Simpática road movie (Christian de Vita, 2014) henchida de todas sus constantes físicas y mentales ―itinerario palpable, derrotero moral, ruta intelectual, trayecto espiritual―, Amarillito, azuzado por su colega la Mariquita y perplejo ante el devenir de una bellota, se aleja algunos metros de su nido. Inesperadamente, se topa con Delf, desde ese instante su amor platónico. Y, también, con Darius, pájaro moribundo. Éste, a punto de expirar, le revelará la nueva senda hacia África.

Amarillito y los salmones, indestructible amistad

Desde ese momento, Amarillito se alzará muy - muy - alto. Amarillito gozará de fascinante y peligrosa libertad, esquivando los humanísimos y envenenados dardos, preferentemente de los suyos. Lleva tras de sí nómadas palabras olvidadas, que arrastra silencioso. Se enfrentará, en el film, a diversos archienemigos. Pelafustanes y rascacueros, comeflores y dagasperfumadas. Siempre emergerá triunfante.

Los salmones se hacen trizas nadando cientos de kilómetros contra la corriente. Con un solo propósito, sexo, por supuesto. Pero, sobre todo, rebosante y ubérrima vida en libertad. Una vida suelta, ignorando si la propia existencia es un largo adiós. O tan solo un hasta luego. Obviamente, Amarillito y los salmones, entrañables y leales amigos. No lo duden. Película altamente recomendable. En fin.