Es muy difícil escribir, comenzar un programa y estar medianamente concentrado cuando sabes que ha muerto un amigo del que no te puedes despedir, al que nunca volverás a ver y cuya familia ni siquiera ha podido estar a su lado en estos momentos tan trágicos y dolorosos.

Murió Lorenzo Sanz después de esperar seis días en casa sin que nadie le atendiera, después de que le dijeran que no fuera a ningún hospital para no colapsar la “sanidad” y después de presentarse en urgencias con una grave neumonía que le afectaba a los dos pulmones.

Ha muerto Lorenzo Sanz, lo han matado. Lo ha matado la desastrosa organización política española, lo ha matado el modelo autonómico y su pésima gestión. Lo ha matado un modelo de sanidad pública que no existe, que se encuentra troceada en 19 sanidades autonómicas mal coordinadas y peor avenidas, donde prima más que un médico hable un dialecto local, que sus conocimientos médicos y técnicos. Lo ha matado un gobierno y unos políticos mucho más preocupados en contentar al separatismo, en poner en la calle a lo políticos presos, en congraciarse con la anti España; más preocupados en sus prebendas y sus mesas de negociación con relatores incluidos, más preocupados en imponernos su maldito proyecto ideológico, muchísimo más preocupado en cambiar el nombre de calles y tergiversar nuestra historia, en blanquear su propio pasado, que en protegernos y salvar vidas. Lo ha matado un gobierno irresponsable plagado de ineptos e incompetentes, expertos en escurrir el bulto, sin una pizca de autocrítica ni de dignidad y que encima se atreve a salir en sus televisiones amigas y terminales mediáticas para decirnos que la contaminación ha bajado.

Lorenzo Sanz no ha muerto solo, junto a él han muerto decenas de personas por culpa de un modelo territorial que se ha cargado la sanidad española, un modelo injusto, insolidario y a todas luces ineficaz, un modelo que provoca que la gente muera, que falte material, que se burocratice su entrega y que ahora decide quién puede o no vivir.

No estoy yo aquí para decirles a todos ustedes quién era Lorenzo Sanz, su pasión por el futbol, por el Real Madrid, sus logros y sus aficiones. Para eso ya habrá tiempo, y seguramente otros lo harán mejor que yo. Pero sí estoy para recordar esas tardes de sábados y domingos en su casa de La Florida, o en casa de su yerno Luis Yáñez y de su hija Diana, a los que quiero como hermanos, o aquellas nocheviejas en familia y con amigos, o cuando me llamaba “rubio” mientras me comentaba alguna anécdota de su época en el Madrid. Siempre que le llamé estaba dispuesto para intervenir en cualquier programa radiofónico, ya fuera para hablar de fútbol o política. Lorenzo Sanz no tenía filtro, decía lo que pensaba y eso, en tiempos de cobardes y mediocres, es una virtud de la que muy pocos pueden presumir.

Lorenzo Sanz no se merecía un final así y, como me dice mi amigo Luis en palabras que hago mías: “La situación y circunstancias que han envuelto su fallecimiento solo pueden calificarse de crueles y dantescas. El escenario de confinamiento que nos rodea a todos se suma a un episodio tristísimo como supone la pérdida de un ser querido al que no has podido acompañar ni un solo minuto mientras que ha estado hospitalizado. No hemos podido estar junto al resto de los miembros familiares durante estos últimos días angustiosos para al menos consolarnos y arroparnos anímicamente y, una vez que se ha producido su pérdida, tampoco hemos podido velar sus restos mortales; nos están haciendo vivir el momento más angustioso de nuestras vidas hasta la fecha. Roguemos que descanse en paz”.

Los católicos sabemos que la muerte no es el final y ese es un gran consuelo. Reconozco que estoy rabioso, roto de dolor y que la ira y la impotencia se han apoderado de mí y no me dejan ver con claridad. En estos momentos siento a la familia Sanz como la mía, a Mari luz, a Luis y Diana, a Paco y Maribel, a Fernando e Ingrid, a Lorenzo, a Malula y Michel y a todos los pequeños de esta gran familia. Deciros que no estáis solos, vuestro dolor es el de muchos españoles que también están sufriendo y pasando por un trance similar. Este es un momento como otro cualquiera para señalar a los culpables y exigir responsabilidades. La muerte de Lorenzo, y la de miles de españoles, no puede quedar impune. Lorenzo Sanz, siempre en la memoria, siempre en el recuerdo.