El centro de Exposiciones “Casa de Teléfonos” de Villavieja del Lozoya recibe una muestra de la pintura de Carolina Andrade, una artista que se ha tomado muy en serio su formación, como puede observarse en su amplio curriculum. Ha cursado estudios en varias universidades, españolas y extranjeras, hasta alcanzar, en el año 2015, un doctorado en Bellas Artes en la Universidad Miguel Hernández. Pese a su juventud ha expuesto en numerosas ocasiones y ha sido galardonada con premios importantes. También ha disfrutado de varias becas para su formación como la beca de pintura de la Fundación Bilbaoarte.

 

La obra que presenta en la “Casa de Teléfonos” es una buena muestra de un estilo profundamente personal. El catedrático de Historia del Arte, Kosme de Barañano lo ve así: “En la reciente obra de Carolina Andrade, sean paisajes, maniquíes o simples zapatillas de ballet, no funciona el principio de realidad, o lo que llamamos realismo fotográfico, sino que pertenece a otra dimensión onírica, fantástica, sicológica y descriptiva, pues son reales y no lo son”.

 

En ese camino plástico hacia la subjetividad, el crítico continua diciendo: “En estos paisajes, además de ese misterio de los sueños o del delirio, aparece un universo que es personal, envoltorio de una realidad, de una mirada que va más allá de la percepción. Una mirada que echa raíces en el corazón de la artista, en las profundidades de su alma”.

 

Pero no pensemos que la obra pictórica de Andrade se desvanece sin más en ese misterio, en esos sueños o ese delirio que percibe el crítico: es una obra bien construida, aunque no sabemos exactamente a qué concepción del espacio tenemos que remitirnos. Es posible que el espacio tridimensional, el espacio newtoniano, ya no nos resulte suficiente. Es posible que necesitemos de cuatro dimensiones (también el factor tiempo) para percibirlo. Incluso de “n” dimensiones.

Kosme Barañano describe así la arquitectura del cuadro: “Al buscar el elemento compositivo, vemos una mezcla de estilización y de arcaísmo: los castillos en el aire, las figuras siluetadas, la fantasmagoría de un edificio o de un banco. Andrade construye una fantasía composicional que busca transformar su sentimiento en imagen”.

 

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Acercarse a la pintura de Carolina Andrade, supone para el espectador un ejercicio poético: tiene que dejarse llevar por un sentimiento que le ayude a adentrarse detrás de las pinceladas. Además de descubrir lo que pueda quedar en el cuadro de realidad figurativa, tiene que fantasear como lo ha hecho la artista al concebir su obra, o como lo ha hecho el poeta Vicente Valero (Ibiza, 1973) al contemplar los árboles que Andrade pinta en sus paisajes:

 

“Un bosque íntimo en el lugar de la memoria: un bosque lleno de luz.

En este   bosque   pintado   crece   todavía   el   musgo   de   los   deseos

incumplidos, el musgo verde y húmedo: la promesa que abrazamos

un día y que nunca olvidaremos.

En los árboles de Carolina el sol descansa muchas veces.

Digamos también, por fin, que antes incluso de que existiera la

belleza, ya temblaban las hojas de estos árboles”

 

  • Días de apertura de la exposición: 9, 10, 16 y 17 (sábados y domingos)
  • Horario: de 12 a 14 y de 17 a 19 horas