Dos casitas, situadas en un precioso pueblecito de la Sierra Norte madrileña de unos 200 habitantes, con capacidad para cuatro personas cada una de ellas, con techos a dos aguas y construidas en piedra y madera. Un lugar idílico, ideal para los más románticos y los más aventureros, ya que en sus alrededores existen numerosas rutas de senderismo y actividades que harán las delicias de todos los amantes de la naturaleza. Sin olvidar la tranquilidad que ofrecen sus paredes de piedra, su chimenea en un invierno nevado o su decoración única, que invitan al descanso y la paz en un entorno sin igual de la Comunidad de Madrid. Ambas viviendas cuentan además con un jardín exterior individual con barbacoa y muebles de jardín para disfrutar del verano.

 

En las rutas turísticas que ofrece este entorno hay que destacar la visita a la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir, construida en los siglos XV y XVI y reedificada en estilo barroco en el XVII, donde se utilizó mampostería de piedra con esquinas de sillares, y que presenta una torre gótica original. En su interior se conserva un Retablo de 1633 realizado por Gregorio Fernández y dos tablas de Berruguete. La propia población de Braojos es otro punto digno de visita, ya que todavía mantiene un marcado carácter rural y la actividad agropecuaria sigue configurando lo esencial de la vida local. Su paisaje está definido por las amplias superficies de pastos y cultivos y por la red de caminos de vías pecuarias.

 

En las proximidades de Las casitas de Braojos encontramos asimismo la Ermita del Buen Suceso, creada en XVII y rehabilitada en 1985. Tiene planta rectangular de tres naves y está construida en mampostería sobre un zócalo rematado con losetas de piedra. Sobre la cabecera hay un cimborrio rectangular que alberga una cúpula. En el exterior, a los pies, se levanta una pequeña espadaña-campanario.

 

Entre los festejos que no hay que perderse en este pueblo de la Sierra Norte de Madrid destacan la fiesta de San Vicente Mártir, patrón de la localidad, que se celebra el día 22 de enero. Un día en el que es típica la degustación de vino y chorizo y en el que el Ayuntamiento ofrece una comida en honor a los mayores de la localidad. En Nochebuena es típica la Pastorela, que data del siglo XIII, cuando los pastores bajan al pueblo y van a la iglesia a presentar a Jesús los mejores corderos de sus rebaños en la tradicional Misa del Gallo. Sin duda, un lugar en el que hay que alojarse y que nos ayuda a descubrir la naturaleza en estado puro y las más férreas tradiciones de la Sierra Norte madrileña.