Predrag Mijatović, inmortalizado como Pedja Mijatović, sacó de la chistera de la fantasía uno de los goles más importantes de la historia del Real Madrid, tras 32 años de sequía y travesía taciturna por las zonas yermas del fútbol mundial. Cual experimentado zahorí buscó el manantial de la victoria en un desierto de más de tres décadas, lejos de la tierra de promisión e hizo añicos el sortilegio de seis lustros famélicos, ayunos de las mieles del olimpo europeo, una condena de amargo sabor.

El histórico gol convirtió a Pedja en una leyenda del Real Madrid. Un pinchazo en el gemelo, dos días antes de la final, amenazó con expulsarle de la vitrina de la historia. Pero Mijatović, intuía que era el tren de su vida, que solo pasa una vez y se puso en manos del fisio Pedro Chueca, que obró el milagro para que el crack llegase puntual a la cita con la historia y fuese el héroe de leyenda de aquel 20 de mayo de 1998, triturando el maleficio blanco, eternamente cautivo de la espiral de la derrota. 

Roberto Carlos lanzó un misil contra el área turinesa y el obús tras ser frenado por los guerreros de la "Vecchia Signora", como caído del Cielo, se imantó en el guante de Pedja, que en una baldosa sorteó al cancerbero y tras un exquisito paso de vals definió dibujando con la zurda una parábola de seda y el esférico hipnótico, ya acunado, plácidamente acarició la red.

Recordamos con él la inolvidable experiencia del gol más importante de su vida y uno de los más importantes de la historia del Real Madrid.

Agradecemos de corazón a Pedja que nos ha atendido muy amablemente y con gran profesionalidad, así como al locutor José María Ferrer Vicente por su generosa mediación en esta entrevista y al historiador Rafael María Molina por su asesoramiento técnico.

Es usted una leyenda viva del Real Madrid, pasan los años y las décadas, y tal vez los siglos y seguirá usted siendo conocido por ser el hombre de la Séptima Copa de Europa. ¿Cómo se vive sabiendo que se posee la condición de leyenda del fútbol?

Gracias por lo de leyenda. Como todos los chavales que empiezan a jugar fútbol tenía ilusión de llegar alto y tras firmar el primer contrato profesional con un equipo modesto de Montenegro empecé a soñar profundamente con poder defender un día la camiseta de un club grande de Europa. En mi caso tuve mucha suerte de llegar a jugar en el Real Madrid y lo leyenda empieza a partir de la final del 98 en Ámsterdam, en la que conseguí marcar un gol decisivo. A partir de ese momento me empezaron a llamar el hombre de la séptima, aunque yo considero que todos mis compañeros con los que gané el título son los hombres de la séptima. Cuando me encuentro con la gente después de tanto tiempo me suelen decir que conmigo empezó todo etc...Estoy muy orgulloso de este hecho y mi vida no ha cambiado mucho desde entonces. Mentiría si dijese que no me apetece que la gente me reconozca en la calle, me pregunten sobre la final y el gol. Son cosas que gustan sobre todo cuando uno se retira y tiene tiempo para reflexionar y pensar. Yo estoy muy orgulloso de todo lo que he conseguido y no solo yo, también mi familia, mis hijos, a los que les gusta que la gente que ama el fútbol (madridistas sobre todo) se acerquen a preguntarme sobre esa final.

Hoy quizá pueda sorprender a los jóvenes el dato de que antes de la mítica final de Ámsterdam de 1998, nadie daba muchas opciones al Real Madrid, para toda Europa la Juventus de Zidane , Del Piero o Inzaghi era la clara favorita. ¿Cómo recuerda aquellos días?

El hecho de que el Real Madrid estuviese 32 años sin ganar la Champions hacía que no fuese para nosotros un objetivo principal. En el año 98 nos tocó jugar una final. Poca gente apostaba por nosotros porque la Juve era el favorito absoluto. Si no me equivoco esa era la tercera final consecutiva y tenían muy buen equipo con grandísimos futbolistas. Nosotros, sin ser favoritos, teníamos una buena oportunidad de entrar en la historia del club más grande del mundo y no escuchábamos esos comentarios en los que les daban favoritos a ellos. Nosotros simplemente nos concentramos para el partido, sabiendo que teníamos muy buen equipo también y no queríamos desaprovechar una oportunidad tan buena, pues nunca sabes si vas a tener otra. El partido lo jugamos muy bien, con una gran concentración y tuvimos la suerte de ganar y de entrar en la historia del club más grande del mundo.

Después de 32 años sin alzar la Copa de Europa, la Séptima era una auténtica obsesión para el Real Madrid en aquella época. ¿Sentían ustedes la presión de saber que la afición blanca deseaba especialmente ese objetivo?

