Como es bien sabido, desde que en 1999 España decidió incorporarse al primer grupo de países que acordó la creación de la Unión Económica y Monetaria, el Euro para entendernos, el Banco de España ha dejado de ser un banco emisor y el Estado español ha perdido toda su capacidad en política monetaria, que dirige y gestiona el Banco Central Europeo (BCE), de modo que el Estado español ya no tiene capacidad de emitir moneda, ni devaluar su divisa (que ya no existe como tal), ni todas las posibilidades que da la política monetaria en una situación de crisis como la que ya tenemos encima. En consecuencia, el único mecanismo que tiene el Estado para financiar sus necesidades no cubiertas por los impuestos es emitir Deuda Pública.

A 31-Mar pasado el importe total de la deuda pública española, incluyendo no solo la de la Administración Central del Estado (la gran mayoría) sino las de las Calamidades Autónomas y algunos pocos Ayuntamientos, era de 1,2 billones (millones de millones) de euros, prácticamente igual al 100% del PIB de los últimos 12 meses. De esa cantidad, entre Mayo y Diciembre de 2020 vencen unos 90.000 millones de euros que, obviamente, el Estado no tiene capacidad de pagar salvo emitiendo nueva deuda en sustitución de la que tiene que amortizar.

Por otro lado, las previsiones económicas que circulan estos días -que yo considero optimistas a la vista del desplome del PIB durante el primer trimestre de 2020- anuncian un nivel de deuda pública a finales de 2020 de un 120% a 130% del PIB, esto es, un volumen de deuda en el entorno de 1,5 billones de euros, suponiendo, claro está, que alguien nos lo preste. Por cierto, y solo para que el que lea esto sea consciente de la magnitud del problema: eso equivale a unos 32.000 € por español (desde los recién nacidos hasta los ancianos centenarios), unos 83.000 € por familia, igual a la totalidad de la renta media disponible de un hogar español durante DOS AÑOS Y MEDIO[1]

Por tanto, sumando a los vencimientos de la deuda actual las nuevas necesidades, en los próximos ocho meses el Estado español debe conseguir que alguien le preste del orden de 400.000 millones de euros, importe equivalente a la tercera parte de toda la deuda que se ha acumulado en estos 45 años de cleptocracia (recuerden que Franco dejó a España con deuda pública prácticamente igual a cero, al igual que el desempleo, al igual que tantas cosas … pero eso no es objeto de este artículo).

Este descomunal esfuerzo de emisión de deuda, que no tiene parangón en toda la historia económica de España, debe hacerse -además- en un entorno de desplome de la economía nunca visto desde 1929, con muchos de los países de nuestro entorno teniendo también que salir al mercado a buscar dinero como sea y -lo que es peor- con nuestra nación dirigida por una pandilla de incompetentes fanáticos comunistas que cualquier inversor sensato sabe que van a hacer exactamente lo contrario de lo que habría que hacer en una coyuntura como la actual. ¿Quién nos va a prestar ese dinero? ¿Se lo prestaría Ud. a esta horda de sanguijuelas bolivarianas?

El único que nos puede salvar de la quiebra, el único que puede evitar que el Estado español llegue a incumplir sus obligaciones (que incluyen, entre otras muchas cosas, el pago de los sueldos de los empleados públicos, de las pensiones o del subsidio de desempleo) es el Banco Central Europeo, a base de darle a la máquina de fabricar euros. Pero claro, eso no es gratis, pues esa emisión extraordinaria de euros la pagan todos nuestros socios de la Unión Europea a través de la depreciación del euro frente a otras divisas y, eventualmente, a través de la inflación, circunstancias ambas que empobrecen en mayor o menor medida a todos los ciudadanos de la Eurozona.

Esa inyección extraordinaria de fondos es el famoso RESCATE, que no es un generoso y amable donativo a fondo perdido para que estas garrapatas cleptómanas hagan con él lo que quieran, sino que son PRÉSTAMOS que hay que devolver, con unas condiciones estrictas que hay que cumplir y cuyo cumplimiento estará controlado exhaustivamente por el prestamista.

Salvo una intervención divina, salvo un milagro que se recordará por los siglos de los siglos, que pasa por la salida inmediata de estos facinerosos del Gobierno de la Nación y la formación de un gobierno de Salvación Nacional compuesto técnicos apartidistas sin ningún interés en robar ni en perpetuarse en el poder, lo que desgraciadamente me temo que no va a ocurrir, estamos irremisiblemente abocados a un RESCATE.

