Hay algunos que destacan en su profesión y se hacen ricos y famosos pero sus vidas estás llenas de impudicias y obscenidades, fiestorras, drogas y prostitutas. Hay otros que pese a estar rodeados de éxitos y adulaciones son un verdadero modelo, un punto de referencia para todos en todo tiempo.

Cristina -de dieciocho años- y Heinrich -de treinta y tres- se casaron en 1900. Procedían de Alemania y vivían en el East Harlem de Nueva York, un poblacho donde se concentraba la inmigración alemana pero también judíos, portorriqueños e italianos. En el barrio -centro de la mafia italiana de NY- lo habitual era el robo, la extorsión, los asesinatos, el secuestro, la prostitución. Cristina y Heinrich tuvieron 4 hijos de los que solo sobrevivió uno -nacido en 1903- y al que llamaron Henry Louis.

La familia era muy humilde. El padre era metalúrgico pero padecía epilepsia por lo que los trabajos no le duraban mucho. La madre tuvo que sostener todo el peso de la familia trabajando de criada, cocinera y lavandera pese a estar regularmente aquejada de infecciones pulmonares.

En este ambiente creció Henry Louis, educado por sus padres en valores tradicionales como el esfuerzo, el trabajo, el deber, la honradez, la integridad, la austeridad, la decencia y la dignidad, la familia.

Desde niño Henry se elevó sobre el ambiente mafioso del East Harlem para pasar los años entre su casa, el colegio y los baños en el Hudson, siempre el tiempo lo permitía. Henry Louis creció alto, bien parecido y con hombros prominentes.

Acabado el colegio, aquel chico de barrio humilde entró en la Escuela Superior de Comercio donde formó parte de los equipos de football y béisbol. Tras sus estudios de comercio, en 1921 consiguió una beca de la universidad de Columbia para estudiar arquitectura. También en la Universidad practicó esos mismos deportes. En un partido en el estadio Wrigley Field de Chicago llamó la atención de los ojeadores. Los Yankees de Nueva York le hicieron una oferta de 2000 dólares. Henry Louis dejó arquitectura y se dedicó de lleno a lo que sería su profesión hasta su muerte: el Béisbol. Tenía 31 años cuando se fue de casa.

Henry Louis jugó en primera base y fue apodado "El Caballo de Hierro". Fue seis veces campeón de la Serie Mundial, dos veces MVP de la Liga Americana y All-Star en siete ocasiones. Fue récord de la MLB de más partidos jugados de manera consecutiva -2130- no superado en 56 años. Entró en el salón de la Fama del Béisbol en 1939 y fue declarado mejor primera base del Siglo en 1999.

Dentro y fuera del Estadio Henry Louis era un hombre tranquilo, no demasiado interesado en llamar la atención, humilde y un punto vergonzoso. Nunca se quejaba del trabajo duro, ni por el fracaso, ni alardeaba por el éxito. No se iba de juerga y ni se le pasaba por la cabeza tomar drogas o alternar con prostitutas. Su tiempo libre lo dedicaba a labores sociales a favor de chicos problemáticos. Se casó con Eleanor Grace Twitdell, una chica de chicago y de familia acomodada, nacida en 1904.

Henry Louis no fue un hombre interesante para un mundo que reclama enredos, cañutazo y gatuperio. La prensa lo etiquetó de “soso”, “insustancial”. Él mismo declaraba que “no soy un tipo que se lleve titulares”.

En 1938 Henry Louis comenzó a sentirse sin fuerzas y sus resultados deportivos comenzaron a bajar. Unos meses después se sometió a pruebas médicas en la Clínica Mayo (Rochester, Minnesota). Se le diagnosticó una enfermedad por entonces muy poco entendida. Hoy la conocemos como esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

El 4 de julio de 1939 los Yankees de Nueva York rindieron homenaje al "El Caballo de Hierro". El estadio estaba a rebosar. Después del discurso del alcalde de Nueva York y del entrenador y su antiguo compañero Babe Ruth, tomó la palabra "El Caballo de Hierro" (ver aquí): "Durante las dos últimas semanas habéis estado leyendo acerca de la desgracia que he sufrido. Aún así, me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra".

El 2 de junio de 1941 falleció Henry Louis, sin hacer ruido, sin llamar la atención. Aunque miles de personas se congregaron para velar su cuerpo, el funeral transcurrió en la intimidad. Este fue: el Orgullo de los Yankees, Lou Gerhing.

Su esposa Eleanor nunca se volvió a casar. Vivió en un apartamento en Manhattan, viuda y fiel a su marido hasta su fallecimiento en 1984.

Hay personas que trascienden su profesión y su vida para ser verdaderos puntos de referencia para todos en todo tiempo. Éste es el caso de Lou Gerhing.