Una vez estás en la final, los aficionados del Real Madrid siempre te exigen mucho y no aceptan nada que no fuese ganar y eso da mucha presión. Nos concentramos varios días antes en Holanda con objeto de apartarnos de toda la presión y de concentrarnos en lo que teníamos que hacer. No había mejor motivación que conseguir una Copa de Europa después de 32 años y entrar directamente en la historia del club. Hubo presión, pero pudimos con ella y al final conseguimos el objetivo, que fue maravilloso.

Es curioso que como se ha recordado a veces estuvo usted a punto de perderse la final por una inoportuna pequeña lesión en el entrenamiento dos días antes de la final. ¿Cómo vivió aquella circunstancia?

En el entrenamiento de dos días antes noté un pinchazo en el gemelo y eso me asustó muchísimo porque empecé a pensar que me podía perder el partido más importante de mi vida. Finalmente lo solucionamos gracias a Pedro Chueca que era nuestro fisio. No podíamos decir nada a nadie. Lo sabía él, lo sabía el médico y un par de compañeros. Al entrenador, a Jupp Heynckes, no podíamos decirle nada porque un entrenador quiere ante una final así tener a todos los jugadores al cien por cien y no me hubiese puesto.

Una vez en el calentamiento de la final noté un poco de dolor, pero luego cuando empezó el partido y con la adrenalina de la final el dolor desapareció y puede aguantar sin problemas.

En los primeros compases de la final se vieron ustedes superados por el ritmo de la Juve, pero poco a poco fueron haciéndose ustedes con el control del partido. ¿Qué sensaciones recuerda al respecto?

Empezaron ellos dominando los primeros 10, 15 minutos y sufrimos un poco. Pero luego, avanzando el partido nos dimos cuenta que nosotros también podíamos hacerles mucho daño. Empezamos a jugar bien, con las ideas claras y bien organizados defensiva y ofensivamente y a partir de ese momento, con todo el respeto a Juve que era un equipazo, no podíamos hacer otra cosa que ganar. Notábamos que ellos no andaban muy finos y que nosotros íbamos creciendo. A La confianza y la comunicación fue clave para la victoria. Fue uno de los partidos donde tuve más seguridad que iba a terminar ganando. Por suerte ganamos y fue para todos nosotros el partido más importante que hemos jugado.

Mediada la segunda parte llegó su gol, uno de los goles más importantes de la historia del Real Madrid. Aquel balón que quedó muerto le quedó a usted, que estaba muy bien colocado, en posición franca para chutar, pero la defensa de la Juve estuvo a punto de sacarlo. ¿Cómo recuerda aquel gol inolvidable?

Es una jugada bastante típica en un partido así, sobre todo tratándose de un delantero. Un rechace en el que se queda el balón muerto y tienes que reaccionar rápido. Lo vi muy claro, tenía que driblar al portero y luego ya colocar el balón en la red. Lo hice por instinto y no me pareció muy difícil cuando lo hice, pero después del partido todos mis compañeros me dijeron que había sido un golazo y pensé que lo decían solo por la importancia del gol, pero después de unos días cuando lo vi por la tele, yo mismo me asusté y vi que fue muy difícil la rápida reacción y colocar el balón milimétricamente. Tengo una anécdota con Raúl, que siempre me decía que cuando veía mi gol pensaba que no iba a entrar porque había un jugador de la Juve que estaba delante y por milímetros no evita el gol. Fue el gol más importante de mi vida y uno de los más importantes en la historia del club, sin ninguna duda.

Disculpe esta pregunta pero cuando uno juega una final de tanta responsabilidad ¿se divierte sobre el campo, o la presión es tanta que uno no se divierte?

Ante un partido así siempre hay muchísima presión y lo vives varios días antes, el día del partido, en las comidas y desayunos, siempre se hablaba de lo mismo, de como sacar el partido adelante. Y eso te mantiene vivo, concentrado.

Pero una vez empieza el partido te concentras profundamente en tus obligaciones y empiezas a divertirte porque sigue siendo un partido de fútbol, aunque sea tan importante. Empiezas a sacar todo lo que sabes hacer para ayudar a ganar, los defensores defender muy bien, los centrocampistas crear buenas jugadas y los delanteros, como en mi caso, finalizarlas. Cuando ves que el val se va hundiendo poco a poco y tú sigues creciendo lo disfrutas muchísimo. Y no te digo nada cuando el árbitro pita el final disfrutas mucho con tus compañeros y con los aficionados.

La celebración fue apoteósica no solo en Cibeles sino en muchas partes de España, debió ser un momento realmente imborrable para usted.

