La primera sorpresa llegó con el once planteado por Diego Pablo Simeone. El Atlético comparecía sin mostrar a uno solo de los nuevos fichajes y entregando a Savic el lateral derecho en lugar de confiar tal demarcación al colombiano Arias, defensa diestro de gran experiencia y mayor profundidad. A lo largo del partido, el montenegrino dio señales de sentirse incómodo y acabó expulsado por imprudencia del técnico argentino, que mediada la segunda parte prefirió sustituir a José María Giménez -bastante más tranquilo y certero- cuando el de los Balcanes arrastraba la pesada carga de una cartulina amarilla y los celestes trataban de sentenciar el duelo a base de contras.

Con Miguel Ángel Gil en la grada –circunstancia extraordinaria- y un Mateu Lahoz que hace tiempo cambió su intrépida forma de arbitrar y ahora pita faltas como si trabajara a comisión, la primera parte discurrió sin casi nada reseñable, el balón lejos de las porterías y un Atlético que poco a poco tomaba el mando hasta crear dos ocasiones no demasiado claras con remates finales de Griezmann y Saúl. Este último fue tal vez el mejor de los rojiblancos durante los cuarenta y cinco minutos iniciales; por lo demás, el equipo se mostró bastante sólido atrás (más Godín y Giménez que Savic y Felipe) y tan plano como otras veces en el juego ofensivo. Se llegaba muy poco a la meta viguesa y los dos de arriba son muy buenos pero no terminan de asociarse demasiado. Aunque El dúo Griezmann-Diego Costa asusta, aún está lejos de cuajar.

El partido tenía pinta de acabar con la típica victoria por la mínima del Atleti hasta que comenzó la segunda mitad, Diego Godín sufrió un desafortunadísimo resbalón y Maxi Gómez agarró aquella pelota fatídica para hacer el primero de la tarde. Esperábamos la mano salvadora del esloveno, pero esta vez no acertó con un balón que quizá tuvo posibilidades de detener. Acto seguido, sin tiempo para reaccionar, Iago Aspas cabeceó el segundo y puso el estadio boca abajo.

El Cholo quiso cambiar el panorama sacando del césped a Thomas y Correa para introducir a Lemar y Kalinic, que recibió poco cuero pero se movió bastante bien. Aunque Savic estaba perdido y José María Giménez casi hace el primer tanto colchonero en gran remate desde el interior del área, Diego Pablo decidió prescindir del uruguayo para darle la banda derecha al colombiano Santiago Arias. A continuación, Stefan Savic golpeó el balón con la mano y Mateu le sacó la segunda tarjeta amarilla. Muy valiente y riguroso el árbitro con el equipo visitante y no tanto con los locales, aunque antes Thomas pudo enfilar el camino de vestuarios por decisión disciplinaria y nada se hubiera podido objetar.

El VAR revocó el tercer tanto de un equipo que había disparado esas tres únicas veces entre palos, el Atleti apeló a la casta (pronto se acabó la gasolina) y todos -árbitro, juez de línea, VAR- se tragaron armoniosamente y al alimón un penalti sobre Kalinic en el tiempo de prolongación. Y con este final indeseado, el supercampeón europeo queda con cuatro puntos después de tres jornadas y la sensación de que toca trabajar bastante para ensamblar líneas, ofrecer la imagen esperada y lograr buenos resultados. A ello.