“No herir ni matar a nadie

 

El bandolero madrileño más famoso y que ha entrado en la élite legendaria al lado de personajes tan reales y literarios como El Tempranillo, Curro Jiménez, Dick Turpín o Robin Hood, es Luis Candelas Cajigal o Luis Álvarez de Cobos, nombre este último con el que se paseaba por la Corte como hacendado proveniente del Perú.

 

Se le ha considerado siempre como un bandolero de ciudad, aunque realizase algún robo con su banda extramuros de Madrid; muy diferente a los que actuaban en Sierra Morena, hasta el punto que está definido como “elegante, sutil y refinado”, y muy diestro en el arte del truco y de la artimaña para hacerse con el botín deseado sin usar navaja u otro tipo de arma, aunque

 

Es el menor de tres hermanos, hijo de un carpintero - ebanista, nace en la calle del Calvario del castizo barrido de Avapiés (Lavapiés), en febrero o marzo de 1804. Sobre la fecha de nacimiento hay una cierta discrepancia, y Antonio Espina (1894-1972), autor de una biografía de Luis Candelas, apunta “un día de marzo de 1806”. Según este mismo escritor, en el momento del nacimiento de Luis ya quedó marcado cual iba a ser su futuro.

 

Dice Espina que el maestro Candelas (padre) era muy supersticioso y que pidió a la comadrona que examinase minuciosamente al niño al nacer para ver si tenía alguna señal que marcase cual iba a ser su destino. Ésta afirmó haber visto debajo de la lengua una marca, una especie de aspa diminuta de color nácar. Esta señal, relata el biógrafo, sirvió a la comadrona para afirmar que “lo mismo puede ser de buen augurio que de malo. Si es de bueno, a lo mejor el niño va a resultar un santo. Pero si es de malo, lo mejor que podía pasarle era morirse o haber nacido muerto”.

 

Luis mostró muy pronto su naturaleza peculiar de mostrar un carácter indómito y muy soberbio, lo que hizo que se enfrentase con sus compañeros en los Estudios de San Isidro, de donde fue expulsado. Aunque trabajó en la carpintería de su padre, nunca le interesó pues prefería pasar más tiempo en la calle capitaneando a un grupo de muchachos del barrio manteniendo peleas contra los de otras zonas de la ciudad. Cuando contaba 14 años tuvo un encuentro con uno de los jefes de otra banda a navajazos al que hirió en la mejilla. Se trataba, ni más ni menos, que de Francisco Villena, más conocido como Paco el Sastre, quien más tarde formaría parte de la partida de Luis Candelas. Este hecho sirvió para acrecentar su fama.

 

Pendenciero y amigo de la juerga, entra en contacto con la noche madrileña y, sobre todo, con sus bajos fondos. Pronto entra en contacto con uno de los principales ladrones de Madrid, Mariano Balseiro, con quien traba amistad. Éste está en compañía de otros dos amigos de lo ajeno que más tarde formarán parte de la banda de Luis Candelas, se trata de Antonio y Ramón Cusó. Así mismo en una de las tabernas próximas al barrió de Avapiés vuelve a encontrarse con Francisco Villena, Paco el Sastre, a quien dejase marcado en la cara poco tiempo atrás, haciendo ambos jóvenes las paces. A su lado inicia su labor como ladrón, timador, atracador y bandolero.

 

En 1823 muere su padre dejando unos pequeños ahorros a la familia. La madre, ante la negativa de los hijos de hacerse cargo del negocio paterno, cierra la carpintería. El hijo mayor se encuentra viviendo en Zaragoza, ejerciendo el oficio de sastre, y el segundo trabaja en una hacienda de Torrejón de Velasco. Mientras tanto Luis se enreda cada vez más en los bajos fondos, hasta el punto de que ese año es detenido por “andar en compañía de gente sospechosa y malhechora” y condenado a catorce días de cárcel. Su madre, preocupada por la situación de su hijo y por el momento social en que se ve envuelta España por la lucha entre absolutistas y liberales, y las purificaciones ordenadas por el secretario de Gracia y Justicia, Francisco Tadeo Calomarde, gestiona la su salida de Madrid. Gracias a unos contactos, el futuro bandolero más famoso de Madrid, se convierte por un corto espacio de tiempo en un Agente del Fisco que va a recorrer diversas partes del país, visitará Alicante, La Coruña, y Santander. En esta última ciudad visita las tabernas de los marineros entrando en contacto con una gente sencilla que cuenta maravillosas aventuras, por las que se siente atraído.

Pero uno de los grandes males de Luis Candelas son las mujeres, incluso será esa atracción por la aventura amorosa la que le llevará prácticamente a la muerte, y por una de sus acciones con una dama santanderina se ve obligado a abandonar la población cántabra, regresando a Madrid

Pero uno de los grandes males de Luis Candelas son las mujeres, incluso será esa atracción por la aventura amorosa la que le llevará prácticamente a la muerte, y por una de sus acciones con una dama santanderina se ve obligado a abandonar la población cántabra, regresando a Madrid.

