Hace diez años, quién lo iba a decir, quedamos campeones del mundo de fútbol con veintitrés jugadores, más los entrenadores, nacidos en España, hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, de españoles. Sin proponérnoslo dimos una lección al mundo, sobre todo a ingleses, franceses, holandeses, belgas, alemanes, y demás, que juegan con menos nacionales que extranjeros nacionalizados. 

En los años del fútbol en blanco y negro jugaron en nuestra selección argentinos (Rial, Di Stéfano), húngaros (Kubala, Puskas), y otro tanto se podría decir de otras selecciones, hasta que la federación internacional estableció que en una selección nacional sólo podrían jugar nacionales de origen, como es de toda lógica, por otra parte.

En los años setenta jugaron en nuestra selección sudamericanos supuestamente hijos de españoles, a los que entonces llamaban oriundos, tales como los argentinos Valdez, Roberto Martínez, Touriño, Gárate, y alguno otro que ahora de repente no recuerdo. Pero jugaban como españoles, no como americanos oriundos de España, ni mucho menos como extranjeros nacionalizados. Exactamente igual que el paraguayo Santamaría en la década anterior.  

Pero ahora, con esto de la globalización y el nuevo orden mundial, y todo este descontrol, ya sólo basta una nacionalización al efecto para que un jugador pueda jugar en la selección de un país que no es el suyo. Si se fijan, verán que no hay selección europea, se puede decir, que no tenga brasileños, de tal manera que va a llegar el momento en que la selección campeona tendrá que ser la que mejores brasileños haya conseguido fichar.  

Cada uno dirá lo que quiera, pero yo prefiero perder a la primera antes que ganar con jugadores que no son españoles. Si vemos a algunas selecciones europeas, supuestamente nacionales, veremos más negros y mulatos que blancos. La selección francesa llegó a jugar un partido (Eurocopa de Portugal 2004) con un solo blanco (Fabien Barthez, el portero) y diez negros. ¿Es ésa la selección de un país europeo, ésa es la selección de Francia, o es la de Nigeria? Tres cuartos de lo mismo se puede decir de las selecciones holandesa (ahora hay que decir neerlandesa, cosas de la dictadura de los poderes ocultos), belga, e inglesa. Y las del resto de Europa llevan el mismo camino. En la selección alemana, entre turcos y africanos ya son más que los alemanes nativos.

 Si se puede decir de esta otra manera, en la selección francesa los monsieur Dupont ya son los menos, en la inglesa ya están en minoría los mister Smith, y en la alemana cada vez quedan menos Herr Müller. ¿Y los señor García en la española?

Y a mí, francamente, eso no me gusta, ¿qué quieren que les diga? De un tiempo a esta parte no nos estamos privando de valernos del concurso de brasileños. Marco Senna, en la Eurocopa de 2008, que por cierto, ganamos. Después jugaron Diego Costa, Rodrigo Moreno, Thiago Alcántara. Se me dirá que sí son españoles. Yo diré que son españoles de conveniencia, de los que se nacionalizan para jugar en la selección de otro país, dado que en la suya brasileña no tienen cabida. Porque, vamos a ver, De Gea es español de Toledo, Carvajal es español de Madrid, Ramos es español de Sevilla, y así sucesivamente. Rodrigo Moreno, por poner un ejemplo, ¿es español de dónde? De Río de Janeiro, ¿eso en qué provincia española está? Serán en todo caso españoles de papel, de los que tienen un papel que así lo acredita (el papel ya se sabe que lo aguanta todo). Y a mí, qué quieren que les diga, no me parece nada bien, cada uno que opine lo que quiera. Ah, y menos mal que no pudo jugar otro negro a quien le hemos concedido, pues no faltaría más, la carta de naturaleza, el maliense Adama Traoré, que ni siquiera juega en España.

Del mismo modo permítaseme decir que tampoco me gusta nada que a la que siempre hemos llamado por antonomasia la Selección ahora la llamen la Roja. En Italia a la suya la llaman la Nazionale, pero claro, aquí las autoridades, entre Roja y Nacional, prefieren lo primero, lo establece la ley de memoria histórica.

Lo mismo que también me disgusta que nuestra selección juegue con colores extraños y nunca antes vistos, tales como el blanco, o el negro. Ésos no son nuestros colores, sino camiseta roja, pantalón azul, medias negras con las vueltas rojigualdas, y como uniforme de respeto (de repuesto), camiseta azul y pantalón blanco. Lo de los colores de la bandera nacional en las vueltas de las medias ya lo quitaron hace años, para no herir las sensibilidades de los españoles enemigos de España.    

El otro día les metimos cuatro a una selección de once patateros ucranianos, entre los cuales, por cierto, no faltaban dos de esos consabidos e inevitables brasileños. Y en este partido destacó un negro supuestamente español, Anssumane Fati, del que toda la prensa, cómo no, se deshace en elogios a veces desmesurados, como si estuviéramos ante un segundo Pelé, o cosa que se le acerque. Destacan todos el dato, hasta la saciedad repetido, de que el pollo sólo tiene diecisiete años y no sé cuántos días, sólo les falta ya contar las horas y los minutos, y que esto le confiere el honor de ser el español más joven en meter un gol con la selección.

Pero en cuanto a su edad caben todas las dudas y la sospecha de que sea en realidad dos o tres años mayor de lo que indican sus datos. En primer lugar, hay que tener en cuenta que en su país de origen (Guinea Bisáu) y en otros del África Negra, no siempre inscriben al recién nacido justo en los días siguientes al de su nacimiento, sino dos o tres años más tarde a veces, cuando tienen ocasión de ir a la ciudad. Luego no son fiables los datos que puedan aportar. Pero es que tampoco aportan datos, sino que esta clase de inmigrantes suele venir sin documentación alguna, y cuando los gobiernos panfilistas de esta dictadura de doble partido único les proporcionan legalidad y documentación, a los niños les ponen la fecha de nacimiento que los padres indican, muchas veces muy por detrás de la fecha real, para recibir pagas sociales por tenencia de menores, las pagas que se les niegan a muchos españoles de verdad, pero eso ya es harina de otro costal. De modo que bien cabe sospechar que en realidad no tenga los años que dice, sino veinte por lo menos. 

El muchacho es bueno, no vamos a decir que no, pero no es español, digan lo que digan. Que me llamen racista, que me llamen xenófobo, que me censuren por incorrecto políticamente, que me llamen fascista, nazi, lo que quieran, me da igual, pero a mí no me gusta ver negros, ni siquiera blancos extranjeros, en la selección española. Antes prefiero, ya digo, perder con españoles que ganar con extranjeros. 

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