Milinko Pantic, fue uno de los jugadores serbios de más talento. Tras jugar en el Partizán, recaló en la Liga griega donde se salió literalmente en la posición de media punta, metiendo muchos goles espectaculares tras dejar a los rivales sentados. De hecho en su carrera marcó más de 120 goles en partidos oficiales.

Cuando llegó al Atlético de Madrid, Radomir Antic le cambió la posición al centro del campo, donde siguió derrochando talento al servicio del equipo. Como lanzador de faltas era un auténtico espectáculo. Por todo esto y por ser humilde y un gran profesional se ganó para siempre el cariño de la afición y un lugar de privilegio en la historia del club. Recordamos con él todas estas vivencias.

Después de destacar en Serbia y en la liga griega fichó usted por el Atlético de Madrid en 1995. ¿Qué supuso para usted el fichaje por el club colchonero?

Después de jugar en el Partizán no tenía miedo de jugar en un grande. Es cierto que después del Partizán fui a un equipo pequeño donde otra vez me encontré con mi fútbol, con la ilusión, con todo....Y luego cuando llegó la oferta del Atlético de Madrid no tuve ningún tipo de miedo.

Su compatriota el técnico Radomir Antic apostó muy fuerte por usted. ¿Qué nos podría decir de Radomir Antic, como técnico y como persona?

Era muy bueno como técnico y como persona. A mí me ayudó muchísimo. Sin él yo no estaría aquí, sin él yo no estaría hablando contigo, le debo todo. Apostó por mí. Él me conocía de nuestra época en el Partizán y sabía perfectamente lo que podía aportar a su equipo y luego, gracias a Dios, no le decepcioné, pues nos salió todo muy bien.

¿Cómo recuerda usted a don Jesús Gil, presidente polémico como pocos?

A mí me ha tratado como a su hijo. Le tuve mucho cariño. Fue una persona de las que nace una vez cada 100 años. Tenía un carácter fuerte, pero a mí me trató de lujo.

Fue usted un jugador fundamental en el inolvidable Atlético de Madrid del doblete de 1996. ¿De verdad creían a principio de la temporada que podrían conseguir algo así?. Lograron lo que parecía imposible.

Yo era uno más de la plantilla, el mítico fue el entrenador Radomir Antic, que confeccionó la plantilla y fue el artífice de todo. Yo solo intenté hacer lo que me pidió. Nadie pensaba hacer el doblete porque el año anterior casi bajamos a Segunda División. Era de locos creer que podíamos ser aspirantes a ganar la Liga y la Copa.

Aquella liga tuvo momentos muy difíciles cuando pareció al final que el Valencia podría arrebatársela pero ustedes no fallaron y la ganaron. ¿Qué se siente al ser uno de los jugadores más sólidos de aquel equipo histórico?

Ganar una Liga es muy complicado en cualquier país del mundo. Nosotros tuvimos un bache impresionante en nuestra casa. Me siento como un privilegiado de venir a vivir a España y haber jugado en una Liga como la española. Ahora soy embajador de la Liga española y creo que es la mejor Liga del mundo. Para mí un gran premio a mi carrera, aunque podía haber sido mejor, pues era un jugador de mucho talento, pero me costó un poco llegar.

Fueron ustedes la bestia negra del FC Barcelona aquel año singularmente. No hay más que recordar el inolvidable partido del Camp Nou y la final de la Copa del Rey que usted decidió con un gran remate de cabeza.

El Barcelona siempre ha tenido grandes técnicos, grandes jugadores, una afición grandísima. Jugar una prorroga es algo súper complicado. Los futbolistas saben de que estoy hablando, es algo antinatural jugar 120 minutos. Yo antes de fichar por el Atlético de Madrid había hecho una pretemporada muy exigente con el Panionios, el equipo griego. Y al llegar a España hice otra pretemporada con el Atlético de Madrid y tras hacer dos pretemporadas estaba tan fuerte físicamente que podía jugar como quien dice tres partidos seguidos. Por eso en la prorroga de esa final yo estaba más fuerte que el resto. Y me tocó hacer un gol de cabeza, que no es mi especialidad.

Fue usted un centrocampista de gran calidad con instinto de gol y un gran lanzador de faltas. ¿Con qué jugador actual se compararía?

Pues no lo se porque el fútbol ha cambiado mucho. Yo jugaba muchísimo mejor en Grecia que en el Atlético de Madrid. Allí jugaba de media punta con mucha libertad y marcaba muchos goles en un equipo pequeño. Cuando llegué aquí me cambiaron la posición en el campo y sufrí mucho. El entrenador se aprovechó de mi talento y quitó mis defectos. Allí en Grecia regateaba a 5 o 6 jugadores y marcaba goles a lo Messi. Aquí en España yo tenía que jugar para mis delanteros, para Kiko, para Penev que tenían mucha llegada o para el Cholo, que también era muy ofensivo. Aquí cambié el rol, pero me adapté rápido a lo que me pedía Radomir. Los grandes jugadores deben saber adaptarse.

No sabría con quien compararme porque ahora cuesta mucho encontrar un especialista a balón parado. En mi época cada equipo tenía su especialista: Del Piero, Beckham, Zidane...Ahora no, quizá por culpa de nosotros los entrenadores que estamos maltratando el talento y la figura del 10 de toda la vida.

Usted es leyenda para toda la afición del Atlético y muy querido. ¿Sigue usted vinculado al que se ha convertido en el club de su vida. A estas alturas ¿qué significa para usted el Atlético de Madrid y el sentimiento colchonero?

Yo estuve 3 años aquí y la afición se acuerda de mí y me siento querido. En parte fue por mi manera de ser, por la humildad, el respeto a la afición, a la camiseta, al club...A través de esto gané el cariño y el respeto de la afición, que no es fácil. Han pasado grandísimos jugadores por el Atlético de Madrid, pero sin que luego la afición se acuerde de ellos. Yo esos años viví para esté club al 100 %. Yo no tengo ninguna vinculación con el club desde 2013, cuando estuve como entrenador de Atlético de Madrid B, pero me llevo bien con todo el mundo en el club y cuando puedo voy a ver algún partido.