Desde hace meses no deja de crecer la inflación en los países de Europa. La previsión de inflación para España en el 2022 es del 8,1% (según la Comisión Europea), por encima de la media de la zona euro. La CE ha empeorado las previsiones de inflación para España en este año y también ha rebajado los pronósticos de crecimiento del PIB para 2023.

Ante este panorama económico, los distintos países de Europa han tomado medidas varias para paliar sus efectos, subvenciones a los carburantes en Francia y Portugal o una bajada de impuestos en Alemania y Polonia.

En España ,las medidas dependen de las “ocurrencias” de su presidente del Gobierno. Las medidas que nos vende como  adecuadas para afrontar la inflación y para paliar la situación dramática de muchos españoles, en realidad, son medidas electoralistas que pretenden que él y su séquito puedan mantenerse en su puesto independientemente de lo que le pase a España y a los españoles.

Haciendo caso a los sindicatos y a riesgo de romper el Pacto de Rentas, que, recordemos, pretendía hacer frente a la inflación con la unión de sindicatos y patronal, Pedro Sánchez decide de manera unilateral establecer nuevos impuestos a bancos y grandes empresas . De momento lo que ha provocado es la caída del Ibex con unas pérdidas cercanas a los 3.500 millones de euros, además de generar desconfianza, inseguridad  e inestabilidad jurídica frente a los actuales y los potenciales  inversores.

Sería necesario  que los expertos economistas de la Moncloa explicaran a los españoles en que medida nos van a afectar estas medidas impositivas  y en cuanto van a reducir  la inflación.

No nos engañemos, es una medida improvisada, sin fundamento, que busca rédito electoral, comprar a los sindicatos, mantener con “alfileres” la relación con sus socios de gobierno, y a la par, aumentar la recaudación impositiva, la cual servirá para dar subvenciones y ayudas a aquellos a los que quiere “comprar” el voto.