Todos conocemos los tópicos inmobiliarios, “la vivienda nunca baja”, “los pobres venden”, “los ricos compran”, “el que tiene una casa tiene un tesoro”, o ese de “una casa vacía es una ruina”.

Hoy, en tiempos de rebrotes y pandemia, veremos cómo le podemos sacar partido a la gran casa familiar, una casa demasiado grande.

En estos tiempos convulsos tras el confinamiento, muchas personas se han dado cuenta que no están a gusto con su vivienda.

Se han lanzado a reformarlas o a construirse una piscina, se han dado cuenta que pueden en muchas ocasiones teletrabajar, vivir más cerca de la naturaleza, limitar el uso del vehículo privado y disfrutar de su familia. ¿Cuántas personas no habrían pagado por tener al alcance el campo, ese patio del pueblo (o una terraza) en su pisito?

Muchas de las viviendas de los pueblos, urbanizaciones y de la sierra, tienen grandes superficies de 200-400-600 m², sobre parcelas de más de 1.000 m², algo totalmente excesivo, por ejemplo, para una pareja de jubilados, con costes de mantenimiento desproporcionados.

LA REFERENCIA

En muchas ciudades universitarias existen programas para que los jóvenes estudiantes acompañen a abuelos que viven solos en casa a cambio de alojamiento y algunos recados como hacer la compra., consiguiendo un alojamiento de precio mucho más reducido que una residencia universitaria, un piso alquilado, o un colegio mayor, mientras cursan una carrera universitaria.

Así, se consigue una especie de ERASMUS intergeneracional que enriquece a ambas partes y genera vínculos de confianza y amistad, transmitiendo conocimientos de unos a otros. 

Y yo les propongo ¿Por qué no hacerlo en los pueblos?

Mi propuesta, en los pueblos y grandes urbanizaciones que se quedan vacías partes del año (salvo los fines de semana), y para suavizar el paso por los veranos cada vez más calurosos e inclementes en la ciudad, es aprovechar estas grandes casas para partirlas horizontalmente, verticalmente, reformarlas de manera que se puedan habitar y aprovechar por varias familiar, parejas o jóvenes.

Un amigo al que admiro de la universidad por su carácter emprendedor y por salirse continuamente de su zona de confort, se crio en un chalet en una zona residencial de Madrid, en la que su familia vivienda en la planta baja y que alquilaba el resto de plantas a jóvenes estudiantes nacionales y extranjeros.

Se consiguen ingresos extra para la familia y una riqueza cultural y de educación impresionantes para un niño, como si cursara múltiples ERASMUS (tal vez gracias a esa experiencia hoy trabaja en la empresa del correo electrónico y buscador más utilizados).

En este caso no se trata de montar un hotel internacional, si no de aprovechar un patrimonio muy poco o nada utilizado. 

LAS VENTAJAS

Habitar y reformar  las plantas bajas, bajocubiertas ó semisótano de estas viviendas, nos hace prepararnos para lo que nos viene de cambio climático, superar sin aire acondicionado temperaturas exteriores de 40ªC incluso en la Sierra, alquilar estos espacios da a las familias y pensionistas una fuente adicional de ingresos, un colchón financiero tan necesario después del esfuerzo que han realizado por sus familias en la anterior y presente crisis, y una salida de la ciudad al campo para tantas familias que lo necesitan, aprovechando lo existente, sin mayor ocupación del territorio con viviendas vacías. Una oportunidad de renovar nuestro envejecido parque inmobiliario con nuevos usos.

LA REFORMA

La reforma dependerá de cada vivienda, de cada uso previsto, su antigüedad, estado de conservación, cumplimiento de la normativa urbanística (no se admiten salones y dormitorios sin ventilación suficiente o sin una determinada altura libre) y hay que comprobar la posibilidad de segregar servicios, según las limitaciones normativas de cada ayuntamiento.

La separación de la parcela, sus accesos, el uso de la posible piscina (los propietarios saben que el coste más importante es el de mantenimiento) pueden compartirse y regularse mediante contratos entre las partes, y separaciones físicas que posibiliten un uso separado de estos espacios.

Una casa que no se habita (todo o parcialmente) es una casa que cuesta mucho dinero, los impuestos de IBI y basuras, los mínimos de electricidad o suministro de agua. Tenerla vacía podría considerarse un crimen, aunque creo que lo que debe perseguirse penalmente es la lacra de la okupación.

Una vivienda vacía es como un coche de los años 70, podemos encariñarnos con él, pero no lo usaríamos para ir al trabajo a diario por el coste prohibitivo de gasolina que tendría y la falta de confort y seguridad (dirección asistida, ABS, Airbags, aislamientos, averías,).

Una vivienda vacía, que puede compartirse y alquilarse separadamente, podría ser una opción para no deshacerse en estos tiempos de ese patrimonio familiar.

Nuevos usos para un patrimonio existen. Este patrimonio podría ser petróleo esperando que alguien lo descubra ¿Están dispuestos a jugársela para extraerlo?

Santiago Durán García

Arquitecto Técnico (UPM) MDI Máster En Dirección Inmobiliaria (UPM) EEM Gestor Energético Europeo (UPM European Energy Manager)

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