Entre 1836 y su detención y ajusticiamiento en 1837, se producen algunos de sus actos más relevantes llevados a cabo con su banda. De entre ellos destacamos el asalto a una diligencia que iba de Madrid a Salamanca, entre las poblaciones de Las Rozas y Torrelodones, aligerando de sus pertenencias a los viajeros, y que le sirvió para granjearse el afecto del embajador francés en España

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El 30 de octubre hizo un asalto múltiple con su banda en el camino de Matas Altas, entre Las Rozas y Torrelodones. Aquí detuvo a la diligencia que traía el correo desde Valladolid; al mismo tiempo a un arriero que tiene la mala suerte de encontrarse con la banda en ese mismo lugar, y para aprovechar más el tiempo, al correo que llegaba de Salamanca. Precisamente de estos robos, Candelas obtuvo unos papeles de cierto compromiso para el embajador francés. Por ello, y aprovechando su otra personalidad, la de Luis Álvarez de Cobos, se ofreció al embajador para mediar con los bandidos y recuperar los papeles. Hecho esto, a cambio de una buena suma de dinero, el representante de Francia le otorgó una medalla como muestra de agradecimiento.

 

También en esta época hizo una entrada por la fuerza en la casa del presbítero Juan Bautista Tárraga, al que dejan atado junto a su ama llevándose sus bienes. También es interesante destacar el robo perpetrado en casa del espartero Cipriano Bustos, en la calle Segovia, de donde se llevó 8.000 duros.

 

Mucho más curioso es el atraco que hizo en una tienda de ornamentos religiosos de la calle Postas. Allí acudió con un individuo vestido de obispo al que obligó bajo amenaza de muerte a acompañarle, y él actuando como su secretario, ordenó a sus ayudantes que fuesen cargando diversos objetos de valor para el obispado en un carro. Cuando éste estuvo bien repleto, abandonó el lugar dejando al obispo y al dueño de la tienda compuestos y sin saber lo que había ocurrido.

 

Y quizás el último robo, y más espectacular fue el realizado en el domicilio de la modista de la reina, Vicenta Mormín, de donde se llevaron 700.000 reales en metálico y alhajas.

 

Tras el último robo, la banda se dispersó tras el reaparto del botín, quedando juntos únicamente Luis Candelas y Manuel Balseiro, que se marcharon hacia el norte del país, en compañía de dos jóvenes. Una era la compañera sentimental de Balseiro, Josefa, mientras que Candelas iba con una muchacha de 16 años llamada Clara, con quien pensaba emigrar a Inglaterra con el supuesto nombre de León Ceñida. Parece ser que la tal Clara al llegar a Gijón no quiso embarcar, y sí regresar a Madrid, comprometiéndose el famoso bandolero a acompañarla, lo que significaría su fin, puesto que estando descansando en la posada de Alcazarén, cerca de Olmedo, fue detenido el 18 de julio de 1837.

 

Antes de su definitiva detención, protagonizó una huida que le hizo aun más famoso en Madrid, y registró un hecho en la prisión de El Saladero que dio origen a una coplilla popular.

 

La tradición indicaba que todo preso debía dejar encima de una manta algunas monedas para el reparto entre los otros “inquilinos” de la cárcel, y Luis Candelas tuvo que pasar por este trance, siendo recordado por:

Ni el poder del mundo entero

aquí nuestra ley quebranta,

pues paga en el Saladero

desde el Rey al zapatero

el derecho de la manta

¡No hay tu tía¡

Que así lo pagó Candelas

Como el rey lo pagaría”.

 

Condenado a diez años de presidio en el peñón de la Gomera, salió de la prisión en la cuerda de presos el 15 de enero de 1837. Llegado unos días después a Manzanares (Ciudad Real), y haciendo noche en un granero, incendió la paja del suelo, para aprovechar la confusión y fugarse. Tras dar un gran rodeo por tierras manchegas, llegó a la posada de las Mensajerías de San Martín, donde entabló conversación con un rico hacendado que esperaba la diligencia. Tomando el transporte en su compañía, como si de dos amigos de tratasen inició el viaje de vuelta a Madrid. En el carruaje iba también un sargento de guardias provinciales que no le reconoció, y con quien trabó una amena conversación, presentando a su acompañante, profundamente dormido como un tío suyo a quien acompañaba en tal viaje para protegerle de los bandidos. En un momento dado y como muestra de la irresponsabilidad que tenía su tío, le quitó la cartera delante del guardia, guardándose e indicando que su compañero no sabía guardar bien sus pertenencias, y que era mejor que las llevara él. En la primera parada que hizo la diligencia para cambiar de caballos, Candelas desapareció con su botín. Cuando el sargento despertó al hacendado para decirle que no estaba en el carruaje su sobrino y que se debía de haber despistado, todos se dieron cuenta del engaño y del robo.

