda su vida a la enseñanza, no es una cuestión baladí, pues viendo el programa que nos ocupa en este artículo, queda patente el desastre de sistema educativo que tenemos, mejor dicho, padecemos, en España, en el que algunas personas, a pesar de la titulación universitaria que dicen poseer, ponen de manifiesto una ignorancia capaz de sonrojar a cualquiera.

Veamos un ejemplo concreto: hasta hace unos días ha habido un concursante que afirmaba tener el doctorado en Física y que decía trabajar en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, con sede en Granada, para vergüenza de quienes somos andaluces. Un día le preguntaron a este señor (perdón, quería decir concursante, porque lo de señor yo no lo tengo muy claro), que cuál era la unidad de masa del Sistema Internacional, que es el kilogramo, algo que yo aprendí en 1º de B.U.P. y que aún recuerdo perfectamente, con esa referencia obligada al bloque de platino iridiado que hay en París. Pues bien, el concursante dijo que la unidad de medida por la que le preguntaban era el gramo, y cuando el presentador del programa puso en evidencia su equivocación, el ¿doctor? en Física, en vez de ruborizarse, se echó a reír, porque él se reía de todo, hasta de su propia incultura.

Otro día no supo decir el nombre de un planeta por el que se le preguntaba y, en otra ocasión, no atinó a decir si a un científico que le nombraron le habían concedido el Premio Nobel de Física o de Química. En fin.

Pero lo que fue de traca es lo siguiente: un día la pregunta era que cómo se llama el proceso por el que un cuerpo pasa del estado sólido al líquido por efecto del calor, que eso se denomina fusión, y que yo aprendí en 8º

de E.G.B., aunque con posterioridad, en mis estudios universitarios, amplié bastante más mis conocimientos sobre el tema gracias, entre otros, al magnífico libro de Sears Zemansky. La pregunta en cuestión iba destinada a su compañera de programa, que dijo que ese fenómeno se llamaba licuación, por lo que el rebote le tocó a nuestro ¿doctor? en Física, el cual lo denominó licuefacción, así, como el que no quiere la cosa.

Y en la anécdota anteriormente relatada, queda reflejado el nivel cultural de nuestro país, algo que no debe sorprendernos después de más de cuarenta años soportando un sistema educativo infame, en el que el conocimiento, la memoria y el espíritu crítico han sido desterrados de las aulas, y en el que, en vez de enseñar Lengua, Matemáticas o Ciencias, se le da más importancia a la fiesta de fin de curso, a los disfraces del carnaval o a los actos para celebrar Halloween.

Y un buen día, este caballero (perdón, quería decir concursante, porque lo de caballero yo no lo tengo muy claro), desapareció de la escena, sin que se le cayera la cara de vergüenza al hombre (perdón, quería decir concursante, porque lo de hombre yo no lo tengo muy claro), por los numerosos y evidentes fallos que tuvo en preguntas que, dada su condición de ¿doctor? en Física, debería haber acertado sin dudar.

Pero como es “fantástico”, según el pomposo título que se otorga en el programa a los concursantes que han obtenido una determinada cantidad de dinero, pues volverá a aparecer en la pantalla de televisión el día menos pensado, para poder lucir otra vez su sonrisa impostada, su incultura insultante y su título de ¿doctor?, un título que lo obtuvo, por lo que deduzco, en el mismo sitio y de la misma forma que nuestro presidente del Gobierno. Así nos va.