El pasado domingo el tenista español ha ganado su 20º Grand Slam.

Tras imponerse al número uno del mundo, Novak Djokovic, por 3-0 (6-0, 6-2 y 7-5), Rafa Nadal se ha convertido en el tenista más laureado de la historia. Con su decimotercer título en el Abierto de Francia, el balear ha logrado igualar a Roger Federer en campeonatos del Grand Slam (20) superando al suizo en títulos de la serie Masters 1000, y con dos medallas de oro de los Juegos Olímpicos (uno individual de las Olimpíadas de Pequín del año 2008, y una en dobles de los JJOO de Brasil 2016).

Con este nuevo triunfo en París, el tenista de Manacor ha sumado otro título para el tenis español, tras haber convertido España en el segundo país con más títulos masculinos individuales en los Grand Slam, solo superado por los Estados Unidos (27), y el primero en títulos de Roland Garros (20); consolidándose España en su puesto de potencia tenística mundial.

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Paradigma de la mentalidad y ética deportivas

Si en España se podido disfrutar de las excelentes cualidades deportivas de tenistas que se han convertido en números uno a lo largo de seis decenios, y desde la aparición de Manuel Santana y Andrés Gimeno (recuerden el juego de Sergi Bruguera, Albert Costa o Carlos Moyá; sin olvidarnos de referentes del tenis femenino como Conchita Martínez y Arantxa Sánchez Vicario), el caso de Rafa Nadal constituye una excepción en todos los aspectos en el tenis español y mundial. El ya trece veces campeón de Roland Garros siempre ha destacado (más allá del juego) por una resistencia y fortaleza mental, así como por una capacidad de motivación realmente extraordinaria. Y es que el español ha alcanzado los 20 Grand Slams superando numerosas lesiones, y lidiando con una enfermedad en los pies (y por la que en sus inicios le pronosticaban una carrera deportiva corta). Como recordarán, en el período entre el 2014 y 2016, en que el “rey de la tierra batida” ha sufrido sus peores lesiones, muchos daban por terminada su carrera; y lo cierto es que una recuperación y posterior logro de seis títulos de Grand Slam, tras dos años de parón, sería absolutamente impensable para cualquier otro deportista; excepto para Rafa Nadal. Por otro lado, los que, aun sin ser expertos en tenis, hemos estado siguiendo su carrera, no hemos dudado en ningún momento de que Rafa Nadal, no sólo volvería a su nivel anterior a las lesiones, sino que llegaría el día (que finalmente fue el de la final de Roland Garros del pasado domingo), en que superaría a Federer en títulos. ¿O acaso cabía pensar lo contrario de un tenista que ha ganado un torneo de la dureza de Roland Garros con diecinueve años? ¿Se podía poner en duda la fortaleza de un tenista que ha ganado la final más larga de la historia de los Grand Slam en aquella mítica edición de Wimbledon contra Federer (en el torneo que mejor se le da al suizo)? Aunque insisto, de tamaña gesta sólo podía ser capaz Rafa Nadal.

Lo hasta aquí dicho es suficiente para considerar al mallorquín como el tenista más grande de la historia (no duden tampoco de que estos 20 Grand Slams habrían podido ascender hasta los 25 de no ser por las lesiones).

Rafa Nadal también se ha distinguido por su paradigmática ética deportiva y respeto al rival (y con ello no nos referimos a la humildad, que el arriba firmante juzga negativa en casos como el del de Manacor, quien no tiene ningún motivo para ser humilde).

A lo anteriormente expuesto hemos de agregar el gran ejemplo de patriotismo, valentía y rectitud del “rey de París”, quien en ningún momento ha escondido su apoyo a la monarquía, además del hecho de invertir todo su dinero en España, o de las numerosas iniciativas que ha emprendido de ayuda a sus compatriotas, siendo la más recordada durante el pasado domingo (y debido a que se han cumplido dos años del acontecimiento), el episodio de las inundaciones de la isla de Mallorca de 2018.

Volviendo a lo deportivo, el patriotismo de Rafa Nadal también se ha reflejado en el hecho de no haber dejado de participar en todas aquellas competiciones (que aportan una cantidad considerablemente inferior de ingresos) en que había de jugar por España. Lo anteriormente referido lo ilustra el hecho de haberse ofrecido a jugar en todas las modalidades (individuales, dobles masculino y dobles mixto) en los JJOO de Río, en pleno proceso de recuperación.

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