Si están Uds. de acuerdo conmigo en que el rescate es inevitable también deberán estar de acuerdo en que CUANTO ANTES MEJOR.

Cada nuevo día que estos ‘desgarramantas’ están al timón de este gigantesco trasatlántico que es la economía española, que se dirige a toda máquina hacia un enorme iceberg que provocará su hundimiento, la situación económica en nuestra Patria será peor y peor y el rescate será más duro, más largo y más doloroso. No tengo dudas, no creo que nadie las tenga, de que estos descerebrados no van a tomar ni una sola decisión que vaya en la dirección correcta: dispararán el gasto público, o mejor dicho el despilfarro público, con medidas populistas que no sirven para reactivar la economía, sino todo lo contrario (recuerden el surrealista Plan-E del infame Rodríguez Zapatero); subirán indiscriminadamente los impuestos, estrangulando aún más a los trabajadores, a los autónomos y a las empresas; nacionalizarán empresas; regularán los precios (desabastecimiento garantizado), etc., etc. Las viejas e infalibles recetas del comunismo que han arruinado y siguen arruinando a millones de seres humanos.

En cambio, cuando la famosa “troika” se haga con los mandos, condición sine qua non para abrir el grifo del dinero que nos salvará de la ruina, la capacidad de estos bandoleros para dilapidar los fondos del Estado se verá reducida a la mínima expresión. Los prestamistas no van a permitir que usen su dinero para regalárselo a centenares de chiringuitos afines (14.000 millones de € en subvenciones de difícil o imposible justificación en 2018), ni para que compren voluntades mediante “rentas mínimas universales” que solo llegarán a quien ellos quieran, ni en “transiciones ecológicas”, ni en “políticas de igualdad de género”, ni en casoplones en Galapagar, ni en decenas de miles de liberados sindicales que no son capaces de arrimar el hombro ni en situaciones de emergencia extrema como la que hemos vivido, ni en colocar a familiares, compañeros y amigos engordando la nómina del Estado, ni en regalar decenas de millones de euros a sus serviles medios de comunicación y tantísimos otros descabellos que estamos viendo, y los que nos quedarían por ver.

El rescate va a ser duro, muy duro. Incluirá la bajada del sueldo de los funcionarios, una reducción drástica de la nómina del Estado, afectará a las pensiones, a las prestaciones por desempleo y resto de prestaciones sociales, a los salarios, a nuestros ahorros, etc., etc. Olvídense por una larga temporada del Estado del Bienestar. Pero más duro será cuanto más tarde ocurra. Tenemos que pasar por una cura de desintoxicación y de adelgazamiento salvajes, pero más salvaje será cuanto más intoxicados y más gordos estemos. Y el nivel de intoxicación y obesidad al que nos pueden llevar estos gobernantes aciagos es inimaginable. Estos insidiosos lunáticos son un cáncer, un cáncer terrible, y cuanto más tardemos en extirpar ese tumor maligno más se extenderá este por los diferentes órganos vitales, llegando un día que -si nadie hace nada- la metástasis será irreversible y nos provocará inevitablemente la muerte, en este caso en forma de miseria, desesperanza y dolor.

Y, afortunadamente, en esas circunstancias será inevitable (incluso para estos forajidos) una convocatoria electoral que, ojalá, borre para siempre del panorama institucional de nuestra Patria a esta gentuza. ¿Recuerdan lo que pasó en Grecia con sus malechores particulares, los Tsipras, Varufakis y demás, tan admirados por el “chepas” y sus acólitos? Pasaron a la historia, a una de las páginas negras de la historia de aquel país. Bendito sea Dios.

Y, por qué no soñar despiertos, quizás también de ese shock tremendo que va a suponer el rescate salga una nueva Constitución, que subsane los infinitos errores de la nefasta Constitución de 1978 -que no voy a listar porque necesitaría el periódico entero-, que nos permita afrontar el futuro con garantías y, sobre todo, que impida que en España vuela a ocurrir lo que viene ocurriendo desde que Sánchez usurpó el poder.

Recemos, por tanto, con todas nuestras fuerzas para que NOS RESCATEN CUANTO ANTES. Y que Dios nos coja confesados.

 

[1] La familia media española es de 2,6 miembros y la renta media disponible anualmente son 32.929 €. Fuente: INE