La película consta de tres actos bien definidos: hasta el velatorio, hasta que Bill es expulsado de la orgía y hasta la escena final de la tienda. Bill ha salido despechado a buscar la forma de saciar su angustia marital y… encuentra a Nightingale que le cuenta una historia con todos los elementos que necesita: misterio, sexo y altura social. Bill es un hombre que lo compra todo, incluido a su mujer. De hecho, ella se llama Alice y la vemos claramente ante el espejo —es más: en una escena abre la puerta del espejo y descubre varias baldas que contienen ansiolíticos y marihuana— en varias escenas, una referencia evidente a la novela de Carroll. De hecho, la película gira en torno a una fantasía suya

Los colores son un componente esencial en la película: el blanco y el negro que están en las chaquetas de Bill y Nick o en la ropa interior de Alice y Bill; el rojo —color que representa la sangre vertida en todo sacrificio— se encuentra en la fiesta, en el bar, en las luces, en la orgía, en la tienda navideña, en la escena final; el azul en las escenas oníricas y en la cama matrimonial: lugar que simboliza la unión de ambos; las tres mujeres pelirrojas (más Nicole Kidman y una paciente que aparece de forma fugaz al principio de la película) que nos hacen dudar sobre quién es la mujer de la fiesta: hay constantes duplicidades (espejos, objetos repetidos y demás) y doppelgängers en la película. Cuando se mezclan el rojo y el azul en la misma escena, crece la confusión; también puede ser una alusión a la definición que Carl Gustav Jung da del morado, que representaría “entre lo humano y lo divino, la unión de dos naturalezas”. Todas representan el mismo eterno femenino cuya encarnación particular y sus detalles poco importan al personaje de Cruise que persigue una única forma del deseo; y no sólo eso, sino que todas las mujeres son intercambiables porque encarnan las mismas proporciones idénticas y un único canon estético cimentado por el mundo de la moda. La proposición final de Kidman solo es una invitación a consumar (y, con ello, a poner fin) a esa búsqueda agotadora. La esencia del matrimonio —desde el sentido etimológico de la palabra— en sus dos vertientes: la mujer que quiere “domar” al seductor, que busca la seguridad en el contexto de un mundo hostil y que acata el mandato biológico y cultural cuya exigencia es la de engendrar hijos; el marido que fluctúa entre ser esclavo de su deseo ininterrumpido hasta la vejez o que debe verse arrastrado a la anodina vida de casado que provee a toda una familia en calidad de auténtico “pater familias”. Esa duplicidad de colores refuerza la dualidad de dos formas de entender el sexo: la masculina y la femenina; así como dos pulsiones que mueven la vida: el sexo/dinero y la muerte. Cuando ambos confluyen en la misma escena se produce la manifestación de un plano superior que podríamos denominar “andrógino” donde los opuestos quedan sintetizados.

La erótica es constante de forma explícita; pero también de forma implícita: vemos una escena de sexo en la calle y, sobre todo, como esa escena atormenta y exalta las imágenes mentales que Cruise, presa de la fantasía, proyecta de su mujer con un militar: una fantasía de ella que él ha pasado a asumir de forma masoquista. Además, se sugiere que la camarera que indica el Hotel donde se aloja el pianista lo conoce porque ha tenido sexo allí con él… ¿De qué lo iba a conocer en caso contrario? En el velatorio la mujer dice: “Es demasiado irreal”. Es una de tantas ironías colocadas por Kubrick en la película así como una advertencia, compartida por la propia dupla protagonista, sobre la realidad de lo que estamos viendo en pantalla después del consumo del porro al poco de empezar la película. Dicho canuto permite entrar en el sueño a Hartford junto a su mujer: dos viajes oníricos distintos, aunque nosotros seguimos, en cuanto que espectadores, a Cruise, con el que Kubrick quiere que nos mimeticemos.  El espejo representa la dualidad, lo otro, al alteridad, la Otredad. Un escritor asexual a la manera de Henry James, Jorge Luis Borges, dejó escrito en su fascinante relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius que “Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”. La asociación de la cópula con los espejos es muy acertada con Borges por el juego de dos cuerpos que se vuelven uno así como por la capacidad multiplicadora de placer que tiene el espejo a ojos de unos amantes que se ven multiplicados por él. Ese simbolismo constante que tiene el efecto de desconcertar al espectador medio va unido a la épica de un viaje tan dantesco como homérico, puesto que es un viaje que culmina con un nostos o vuelta al hogar, con el sexo como símbolo de reconciliación de lo que estaba separado precisamente a causa del deseo. También Odiseo flirtea y hasta cópula durante décadas con las diosas (véase: Calipso) durante su viaje antes de regresar a Ítaca donde le aguarda la paciente Penélope.