 

Trasladado a Madrid en julio, su proceso es rápido. La justicia no quiere que esta vez se pueda escapar como ya lo ha hecho en varias ocasiones de las prisiones de Madrid y Segovia, e incluso en el traslado de una cárcel a otra, o hacia un penal del sur de España. El juicio se realiza el 2 de noviembre, y el fiscal le acusa de haber cometido más de 40 asaltos y robos, y el juez le condena a ser ajusticiado mediante el garrote vil.

 

Se apunta como muestra de se condición chulesca, que cuando el juez le preguntó si tenía algo que decir a la sentencia, Luis Candelas respondió: “Sí, Señor Presidente. Que, aunque tardía, la encuentro muy puesta en razón”.

 

Pocos días antes de que se cumpliese la sentencia, Luis Candelas envió una petición de indulto a la reina.

 

El que expone es, señora, acaso el primero de su clase que no acude a Vuestra Majestad con las manos ensangrentadas, su fatalidad le condujo a robar, pero no ha muerto, herido ni maltratado a nadie; el hijo no ha quedado huérfano, ni viuda la esposa por su culpa. ¿Y es posible, señora, que haya de sufrir la misma pena que lso que perpetran estos crímenes?”.

 

El indulto no llega porque tanto la Corona como la Justicia han decidido dar un escarmiento con la muerte de Luis Candelas, quien será ajusticiado el 6 de noviembre de 1837, cuando contaba 32 años de edad. Según publicó el periódico El Español en su edición del día 7, el bandolero se dirigió a los presentes y sus últimas palabras fueron:”Adiós, patria mía, sé feliz”.

 

Años atrás, y con motivo de un robo perpetrado en compañía de Paco el Sastre y Antonio Cusó, la policía detiene a Luis Candelas y es inscrito en el registro de la Superintendencia de Policía del reino.

 

FICHA DE LUIS CANDELAS

 

FILIACION NÚMERO 427

Nombre y apellidos del sujeto Luis Candelas Cagigal

Apodos o remoquetes que usa Se ignora

Naturaleza Madrid

Edad Veintiún años

Estado Casado

Profesión u oficio Cesante en el Ramo de contribuciones

Clasificación Ladrón (Espadista y tomador

Del dos, en el proceso)

Condenas sufridas -----

Estancias en Cáceles u Hospitales -----

 

SEÑAS PERSONALES

Estatura Regular

Pelo Negro (sin redecilla)

Ojos Al pelo

Nariz Regular

Boca Grande y prominente de

   mandíbula. Dientes iguales y

blancos.

 

OTRAS SEÑAS PARTICULARES

No usa bigote ni patilla y es de color del rostro, quebrado, aunque de complexión recio y bien formado en todas sus partes.

 

 

También se ha creado una especie de leyenda en torno a la forma tan fácil e ingeniosa que tenía de fugarse de la cárcel, e incluso se recuerda que de la de Madrid ayudó a evadirse al político liberal Salustiano de Olózaga.

Entre 1823 y 1837 fue detenido once veces, y al menos supo escapar de la prisión en cuatro, 1830, 1832, 1834 y 1837, así también con motivo de traslados en la cuerda de presos hacia el sur de España.

Sus condenadas se pueden resumir en:

A 14 días en 1823

A 19 días en 1826

A 6 meses en 1826

A una pena indeterminada en 1828

A seis años en 1825, pero fue indultado

A ocho años en 1827, pero fue indultado

 

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Personaje de leyenda como hemos reseñado varia veces, ha protagonizado coplas populares, romances, novelas, comic y películas. Se han escrito numerosas obras que tratan de diversos aspectos de Luis Candelas, como, por ejemplo, “Candelas y los bandidos de Madrid” (1855) por Antonio García del Canto; “Luis Candelas o el bandido popular “(1893) por José Conde y Ambrosio Canel; “Luis Candelas” (1898) por Álvaro Carrillo;” La última hazaña de Luis Candelas” (1913) por Diego San José; “Luis Candelas, el bandido de Madrid” (1927) por Antonio Espina; “Luis Candelas” (1932) de Arturo Ortega; “Luis Candelas un bandido con leyenda” (1956) de Marino Tudela; “Luis Candelas” (1959) de Virgilio Pérez; “Luis Candela y consortes” (1982) de José Vicente Caravantes...

También tiene una visión plasmada en tira de comic debida a El Cubrí (2001). Y cuatro películas, dos mudas, de 1926 debidas a José Busch y Armand Guerra; y en 1936 la dirigida por Fernando Roldan con el tenor Pepe Romeu como protagonista; y en 1947 la realizada por Fernando Alonso Casares, con la interpretación del galán del momento, Alfredo Mayo, como Luis Candelas..