“¡Bien conoció el enemigo la mano de esta doncella, que hoy no es mano porque de ella, que ni un solo dedo agita, se prendó la dinamita y la convirtió en estrella!”. Estas estrofas del poema Rosario, dinamitera fueron escritas por Miguel Hernández tras conocer la historia de una valiente mujer que dio su vida –y su mano– por la causa republicana en la Guerra Civil: Rosario Sánchez Mora, la dinamitera.

Natural de Villarejo de Salvanés, a Rosario Sánchez Mora el alzamiento militar de Francisco Franco le sorprendió con 17 años, pero su corta edad no evitó que se armase de coraje y se alistase en las milicias republicanas para combatir en la guerra que acababa de comenzar en España.

Destinada primero al frente de Somosierra, tras pasar casi dos meses allí es enviada a la sección de dinamiteros, donde se ganó el apodo de Rosario la Dinamitera. Durante unos entrenamientos, perdió su mano derecha por culpa de un cartucho, pero fue este incidente el que le puso en el punto de mira de los intelectuales de la época, siendo uno de ellos el ya citado Miguel Hernández, cuyo poema Rosario, dinamitera narra este hecho.

Este contratiempo no frenó a Rosario. Cuando salió del hospital, entró en el Comité de Agitación y Propaganda y posteriormente se encargó de la centralita del Estado Mayor Republicano.

Pero la caída de Madrid en manos del bando nacional hizo que La Dinamitera pusiese rumbo a Alicante, donde se reuniría con su padre y tratarían de huir. La mala suerte se cruzó con ellos y, mientras ella era encarcelada, su padre fue fusilado en el campo de concentración de Los Almendros.

Condenada a muerte, recorrió España de cárcel en cárcel hasta que en 1942 fue liberada y regresó a Madrid para reencontrarse con su hija y trabajar repartiendo el diario Mundo Obrero.

Aunque nunca dejó de estar ligada a la República y el Partido Comunista, Rosario Sánchez Mora pasó el resto de su vida trabajando como tabaquera en su estanco de Madrid y a la edad de 88 años, falleció el 17 de abril de 2008 tras una larga vida de lucha.