Otro ejemplo importante del bandidaje en esta zona de la Comunidad de Madrid es el que ofrece a mediados del siglo XIX, Pablo Santos, al que se le llegó a conocer más que por su nombre por el apodo de El Bandido de la Sierra. Aunque se refugiaba en la zona de La Pedriza, viene a colación en este recorrido por los bandidos que actuaron en la Sierra Norte, por tener su campo de acción en zonas de esta comarca.

 

Considerado el mayor especialista en el asalto a las diligencias, y uno de los mejores conocedores de los escondites que facilitaba la orografía de La Pedriza. Su principal refugio estaba en los alrededores del Cacho Centeno. Tenía tal poder en la zona, que incluso ésta era respetada por Luis Candelas y su cuadrilla, dejando expedito el camino hacia el norte por la carretera de Burgos para él.

 

Su zona de actuación se repartía por la zona de La Cabrera, Mataelpino, Morazalzar, el Boalo, Navacerrada, Manzanares y La Pedriza. Suelen contar los cronistas de la época que hubo una especie de acuerdo o pacto tácito entre él y Luis Candelas, de tal forma que se repartieron los lugares donde cometer sus atracos.

 

Pablo Santos estaba considerado como muy codicioso y violento, ya que no le importaba herir o matar con tal de conseguir sus fines. Actuaba al frente de su partida amenazando a sus víctimas con un trabuco que escondía debajo de una manta. Sería, en este caso la antítesis de lo que hasta ahora se ha definido como bandido romántico. Seguro que de haberle conocido los escritores de viajes extranjeros por España no le hubiesen incluido en esa concepción tan amigable.

 

Se suele contar, a modo de confirmación de su ferocidad, que habiendo pedido a un pastor que le vendiese dos cabras para alimentar a su banda, y que como éste se negase, mató a tiros a todo el rebaño.

 

Se considera su delito más importante el asalto al coche de correos que cubría la ruta entre Madrid y la localidad francesa de Bayona, conocido con el nombre de “Mala de Francia”. También se apunta como una de sus “hazañas”, el secuestro del hijo de una rica dama de El Boalo, llamada Braulia del Valle, quien pagó una importante suma de dinero por la libertad del niño.

 

El “Bandido de la Sierra”, aunque fue detenido por la justicia pudo escapar, y no fue ajusticiado, sino que falleció en una disputa con uno de los miembros de su banda, Isidro el de Torrelodones, quien tuvo con su jefe unas ciertas desavenencias en el reparto de un botín.

Según una leyenda, tras el robo a un pastor de varios objetos, de ganado y de una escopeta que éste poseía, hubo una pelea en el reparto de esos bienes entre los miembros de la banda, y como Pablo Santos no quisiera ceder un gabán a Isidro, este le soltó un trabucazo que le causó la muerte. Se señala como lugar del hecho las proximidades del Cacho del Horno, al pie de la Sierra.

 

En La Pedriza existe un alcornoque de grandes proporciones del que se apunta que sirvió de escondite a Santos y sus botines, de ahí que se le conozca como “el alcornoque del bandolero”. Aunque también se dice que este nombre proviene de otro bandido, Balseiro de los Porrones.

El "alcornoque del bandolero" es un ejemplar de Alcornoque (Quercus Suber), de 11 metros de altura, 14 metros de copa, y dos troncos, con perímetro 2,15 mts. y 1,95 mts. respectivamente, al que se le atribuye una edad de entre 400 y 500 años. Se encuentra empotrado en una mole granítica, y destaca por la forma en que sus raíces se incrustan en la roca.