Se acerca fin de año y aún las circunstancias mundiales no han cambiado, así que hay que pensar en cómo enfrentar el nuevo, y eso aplica también para el mundo de los negocios. No es conveniente que las empresas esperen hasta última hora para trazar las estrategias de 2021. Diseñar desde ya un plan financiero, que permita tener un bosquejo de cómo puede presentarse la realidad en los venideros 365 días, siempre será una ventaja.

Las compañías, sobre todo en estos momentos de incertidumbre, deben estar consciente de lo que buscan: bien sea mantener el ritmo que ya tienen o cambiar el rumbo sin perder como norte la misión y visión empresarial. La idea central es mejorar.

Y en eso consiste, precisamente, un plan financiero: establecer procesos y mecanismos que no solo permitan lograr los objetivos establecidos, sino también hacer una proyección a largo plazo en función de distintos escenarios.

No se trata solo de poner unos números y unas letras en un papel. Este tipo de plan debe establecer las metas, tanto las logradas y las que faltan, así como un análisis del mercado en el cual se funciona, cómo se comporta la empresa frente a sus competidores y en qué se diferencia de ellos, entre otros aspectos.

Al final lo que se busca es, como señalamos anteriormente, mejorar, o por lo menos mantener la operatividad y rentabilidad de la compañía, y saber cuántos son los recursos reales de los que se disponen para enfrentar el nuevo año de labores.

También es importante incluir en el plan lo que se prevé en cuanto a financiamiento -no solo el capital del que se dispondrá para lograr los objetivos, sino lo que puede lograr sin descapitalizarse-, la meta de ventas de bienes y servicio y el saneamiento de las finanzas de la empresa.

El plan financiero, que incluye el presupuesto a ejecutar y las vías y resultados que se desean obtener, debe tener fechas de logro durante el año que se planifica. Ponerse una fecha límite para la consecución de los objetivos implica que toda la compañía debe estar enfocada en conseguirlos. Por eso, es clave que se establezcan los mecanismos más idóneos para lograrlos.

Esto permite la optimización de recursos y que el trabajo tenga un foco de ejecución. Además, se evita la dispersión, tanto de tiempo, esfuerzo y dinero, y se trabaja en equipo en el logro de las metas establecidas.

Los planes financieros pueden y deben hacerse a largo plazo, pero en las circunstancias actuales es válida otra recomendación. Con la incertidumbre que existe actualmente debido a pandemia, es preferible ir quemando las etapas. Adelantarse mucho en el tiempo no tiene sentido, y puede representar un riesgo, en unos mercados volátiles y poco estables.

Es mejor modificar sobre la marcha, en caso de que sea necesario, que tener que recoger todo lo realizado para comenzar desde cero si no funcionan los planes. Sin embargo, lo que es un hecho es que es más factible asegurar el futuro de la empresa definiendo a tiempo un sólido plan financiero…