Pedro Sánchez ha elegido priorizar los PGE por encima incluso de la salud de los ciudadanos. Los PGE son el instrumento que le puede mantener en el poder que es su único objetivo; sin PGE no hay Moncloa.

Y es por eso que Pedro se humilla ante Bidu, se entrega a ERC, se dobla ante el PNV, se arrodilla frente Podemos y hace lo que le pidan por muy repugnante e indecente que sea. Sin embargo, Pedro, en una engañifa más de trilero sin escrúpulos, presenta su obsesión con los PGE como la única salvación para España y acusa a quienes no se entregan a su trágala como traidores. Sus intervenciones son baratas, de saldo. Aprovechando que la ciudadanía está traumatizada por las crisis sanitaria y económica, Pedro manipula a los ciudadanos apelando a sus emociones y no a su raciocinio y les hace creer que busca los PGE para el bien de España y los españoles, cuando lo que busca con su aprobación es mantenerse en el poder, porque sin PGE, le sería imposible seguir siendo el inquilino de la Moncloa. Y Pedro se humilla, se arrastra, se arrodilla ante los etarras, se entrega a los tejemanejes del PNV, se calla ante los despropósitos de Podemos, se ofrece a ERC y, cuando lo requiere la ocasión, le pone los cuernos a Inés Arrimadas. No se pregunten hasta dónde puede llegar la bancarrota moral de Pedro Sánchez, puede llegar hasta las simas más profundas de la ignominia, hasta las vilezas más sucias que se conozcan, hasta vender su alma – si es que tiene alma – al Diablo. Sánchez quiere el poder al precio que sea, él está dispuesto a pagar. Sánchez está enfermo de una ambición de poder bárbara que le convierte en un juguete en manos de quienes – tan solo por sus intereses – le apoyaran en los PGE. Sánchez se vende, vende a España y vende todo lo que tenga que vender por seguir durmiendo en el colchón cambiado de la cama compartida con Pablo Iglesias. Él se vende, vende a España y luego vende a los ciudadanos la idea de que todo lo hace por el bien general, cuando, como trilero de primera que es, esconde en el tercer cubilete; ese que siempre se escapa a la mirada del ciudadano, sus verdaderas intenciones: permanecer en la Moncloa al precio que sea y ese precio pasa, entre otras cosas por los PGE. Si alguien cree que a Pedro le importamos los españoles, le importa España, le importa la sanidad, le importa la economía; es que o es un ignorante, un ingenuo, un estúpido de libro o pertenece a esa cáfila de apesebrados, de perezosos mentales, de pobres de acción, de hipnotizados, de ruines y mezquinos que ansían para ellos un futuro de bonanza en el que el trabajo lo hagan los demás mientras ellos permanecen en sus casas bebiendo la cervecita y viendo el Barcelona Real Madrid de turno.

Más muertos, muchos más contagiados, confinamientos a la vista, ni un solo índice económico en positivo, la bolsa arrastrándose por los suelos, los de los ERTES sin cobrar, el IMV un tocomocho, el paro apuntando al 22%, los okupas campando a sus anchas, el gobierno de tinieblas sin ideas y, si las tiene, son malas, las fuerzas de seguridad abandonadas a su suerte, los hospitales a punto del colapso en el que ya está la atención primaria etc. etc. y nuestro ínclito e inefable presidente preocupado tan solo por sus sueños de poder que son pesadillas para los ciudadanos; sueños que quiere ver realizados al precio que tenga que pagar, cuyo primer plazo son los PGE que él, en una impostura más, presenta como la salvaguarda de España y los españoles, cuando son solo el soporte en el que se va a apoyar para seguir en el poder importándole un pimiento España y los españoles. ¿Y la ciudadanía? La ciudadanía durmiendo el sueño eterno de la siesta nacional mientras ve pasar los crespones negros, los ataúdes, los contagiados, la ruina económica, el paro como algo inevitable mientras dice entre sorbo y sorbo de cervecita la consabida frase de los mediocres y acobardados: “es lo que hay”