Dicen los manuales que la inflación es una subida constante y persistente en el tiempo del nivel general de precios. Pero es una definición incompleta ya que lo dicho no es más que el síntoma de una serie de enfermedades económicas más profundas. La subida de precios es la consecuencia, en absoluto la causa.
 

Las causas de la inflación pueden ser variadas. Existe una inflación que tiene su principal causa en el incremento de los costes de las empresas y las actividades productivas; otra en que la causa principal es el exceso de demanda que ante la escasez induce los precios al alza y, una tercera, que obedece a un exceso de dinero en el sistema económico, consistente en darle a la manivela de fabricar billetes, en un intento de tapar otras enfermedades económicas.

Afortunadamente, esta última está vetada a España, al igual que al resto de países de la UE, que hemos cedido la soberanía de imprimir moneda en favor del Banco Central Europeo (BCE) con la entrada de la moneda común, el euro. Y digo que afortunadamente, porque vistos los gobiernos que hemos tenido en los últimos cuarenta y cinco años, mejor que esta prerrogativa esté en manos menos ajenas a las de la mayoría de nuestros políticos. Pero, tampoco la UE lo ha hecho bien, sino todo lo contrario.

Ha sido a partir de la segunda mitad del año con las subidas desmesuradas de la energía que ha arrastrado en cascada al resto de productos, cuando, de pronto, con una inflación domeñada durante los últimos años, hemos pasado a asistir a la resurrección del más grave y viejo problema económico que surgió al tiempo de lo que hemos venido en llamar la transición. Llevábamos bastantes años con una inflación, medida a través del Índice General de Precios (IPC), baja, casi, diría, anormalmente baja.

El gobierno, a través de la fake-ministra Calviño e incluso con la aquiescencia del Gobernador del Banco de España, se apresuraron a decir que esta explosión inflacionaria es coyuntural, cosa de unos pocos días. Nada más lejos de la realidad. La señora llamada ministra se escuda en que es un rebote provocado por el crecimiento. Sra Calviño, ¿de qué crecimiento habla usted cuando las previsiones más optimistas hablan d un 4,5% y el año pasado hemos caído un -10,8%? La inflación ha renacido para quedarse porque solo es uno de los síntomas de que una cosa es la economía real y otra muy distinta la ficción que nos cuentan a diario.

Pero, el llanto y el crujir de dientes vendrá cuando el BCE acabe con los tipos de interés falsamente bajos y deje de darle a la maquinita del crédito (billetes) para inundar de dinero a Europa y a algunos países como España, que solo se dedica a derrocharlos. Las cifras de inflación del veinteitantos por ciento que acumuló Adolfo Suarez se van a quedar cortas.

Se suele decir que la inflación es el impuesto de los pobres y, es cierto, pero lo que no nos dice nadie, o casi nadie, es que la inflación es ACUMULATIVA. Si este año se cierra con un 6,5% y el 2022, supongamos con un 4,5%, a 31/12/2022, habremos sufrido una devaluación de nuestros patrimonios, ingresos y ahorros de un 11% en esos dos años. Lo que se ha perdido, no se vuelve a ganar salvo que la inflación, en esos dos años cayera un -11%, o más. Algo, sencillamente imposible.

En España, tenemos en estos momentos una muy grave inflación de costes que incide tanto en la inflación subyacente ( la de los precios energéticos y los alimentarios no elaborados) y un espejismo monetario con un exceso de dinero y tipos de interés bajos. Cuando se corte el grifo y suban ligeramente los tipos, la inflación se irá a las nubes y la economía al garete, todavía más.