«El lobo atacó a diez ovejas a 400 metros del pueblo, a cinco las mató y a otras cinco las dejó tocadas. El ataque al ganado es constante. Hay gente mayor que tiene miedo a salir a pasear o dejar a los niños salir solos con la bicicleta fuera del pueblo». Quien habla es Rafael Pastor, alcalde de Garganta de los Montes, uno de los pueblos de la sierra noroeste de Madrid, donde los ataques de lobos y perros asilvestrados han aumentado el último año un 34%, según la propia Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid.

De acuerdo a los ganaderos de la zona, la situación es «insostenible» ya que se produce un «ataque casi a diario» en alguno de los pueblos situado en el Parque Nacional del Guadarrama. Si en 2016 hubo 251 incursiones contra el ganado, en lo que va de año se han producido 337.

En la actualidad, según ecologistas y expertos naturalistas, habría entre dos y tres manadas de lobo ibérico (canis lupus) asentadas en la región, con muy pocos ejemplares, entre ocho y diez en total, pero los ganaderos dicen que son «muchos más». Tras casi su desaparición en los años 70, las labores de recuperación iniciadas en los 90 lograron que su número aumentara en todo el país hasta casi 3.000 -unas 300 manadas-, de los que una inmensa mayoría, el 90%, viven al norte del río Duero.

De ahí que sea «una magnífica noticia», según los ecologistas, su presencia en Madrid desde 2011, cuando se tiene acreditado el primer asentamiento de una manada de lobo en la región procedente de provincias limítrofes, como Segovia. Según Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción, su llegada a Madrid es «normal» dentro del hábito de la especie, ya que busca «nuevos territorios» de asentamiento.

La «magnífica» noticia resulta «pésima» para los ganaderos. «El sector está muy indignado», señala Alfredo Berrocal, presidente de la Unión de Ganadores y Agricultores, Ugama, que apunta a que las indemnizaciones que otorga la Comunidad de Madrid por ejemplar muerto son «insuficientes porque no cubren los daños indirectos, como el lucro cesante...es que por ejemplo, cuando hay un ataque, el resto de animales interrumpe sus celos y los nacimientos disminuyen mucho». Además, se une a ello el largo y tedioso procedimiento para denunciar los ataques, ya que hay que requerir la presencia del guarda forestal, y luego rellenar un largo papeleo «que dura horas», por lo que muchos ganaderos consideran que no les compensa.

«Si no podemos vivir de la ganadería, ¿qué hacemos aquí?», protesta sobre la situación de cerca de 1.400 explotaciones ganaderas ubicadas en la Sierra, la mayoría extensivas -no estabuladas-, lo que las hace más vulnerables a los ataques del lobo. Las indemnizaciones oscilan entre los 60 euros de un cordero a los 1.200 de una vaca de entre uno y diez años. «No cubren ni el precio de mercado y eso suponiendo que encuentres el cadáver porque hay veces que ni siquiera aparece», precisa Berrocal, que señala que la Comunidad no «ha invertido un duro» en medidas preventivas, como podría ser «el desbroce de los montes», ya que el lobo se esconde entre la maleza, y sólo se ha convocado una vez a la Mesa del Lobo.

Desde la Consejería de Medio Ambiente insisten en que están trabajando en labores de prevención «como los cercados, adiestramiento y presencia de mastines, o sistemas sonoros de aviso». Aun así, admiten que, al tratarse de un tipo de ganadería «extensiva», los ataques son «inevitables», pero precisan que «no siempre» son de lobo, ya que hay también ataques de perros asilvestrados.

En esa teoría coincide el experto naturalista y ecologista Luis Miguel Domínguez, que considera que las manadas que hay en Madrid son «mínimas» y achacar todos esos ataques al lobo es «muy arriesgado», ya que puede haber cientos de perros abandonados en la región y asilvestrados. «Tener al lobo ibérico es algo que desearían muchos países de Europa», dice Domínguez.