El apellido del pianista, Nightingale, incluye la palabra noche: night. También hace referencia al ruiseñor, un pájaro que canta en la noche. Es el Virgilio del descenso a los infiernos. Toca con los ojos vendados porque a pesar de que todo el mundo lleva máscaras, es un profano que desconoce los ritos y la simbología del culto. Romper ese tabú así como el secreto que debería guardar con celo es lo que requerirá un sacrificio en Cruise, que finalmente será pagado con la vida de la pelirroja (de identidad dudosa). En un momento de la película, Pollack dice: ”La vida sigue, siempre lo hace, hasta que deja de hacerlo”: de nuevo, Eros y Thanatos, confluyendo y conciliándose: una constante en la película que nos lleva a recordar que la novela de Arthur Schnitzler en la que se basa está muy influenciada por las teorías psicoanalíticas de Freud relativas al sexo y a la muerte como las dos principales pulsiones de la vida humana.

Se menciona el arcoíris —¿una referencia a El Mago de Oz?; ¿a la new age?; ¿a ciertos experimentos de control mental realizados por la CIA en los setenta?— en varias ocasiones que, además, es el nombre de la tienda de disfraces. Las modelos del principio dicen que van a llevar a Bill hacia “el final del arcoíris”. Más tarde él irá a la orgía tras pasar literalmente por el arcoíris: la tienda de disfraces del mismo nombre. Además de las distintas mujeres adultas y muy atractivas de cabello rojizo, encontramos a dos menores de edad también pelirrojas: la hija de los protagonistas y la hija del dueño de los disfraces. Se puede entender como parte del ciclo vital al que están condenadas las mujeres en el mundo moderno en cuanto que objetos de deseo del imaginario masculino. Todos los personajes de la película están atrapados por el dinero: el caso más evidente son las putas. Tom Cruise está por debajo de los muy ricos pero por encima de la estudiante que se prostituye: es un elemento del género negro que conecta el arrabal con el barrio residencial, pasando por toda una gama de lugares intermedios. Nicole Kidman es un ama de casa, ¿acaso no es esa la mayor forma de prostitución cuando se rechaza al autoconocimiento a cambio de estabilidad y seguridad? Habría que responder que sí dado que Alice conoce perfectamente donde está la cartera de Bill, como observamos en la primera escena de la película. Así lo entiende también Cristian Campos: “Y ese es el mensaje real de Eyes Wide Shut. La institución social por antonomasia, aquella que cohesiona la sociedad, no es la familia sino la prostitución. En todas sus modalidades, incluida la del matrimonio. No existe ninguna otra relación posible entre hombres y mujeres que no pase por la compraventa de sexo de uno u otro tipo. La fuerza que nos mueve como seres humanos no es el amor sino la que se deriva de la pugna entre dos poderes opuestos: el sexual femenino y el económico masculino. Y el punto de equilibro entre esos dos poderes es la prostitución”. En una escena, hace los deberes con su hija a la que enseña cómo calcular qué niño tiene más dinero… El hombre gestiona la cartera y la mujer gestiona la genitalia. Son dos formas de control marital que nos rodean por doquier.

La máscara de pico alargado que aparece en varios momentos de la película representa un símbolo fálico incluso de inspiración dionisíaca. Habría que añadir la máscara con cuernos como símbolo satánico que está también presente entre el mar de rostros embozados que miran con dureza a Cruise (en realidad, al espectador) en varios momentos del film. El tema musical Masked Ball, que suena durante el acto ritual que precede a la consumación de la orgía, esconde una misa al revés que dice “Amaos los unos a los otros”. Clara referencia satánica de profanación de los símbolos religiosos cristianos para subvertirlos a través del amor carnal. Obviamente hay una conexión entre el personaje interpretado por Pollack y el sacerdote de rojo como lo hay entre las pelirrojas, sobre todo la de la máscara, y Kidman: es el subconsciente de Cruise trabajando con el arquetipo que le inspira autoridad paterna y el arquetipo materno, que le acoge tras su deseo sin cristalizar. Los personajes de Cruise y Kidman no se quieren; solo se tienen; no se aman, solo se desean. En ese sentido, son una pareja moderna que vive instalada en la apariencia para poder sostener todo un entramado sustentado en el deseo de aumentar la opulencia burguesa. En casi todas las escenas hay árboles de Navidad que, como salta a la vista, son símbolos fálicos. De hecho, Cruise apaga el de su casa después de volver de su “viaje” sexual, en la tercera noche del “Infierno” en el que ha entrado. La doctrina de la mano izquierda (o Vamachara en sánscrito) hace referencia a un poder femenino. Es una vertiente nocturna de lo espiritual. Se trata de un camino exterior que debe tener su correlato interior de autoconocimiento a través del placer sexual practicado de forma grupal, tal y como es mostrado en la película. Esa potencia femenina es puramente nocturna —en contraposición a los dioses solares—, está directamente relacionada con el eterno femenino reprimido en Occidente y condenado al paganismo de figuras como las brujas; o divinidades de culto ampliamente extendido como Kali, Ishtar (cuyo símbolo aparece directamente en la película en Árboles de Navidad con forma de penatgrama o Estrella con cinco puntas de Ishtar, diosa de la fertilidad en Babilonia) e incluso Baphomet, una forma luciferina representada por Eliphas Levi o Aleister Crowley como imágenes de poder. De todo ello se hablará algo más adelante.