Desde hace años, “EL AULLIDO DEL LOBO” es uno de los mejores programas de Youtube en español y su presentador, Gonzalo Rodríguez, uno de nuestros más lúcidos y penetrantes pensadores gracias a libros como El poder del mito o Hispanofilia. España frente a su destino. Por eso, cuando me propuso grabar una entrevista sobre la política española de nuestros días en la ciudad imperial de Toledo, no dudé un instante en acceder a la propuesta: ESPAÑA AÑO 2022…

El resultado, mal está que lo diga yo, es impecable: dicha conversación supone, a mi entender, una de las mejores colaboraciones que he realizado hasta la fecha y una grata conversación realizada desde la camaradería y los valores comunes con otro gran defensor de la filosofía tradicional sapiencial. Los minutos finales en los que hablamos del recientemente fallecido Antonio Medrano, maestro de influencia decisiva en el pensamiento de ambos, componen lo mejor del diálogo.

Haciendo gala de su generosidad habitual y de un desmesurado sentido de la hipérbole, Gonzalo Rodríguez me presenta así: “Guillermo Mas Arellano es una de las más jóvenes promesas del pensamiento disidente y alternativo de la España de nuestro tiempo. Formado en la doctrina tradicional y estudioso tanto del legado de la Hispanidad como crítico cinematográfico y literario, colabora en diversos medios de comunicación con enjundiosos y afinados artículos en los que frente a los lugares comunes del pensamiento contemporáneo, Guillermo pone el acento en aquello que mayormente se pasa por alto: el profundo desorden antropológico y espiritual que supone la Modernidad. Con él conversamos sobre la situación de España cuando casi hemos cubierto ya el primer cuarto del siglo XXI y hemos estrenado la década de los 20 con dos años de pandemia coronavírica. Sobre nosotros se proyectan los retazos y resaca de la crisis del 2008 y sus derivadas; del 15M, del “procés”, del “Sanchismo”… y el presente actual de la “España inane” y la “anti España”, en un mundo cada vez más entreverado de posmodernidad y globalismo, así como de tensión geopolítica y cambio en los equilibrios y jerarquías  internacionales. Una conversación esclarecedora para comprender en qué momento estamos, cómo hemos llegado hasta aquí, y qué parece poder vislumbrarse del futuro…”.

Coincide esta conversación con otra que tuve hace algunos días en mi canal de Youtube, “Pura Virtud: Cine y Literatura”, con uno de los mayores discípulos de Gustavo Bueno, David Alvargonzález, sobre el Relativismo Cultural entendido desde los presupuestos sistemáticos del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno: Relativismo cultural desde el Materialismo filosófico con David Alvargonzález | Pura Virtud

Creo que tiene sentido ver ambas entrevistas en conjunto porque ayuda a entender algo esencial en la actual coyuntura histórica: que buena parte del desprecio que los españoles hemos sentido en los últimos siglos por nuestra propia cultura, se debe a una operación de propaganda, conocida hoy como Leyenda Negra, realizada por otros Estados-Nación enemigos; y que el Relativismo Cultural ha sido una de las armas empleadas para que no podamos defender el incomparable legado de la tradición hispánica dentro de la cultura occidental tal y como se merece: con el mayor de los respetos imaginables. Y sin complejos de ningún tipo.

Conviene acceder a al menos un fragmento del análisis de David Alvargonzález leído en la Fundación Gustavo Bueno de la Escuela de Filosofía de Oviedo: "En este artículo voy a intentar exponer de un modo breve una teoría filosófica acerca del relativismo cultural. Una «teoría filosófica» no es una verdad científica, pero tampoco es una simple «opinión». Las opiniones, si vamos a hacer caso a Platón, tienen más que ver con el mundo de los fenómenos, el mundo de las apariencias, el mundo del que se parte para rectificarlo al construir las teorías filosóficas. Las opiniones son el caos mientras que las teorías filosóficas suponen siempre cierto orden, cierta sistematización crítica y argumentada de las opiniones. No puedo en esta ocasión, por razones de espacio, hacer una historia de los orígenes de las ideas de «etnocentrismo» y «relativismo cultural», aunque esta historia es muy importante para argumentar en contra del relativismo. Así las cosas, voy a partir, para mi propósito, de la presencia del relativismo cultural entre nosotros, presencia no sólo en el campo categorial de la etnología, la antropología cultural o la lingüística, sino también en contextos filosóficos y prácticos (éticos, políticos, estéticos, médicos, religiosos, &c.)”.

Y: "La mayoría de los estados del mundo desarrollado tienen, en la actualidad, la forma política de la democracia liberal en la que los ciudadanos son iguales ante la ley y tienen los mismos derechos y deberes políticos. Cada ciudadano tiene su propio «fuero interno» y vota «en conciencia»: todos los votos son iguales y todas las opiniones son respetables por el mero hecho de emitirse (incluso aunque sean opiniones delirantes fruto de alucinaciones o de ignorancia culpable). En estos sistemas políticos, la virtud fundamental es la tolerancia, incluida la tolerancia de la ignorancia y el dislate, que más que tolerancia debería llamarse paciencia. Las democracias liberales colonialistas son, por eso, en principio, escépticas pues, como instituciones, no defienden ninguna filosofía concreta (aunque sean democracias «coronadas» como la nuestra). Quizás ese respeto a todo tipo de opinión, visto desde determinadas partes del cuerpo político, pueda tomar la forma cínica de aquel principio que hizo explícito Federico II: «mis vasallos y yo hemos llegado a un acuerdo, ellos dicen lo que quieren y yo hago lo que me da la gana»".

Los tradicionalistas debemos entender que las redes sociales suponen hoy en día un arma fundamental para derrotar al globalismo. No se trata de la batalla cultural, como dicen los liberales, sino de una auténtica lucha por el imaginario donde intervienen el subconsciente y los arquetipos. Necesitamos más iniciativas como la de Gonzalo Rodríguez que permitan crear espacios de conversación disidente para que otros puedan acceder a ellos. Se trata, como me decía el propio Gonzalo, de una verdadera labor de prédica: tan necesaria hoy como lo fuera en tiempos pretéritos. No debemos olvidar que, al fin y a la postre, Don Quijote y Sancho Panza se encuentran dialogando la mayor parte de la inmortal obra de Miguel de Cervantes. Ese también es nuestro legado.