Este artículo tiene como finalidad resumir de una manera sintética el esquema por el que el  duro confinamiento de la población y el parón en seco de la actividad económica, por no haber tomado las medidas procedentes a tiempo, está ya produciendo y producirá sobre el sistema económico nacional.

Sin producción: ni ventas, ni exportaciones, ni ingresos

Confinar a la inmensa mayoría de las personas y como consecuencia limitar o cancelar las actividades que venían desempeñando, salvo aquellas que se consideraron como esenciales por el gobierno, trajo como consecuencia un parón brusco de la actividad económica.

Sin producción no hay ventas y sin ventas no hay ingresos. Pero ello, no solo repercute en las cuentas de pérdidas y ganancias de las empresas, sino que la caída de las ventas tiene un efecto reductor sobre los ingresos fiscales fundamentalmente en el impuesto sobre el valor añadido, uno de los pilares de nuestro sistema tributario.

Sin ingresos: pérdidas y con pérdidas, desempleo

Sin ingresos, ni una empresa, ni una economía (a través de los impuestos) pueden obtener beneficio alguno (al estado le bastaría con tener equilibrio presupuestario). La pérdida de ingresos procedentes de la venta de los productos se traduce en pérdidas, con el correlato inmediato en el desempleo de los trabajadores. Una observación: cuando nos referimos a empresas, nos estamos refiriendo tanto a  autónomos, como a empresas privadas o públicas, sean de la administración que sean.

Sin ventas, ingresos y desempleo, caen los impuestos y suben los gastos sociales

El crecimiento del desempleo, por un lado y el hundimiento de la recaudación tributaria, por otro, conforman un efecto cruzado perverso: para paliar los efectos sociales adversos del desempleo, el estado acude al incremento del gasto social, al tiempo que los ingresos fiscales menguan.

En este corto camino que va de la caída de la producción al desempleo, caen también dos fuentes de recursos públicos, dos impuestos también muy importantes en nuestra arquitectura fiscal: el impuesto de sociedades o sobre los beneficios empresariales, que al no haber beneficios, no existe recaudación. El otro, es el extenso impuesto del IRPF que grava a particulares y empresas, que al carecer éstos de ingresos, tampoco devengan efectivo. Pero, al mismo tiempo, la caída de los impuestos más los gastos crecientes, conforman una ecuación, cuya única solución es déficit público al por mayor.
 
Todo ello igual a déficit público, igual a  > endeudamiento
 
Para que la economía no entre en bancarrota (el llamado default (*)) los déficits no pueden perpetuarse ab infinitum y, una de dos, o se busca el equilibrio recortando severamente el gasto con el altísimo coste social asociado, o el déficit debe de ser financiado, emitiendo deuda pública. Lo lógico para salir de la situación es una ponderada combinación de ambas medidas para, en un plazo cierto no trasladar la abultada deuda a las generaciones futuras, cosa que este gobierno no sabe, ni quiere hacer.
CirculoPerversoConfinamiento2
Las mentiras oficiales que no colarán en Europa
 
Estas son las últimas previsiones de las magnitudes básicas de la economía española que la semana pasada nos han contado la verborreica ministra Montero que arruinó la sanidad y la economía andaluzas y la ministra Calviño, que ella como buena burócrata y miembro del  apparatchik europeo, sabe de sobra que no van a colar entre sus compañeros los señores de negro que de cuando en cuando nos visitan, sobre todo en tiempos de zozobra. Hélas aquí:
 
El PIB caerá hasta el 9,2%
El déficit se disparará hasta el 10,3%
La deuda llegará al 115,5%. 1,3 billones.
Paro al 19%.

En absoluto resulta creíble que habiendo caído el PIB el 1º trimestre el 4,2%  en tasa anualizada y el 5,2% en valor trimestral, el año vaya a cerrar con el 9,2%, cuando el primer trimestre va a ser oro molido comparado con la que se prepara para los tres trimestres restantes, primer trimestre en el que solo se han registrado 15 días de confinamiento. El Banco de España y Funcas, nada sospechosos de atrevidos, esperan un -13,6% y un -12,2%, respectivamente.

Otro tanto puede decirse del resto de variables, que de alguna manera están ligadas a la producción. El déficit público superará con mucho el 10,3% ya que este fué el déficit que heredó el PP de manos de Elena Salgado en 2011, en circunstancias muchísimo mejores que las actuales.

Por lo que respecta a la deuda, es ilusorio pensar que solo se incrementará en 100.000 millones respecto de la actual con el ingente gasto social que se avecina, si es que el gobierno decide llevar adelante la paga socioelectoral y el resto de prestaciones sociales asociadas al enorme desempleo en ciernes.

Desgraciadamente, la realidad va a ser muy distinta de este panorama dibujado por el gobierno, que aunque catastrófico, lo será desgraciadamente todavía más.
 
Los números de la debacle
 
Dice también la ministra Calviño que para 2021 se espera un repunte en el PIB del 6,3%  y un descenso del paro al 17%. Ella, su colega la verborreica Montero y el gobierno todo cree que los ciudadanos somos imbéciles. Nada más lejos de lo que nos cuenta la ministra de Economía. Esto es lo que nosotros prevemos:
 
El PIB caerá entre un 15-20%
El déficit se disparará hasta el 15-20%
La deuda llegará al 150% del PIB. 1,5 billones.
Paro del  25-30%

Estas cifras suponen sencillamente que españa se convierte en un estado insolvente y que la única solución posible será el rescate mediante la intervención de nuestra economía por la Unión Europea, cosa que ya hizo en la crisis anterior aunque aquello se concretó en una intervención financiera, que tuvo como objeto a las cajas de ahorros y que se hizo con cargo a nuestras magras espaldas de entonces.

Sin duda, habrá quiebras de miles de empresas y autónomos, conversiones de millones de ERTEs en EREs y paro a mansalva, rebaja en los sueldos de los funcionarios, rebajas en las pensiones, recortes en sanidad, educación y prestaciones sociales. Habrá escasez y lo que ello conlleva, subida de precios, inflación, carestía y desabastecimiento. España tendrá limitada su capacidad de endeudamiento y se repetirá lo que pasó hace diez años en Grecia.

Pido al gobierno que deje de mentirnos en la crisis sanitaria, que la sociedad española es tan adulta o más que la alemana o la francesa y que informe con verdades y sin manipulaciones ni consignas ( según un reciente estudio de la U. Complutense, los fallecimientos por Covid-19 ascenderían ya a 42.000, de los que solo 39.000 serían los oficiales más los que sí consignan las CCAA). Pido al gobierno que no falte al respeto a la memoria de tantos muertos y a sus familiares.

Pido al gobierno que no nos edulcoren como a niños el cataclismo económico que se avecina y no se carcajee de nuestras capacidades cognitivas y de tantos empresarios, parados y ciudadanos desesperados ya en la miseria, o próximos a vivirla, que seremos una inmensa mayoría.

________________________________

( * ) Default o suspensión de pagos es un término habitualmente utilizado en finanzas para hacer referencia a una situación en la que el prestatario no hace frente a las obligaciones legales que tiene con sus acreedores en la forma establecida en el contrato de reconocimiento de la deuda. El default puede producirse con distintos tipos de deuda, ya sean bonos, hipotecas o préstamos. Desde el punto de vista de la economía internacional, el término "default" es habitualmente utilizado para hacer referencia al impago de la deuda soberana (sovereign default), es decir, cuando un gobierno adopta la decisión de no pagar su deuda externa.