 

En 1825 aparece relacionado con el robo de unas caballerías y es condenado a seis años, siendo posteriormente indultado. De nuevo es acusado de robo, esta vez parece que ha sido denunciado por alguna de sus amantes a la que ha “birlado” las joyas. Es condenado primero a 19 días de prisión, y más tarde a seis meses. Por fin parece que en 1827 ha decidido sentar la cabeza, y contrae matrimonio en Madrid, trasladándose con su esposa, Manuela Sánchez, a Zamora. Pero pronto, muy pronto, se cansa de la vida conyugal, abandona a su mujer y regresa a la capital y a las andadas. Allí vuelve a encontrarse con los amigos de siempre en las tabernas próximas a los arcos de la Plaza Mayor: la del Cuclillo, la de Traganiños, cerca de la calle Jacometrezo, La Taberna de Jerónimo Morco, en la calle Mesón de Paredes, la cercana a Lavapiés del Tio Macaco y, la Taberna de la Paloma, en la calle Preciados.

 

El grupo perpetra un robo a un tal Goicorrotea y Azurmendi, por lo que es detenido en compañía de Paco el Sastre y de Antonio Cusó. La policía le abre su ficha, donde está reflejada la edad de 21 años que tiene en ese momento, que es cesante en el ramo de contribuciones, que tiene una estatura regular, de pelo negro, ojos del mismo color, boca grande y prominente, con dientes iguales y blancos, complexión recia y bien formado en todas sus partes. Así mismo se apunta que es hábil como “espadero”, es decir que sabe emplear la ganzúa para descerrajar las puertas, y “tomador de dos”, maneja bien los dedos para robar las carteras. Pero poco va a durar en la cárcel de El Saladero, ya que se las ingenia junto a sus compañeros para fugarse de la misma.

La suerte llama a su puerta y parece que de nuevo le da la posibilidad de comenzar una vida diferente. Su madre fallece y le deja una herencia cifrada en 62.000 reales. Pero la señal que tenía al nacer y que la comadrona había explicado de forma tan ambigua, vuelve a manifestarse por el lado negativo.

 

Se instala con todo lujo en la calle de Tudescos, y toma un criado a su servicio, comportándose como un hacendado que ha llegado proveniente del Perú. De hecho adopta un nombre nuevo, Luis Álvarez de Cobos. Y gracias a ello, al dinero y a su aspecto de indiano comienza a entrar en los círculos de la élite social madrileña, actuando con una doble personalidad: hacendado de mañana, ladrón y bandolero de noche.

 

De nuevo empleamos la biografía escrita por Antonio Espina, cuando alude a las formas que tenía Luis Candelas o Luis Álvarez de Cobos, para mantener su hacienda e incluso aumentarla, gracias a sus “extraordinarias aptitudes de ladrón”.

 

Apunta Espina que “Él modificó la técnica del robo. Dotado de rápida y sutil inventiva, supo practicarlo con fantasía y destreza, dándole ese toque especial, ese cachet que siempre pone en su obra un verdadero artista. Transformó la forma an licuada de los atracos, cometiéndolos en pleno día y en medio de los parajes más concurridos, e introdujo en el robo a domicilio importantes mejoras. Jamás empleó con sus víctimas más violencia que la estrictamente necesaria y evitó en absoluto la efusión de sangre. Fue el inventor del timo moderno. En los innumerables golpes que llevó a cabo, sobre todo en el periodo de mayor actividad de su vida (1827-1837), jamás necesitó quebrantar miembros ajenos, acogotar criadas, ni complicar, con torpes abusos o superfluas fracturas de muebles u objetos, su modus operandi.

 

El instrumental que siempre manejó es sucinto; para las operaciones domiciliarias, la palanqueta, la ganzúa, el mango (la poderosa), el berbiquí y la sierra de cadena. La linterna y la cuerda. Nada más. Para las operaciones en despoblado, el cachorrillo o la escopeta, el cuchillo y un par de pistolas. El arma blanca y las pistolas-de fabricación nacional-las llevaba también en la comisión de los robos urbanos. Pero no con intenciones de quirúrgico empleo, sino únicamente como elemento dialéctico de persuasión”.

 

Como Luis Álvarez de Cobos frecuenta durante el día los teatros y los cafés más importantes, como el Lorencino o la Fontana de Oro, donde estudia a sus posibles víctimas, miembros de la sociedad buguesa con la que se relaciona. Como Luis Candelas, convertido en jefe de la banda integrada por Mariano Balseiro, Antonio Cusó, Ramón Cusó, Juan Mérida, Leandro Postigo, José Sánchezel del peso”, Pablo Luengoel mañas” y Pablo Maestre, a los que se va a sumar Paco el Sastre, y que cuenta también con tres mujeres, Josefa, Colasa y Rosaria, se reúne en las tabernas populares próximas a la Plaza Mayor y a Lavapiés, sobre todo en la del “Cuclillo” en la calle Imperial.,donde prepara los golpes que va a dar a sus amigos burgueses.