La situación de crisis económica y política que vive España durante todo el siglo XIX, permite que se forje la imagen de un nuevo tipo de individuo que, en muchos casos, es vitoreado como héroe, y apoyado por el pueblo en su huida de la justicia. Se oculta en la sierra, baja a las poblaciones a buscar alimento, y cuenta con acciones de valor en las sucesivas guerras que van a desangrar el país en un periodo muy turbulento.

 

Son los bandoleros, en bastantes casos esos guerrilleros de los que ya hemos hablado en anteriores artículos, y otros, gentes muchas veces desesperada que tienen que recurrir al bandidaje para poder alimentarse. Evidentemente hay algunos que son “ladrones” que sólo buscan su botín e interés.

 

En este tiempo se pueden encontrar algunos dandis que alternan el asalto con la asistencia a ceremonias de la nobleza y de la Corte, como por ejemplo el más famoso de todos, Luis Candelas, al que se llegará en su momento, porque es preciso que demos tiempo al tiempo.

 

Textos elaborados por los alcaldes de las poblaciones próximas al camino de Burgos, son buena nota de la situación en que vivían los viajeros que se atrevían a cruzar, sin una guardia de apoyo, los pasos de Somosierra. Ejemplos hay de Cabanillas, La Cabrera y Torrelaguna, por ejemplo, donde se informa a las autoridades competentes, aun no se ha formado la Guardia Civil, de la serie de robos con violencia a los pasajeros de la diligencia correo por parte de las partidas de bandidos. Los asaltos a los arrieros, e incluso hay datos de la población de Alcobendas, donde se ha llegado a asaltar algunas propiedades de la misma.

 

Centrándonos ya en hechos directos, en personajes con cierto protagonismo en la Sierra Norte de Madrid, nos encontramos con una relación de bandoleros que inician su actividad a principios de siglo.

 

Corre el año 1816, cuando se conocen las actividades de Antonio Sánchez, un guerrillero más que ha quedado descolocado tras la derrota de Napoleón, el regreso de Fernando VII y el lío que se mantiene entre liberales y absolutistas. Y que era más conocido por su apodo: “Chorra al Aire”.

 

Unos años más tarde, hay constancia de la existencia de una mujer que vestida de hombre asaltaba a los viajeros en los pasos de la sierra, era conocida con el mote de La Tuerta. De su existencia da fe en 1838 el viajero inglés, George Brorrow en sus obras “La Biblia en España” y “Los gitanos en España”, donde la califica de actuar como una “chalana”.

 

De esos primeros años también hay otro destacado individuo, Pablo Santos que tenía su cuartel en La Pedriza, desde donde ejercía su labor de bandolero. Llegó a ser conocido como El Bandido de la Sierra.

 

Y tras ellos, y un poco más entrado en el siglo tenemos a Paco el Sastre, Balseiro, Isidro el de Torrelodones, Luis Candelas…

 

De todos ellos y de cada uno en particular, habrá referencias en los próximos artículos de esta serie.