Fue algo impresionante e inolvidable en todos los sentidos, primero allí en Ámsterdam, en el terreno de juego, con la afición gritando y cantando nuestros nombres. Luego la llegada a Madrid fue espectacular. Hubo muchísima gente desde el aeropuerto a Cibeles y era impresionante ver a tanta gente contenta y disfrutando. Luego en el Bernabéu con el campo lleno fue increíble. A mi me dejaron salir el último y fue indescriptible. Cuando hablo de esto me emociono porque son momentos inolvidables y empiezas a pensar que has conseguido algo muy importante al ver a tanta gente feliz y te sientes bien al conseguir algo tan importante para ellos. Varios compañeros que luego consiguieron la octava y la novena me dicen siempre que la celebración de la séptima no se puede comparar con las otras porque fue algo muy especial en todos los sentidos.

¿Cree que los éxitos y las Champions posteriores del Real Madrid hubieran llegado si la final de Ámsterdam se hubiese perdido?

Creo que el Real Madrid al final hubiese conseguido la séptima, pero menos mal que nos pasó a nosotros y que en este caso fui yo el que marqué el gol. Mucha gente se preguntaba que como era posible que un club tan importante como el Real Madrid, con tantas generaciones tan buenas que marcaron época, no pudieron ganar la séptima durante 32 años. Si no la hubiésemos conseguido nosotros hubiese llegado la séptima, pero después de la nuestra vinieron unas cuantas más. La séptima fue la que rompió esta racha negativa de muchos años. Esta Copa de Europa marca un antes y un después.

Tras su etapa como jugador vino su época de director deportivo en la presidencia de Ramón Calderón, fue un presidente breve y polémico pero lo cierto es que en lo deportivo fueron años buenos y se ganaron dos ligas. ¿Cómo fue aquel período?

Fue una experiencia preciosa. Tenía mucha presión porque me tocó hacer un trabajo bastante complicado al encargarme del proyecto deportivo después de un período en el que Real Madrid lleva 3 años sin conseguir ningún título. Tuve que cambiar la plantilla entera, fichar gente joven, crear un equipo para volver a ganar.

Fue muchísimo mejor ser jugador que director deportivo porque como jugador la responsabilidad se divide entre varios compañeros, un día puedes jugar mal, pero otro compañero marca dos goles y ganas. Pero como director deportivo no puedes fallar y eso conlleva muchísima presión, muchas horas sin dormir y un montón de cosas que la gente al principio no entiende muy bien. Yo agradezco a Ramón Calderón la confianza que tuvo conmigo dejándome trabajar con total libertad y decidiendo también con plena libertad. Tras 3 años de trabajo volvimos a ganar títulos, 2 Ligas consecutivas y se hizo un buen trabajo. También me equivoqué en algunas decisiones, pero nadie acierta al cien por cien en su trabajo. Mirándolo al cabo de los años creo que hicimos bastante buen trabajo.

Antes del Real Madrid usted se hizo famoso en España como delantero del Valencia. ¿Qué recuerdos tiene de la ciudad y la afición del Turia?

El Valencia C. F. fue mi primera experiencia con un equipo extranjero y fueron tres años maravillosos. Allí me hice futbolista y me hice hombre. Allí crecí como futbolista y como persona. Fueron 3 años inolvidables desde el minuto 1 hasta que me marché con toda la turbulencia que ocasionó mi marcha y ser entonces el traspaso más alto de la historia del fútbol español. Me fui del Valencia porque quería ganar títulos. En Valencia se vivía muy bien y es una ciudad preciosa. Los valencianos son muy buena gente, la afición muy buena, aman el Valencia profundamente y a mí me querían muchísimo y yo lo notaba en cada momento, en la ciudad deportiva, en la ciudad y sobretodo en el campo.

Mi marcha produjo un enfado tremendo y hoy si que lo que puedo entender. Cuando era más joven no lo entendía tanto. Pero ahora me doy cuenta que ellos querían que su mejor jugador se quedase ahí para seguir soñando con ganar títulos. Yo quería ir a un equipo todavía más grande para ganar títulos y por suerte pude hacerlo. Con el Valencia estuve cerca, fui un año subcampeón de Liga y otro subcampeón de Copa, pero no pudo ser. Tomé una decisión muy complicada de irme al Real Madrid y al final acerté. A mí me fue bien y al Valencia también que luego ganaría una Liga y jugaría varias finales de Champions. Fue un matrimonio que no duró mucho, pero mientras duró fui muy feliz.

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Les invitamos a ver el gol y un breve y emotivo reportaje de esa final.

Igualmente les invitamos a escuchar la antológica retransmisión del gol del gran locutor José María Ferrer Vicente.