Procedente de la isla de Santiago en Cabo Verde, el hermano José Benvindo ha recibido en el Monasterio de El Paular la ordenación diaconal de manos del cardenal Osoro. Con 46 años, por fin ha visto cumplido su sueño de entregarse completamente a Jesucristo, después de que hace 17 años abandonara su casa en África. Esa que compartía con otros siete hermanos más.

A los 16 años, en su Cabo Verde natal, Benvindo comenzó a trabajar e, incluso, llegó a tener un pequeño comercio, pero la inquietud por la vida religiosa siempre estuvo ahí. Cuando finalmente se dio cuenta de cuál era su verdadera vocación no pudo acceder al seminario de su país, porque con 29 años ya era mayor para ello. Por eso, a través de un cura de su país que trabajaba en Zaragoza, entró en contacto con el actual obispo de Jaca, entonces director espiritual del seminario de la ciudad aragonesa. Un contacto que le hizo descubrir la vida comunitaria y la disciplina de la oración, toda “una llamada a la vida monástica”, ha asegurado José Benvindo.

Pasó ocho años con los benedictinos de El Paular. Su oficio principal en El Paular es el de hospedero, aunque también es el responsable de la enfermería y cantor de la comunidad. Sin olvidar que colabora en la lavandería y “en lo que haga falta”, relata Benvindo. Su día a día comienza a las 05:30 horas. Reza y se prepara para el rezo de los maitines a las 06:30 horas. A las 08:00 le toca el turno a la lectio divina y laudes. A partir de aquí comienza su trabajo. Tras el rezo de intermedia y la comida, a las 14:00 horas, hay un descanso, que aprovecha para estudiar un poco. A las 19:00 horas lectio divina y luego vísperas con Eucaristía. Tras la cena y algo de recreo en la comunidad, a las 22:00 horas el día acaba con completas y con ‘el Gran Silencio’.