En esta nueva línea argumental de mis Cartas al Director, los miércoles tengo la intención de recomendar, humildemente, una película desde la perspectiva de una persona a la que le gusta el cine, muy especialmente el clásico. Todas las películas que vayan a ir apareciendo en mis Cartas no es sólo que las considere recomendables a nivel general, o que las recomiende, específicamente a los lectores de este gran medio, es que todas ellas podrán verlas con sus Hijos, con independencia de su edad. Es más, considero que las mismas irán formando un perfecto "anfitrión" con el que adentrarse en el séptimo arte, amén de pasar hora y media en la mejor compañía. Tanto para quienes las descubran por primera vez, como para aquellos que ya las conozcan les animo a que manifiesten, en los comentarios, sus opiniones y críticas, tanto hacia mi por la elección como sobre la propia película. 
 
Atraco a las 3 es una deliciosa y divertida película de los años 60, dirigida por José Maria Forque y que cuenta con un elenco de actores de primerísimo nivel (José Orjas, José Luis López Vázquez, Gracita Morales,  Cassen, Manuel Alexandre, Rafaela Aparicio, Agustín González, Katia Loritz y Alfredo Landa). La trama es sencilla, unos empleados de banco que deciden atracar la propia sucursal en la que trabajan. 
 
Quien no la haya visto y se decide a verla que no busque en ella ni efectos especiales, ni sofisticados recursos logísticos y técnicos por parte de los atracadores en la planificación y ejecución del atraco, porque no encontrará nada de eso. Por el contrario, disfrutará de unos diálogos estupendos, unas actuaciones muy solventes y un humor sencillo, y natural, sobresaliente. El envoltorio final es el de un trabajo bien hecho y sin aristas, que soporta perfectamente el paso del tiempo. 
 
Aunque sea un tópico ¡Que difícil es encontrar en el cine, y en las artes en general, segundas partes buenas! (en la vida ocurre algo parecido). Esta película, treinta y pico años después, también se vio afectada por esa fea costumbre de revisionar excelentes obras cinematográficas. No se paran a pensar que cuanto mejor es el original, menos se debería abordar la hérculea tarea de realizar una segunda versión que fuese minimamente digna del original. Creo que a ese fatuo engendro revisionista lo titularon Atraco a las 3 y media, y como suele ser habitual, en este tipo de producciones, contaron con un actor de la primera versión, en este caso fue Manuel Alexandre que interpreta el papel de Director de la sucursal bancaria que en la "buena" era interpretado por el gran José Orjas. Calificar el resultado de mediocre es hacerle un gran cumplido (yo apenas la pude soportar media hora). 
 
No entiendo ese afán de abordar, cinematográficamente, historias contadas y llevadas a la pantalla por personas con más talento e ingenio. Creen acaso que por introducir novedades elementos de tecnología y efectos especiales consiguen con ello producir un trabajo minimamente apañado, cuando la realidad pone de manifiesto que el resultado es una boñiga infumable. Si hay talento y calidad se puede coger un material del montón, o una historia deficientemente tratada con anterioridad, y conseguir un producto de factura notable, pero si el original no presenta fisuras, como es el caso, es mejor dejar las obras tranquilas. Desafortunadamente, la falta de ingenio e ideas lleva a que muchos busquen en los clásicos, y en el prestigio de obras precedentes, para sacar adelante proyectos de paupérrima calidad. 
 
Aunque Atraco a las 3 contiene muchos diálogos brillantes y es muy complicado decidirse por uno en concreto, me arriesgare y, a modo de despedida, detallare uno: El saludo que realiza el Sr. Galindo (José Luis López Vázquez que realiza un papel divertidisimo) en su primer encuentro con Katia Loritz en la oficina bancaria (ella acude para abrir una cuenta corriente):
 
- Aquí un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo 
 
No muchas, pero he abierto unas cuentas cuentas corrientes en mi vida, pero nunca he recibido ese nivel de agasajo.
 
P.D.: disculpen los lectores si hay alguna errata, o dato impreciso, porque escribo esta Carta sólo con el soporte de mi, cada vez más, frágil memoria.