Atroz transhumanismo, el gran proyecto de las psicópatas élites. Confeccionarnos nuestro propio universo. O en nuestro planeta o fuera de él. Un universo sin las limitaciones físicas ni temporales del universo que conocemos. La muerte, recuerdo del pasado. Ese universo podría estar constituido de bits, cual wachowskiania Matrix, y tras escanearnos nuestro cerebro, nos introduciríamos en él. El tiempo en el mundo virtual podría ralentizarse miles de millones de veces, y así la duración del universo virtual sería, a efectos prácticos, casi como la eternidad. Eso sí, toda esta vaina, recuerden, tan solo para ricachos.

De los cuerpos danone al transhumanismo

Acción Mutante, al día de hoy, todavía, treinta años después, la mejor película de Álex de La Iglesia. Estética comiquera, perfume transgresor, inequívoca intención destroyer. Pulula un grupo terrorista llamado Acción Mutante, diseminando el pánico entre los "cuerpos danone". La banda la forman cojos, siameses, paralíticos, ciegos. Empalan culturistas, calcinan gimnasios. Mens sana in corpore tullido. Implacable combate contra el sistema. Con lámparas de escroto de ciclista sobornan al que tiende cuerdas de equilibrista. Son peligrosos, son guerrilleros. Terroristas diletantes. Defecto, torpes y extremadamente cutres. Eso sí, gran sopapo en el jeto de una sociedad dominada por pijos y niños bonitos. Aires de fiesta, memento Karina.

Ayer, contra la dictadura del culto al cuerpo. Hoy contra la inmortalidad de los transhumanistas. Humanos somos, nada más. Nada menos. No olviden, tampoco, que cuando escuchen o lean "digitalización" deben traducir chatarra y chalaúra transhumanistas. E, imposible olvidar, el imperecedero discurso de Ramón Yarritu, el líder de esta banda de desvariados desgarramantas, deviene manifiesto fundacional.  E inmortal. En fin.