Villa Jordana. Protectorado Español de Marruecos.

Al amparo de la noche, en columna de a dos, los componentes del Tercer Tábor de Regulares de Alhucemas Nº 5, al mando de su comandante Joaquín Ríos Capapé, marcha camino de Villa Sanjurjo (hoy Al-Hoceima). En silencio, pasaron delante del Peñón de Vélez de la Gomera sin ser advertidos. Todavía es 16 de julio y son la primera unidad del Ejército sublevada contra el Gobierno de la República. Al día siguiente, la totalidad del Protectorado debe estar asegurado a la causa rebelde y las primeras unidades van tomando posiciones en los lugares clave. La guerra total acaba de comenzar.

Pamplona.

                  El activista monárquico Carlos Miralles ve a Mola y recibe la orden de partir a Somosierra con un grupo de amigos armados y apoderarse del puerto, como avanzadilla a las columnas de militares, requetés y falangistas que se están formando para marchar sobre la capital de España. Mola es consciente de que Madrid y Barcelona no se unirán al Alzamiento y habrá que tomarlas por la fuerza, pero considera de la máxima importancia la posesión y control de puntos clave, en particular los principales pasos de la Sierra Madrileña: El Alto del León y Somosierra. Aranda de Duero será el punto de convergencia de las distintas columnas que, por la carretera de Burgos, entrarán en Somosierra camino de Madrid.

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 Salida de Pamplona de Requetés. Su destino sería el puerto de Somosierra.

 

         Santa Cruz de Tenerife.

         Ha llegado la noticia de la muerte del Comandante Militar de Gran Canaria, general Amado Balmes, implicado en la conspiración, al recargar su pistola durante unas maniobras (tenía la costumbre de hacerlo de modo improcedente, apoyando el cañón del arma en la cadera) y el luctuoso hecho es la excusa perfecta para la salida de Franco, vigiladísimo por agentes del Gobierno, con destino a Las Palmas, donde le espera el avión Dragón Rapide para conducirle al Protectorado y ponerse al frente del Ejércto de África. El luctuoso incidente impide que tenga que abandonar la isla por las bravas. Incluso obtiene permiso del Subsecretario del Gobierno para presidir el entierro.

         Burgos.

         La llegada del Director General de Seguridad, Alonso Mallol, como medida del Gobierno en apoyo al general Batet, ha complicado y mucho las cosas para los conspiradores. Se habían producido registros y detenciones de militares de alta graduación (entre ellos el general González de Lara) sospechosos de estar involucrados y trasladados a Madrid en una de las siniestras camionetas de asalto, pero ante el temor de una emboscada en el puerto de Somosierra (se sospechaba que Mola podría ya haber enviado gente) optaron por ir a Guadalajara, donde los detenidos serían fusilados. Sin embargo, no pudieron efectuar la detención del coronel de caballería Marcelino Gavilán Almuzara, comprometido con la sublevación en Burgos, al estar en esos momentos fuera de la ciudad, en una finca de su propiedad, lo que le salvó la vida y resultó decisivo para el triunfo del Alzamiento en la ciudad castellana muy poco después, el mismo dieciocho de Julio. Las tropas con destino a Somosierra ya disponían de la ciudad clave: Burgos, donde esta vez sí se había conseguido la adhesión de la plaza con asombrosa facilidad. Al general Batet le esperaba el mismo destino que los detenidos que él mismo había enviado a Guadalajara.

         Madrid.

         La ciudad está en calma. A pesar de que el Gobierno ha suspendido a los periódicos de derechas, prohibiendo tajantemente hablar del asesinato de Calvo Sotelo, mientras que los de tendencia izquierdista cubrían al Gobierno. Las acostumbradas detenciones preventivas de monárquicos y falangistas, por lo que pudieran hacer, parecen haber conseguido el efecto disuasorio que busca el Presidente del Gobierno, Casares Quiroga. El miedo se ha adueñado de la ciudad. Las iglesias, prácticamente vacías a pesar de ser el día del Carmen, han permanecido abiertas, celebrando los últimos oficios en los próximos mil días. Seguro de sí mismo, Casares ha mantenido una dilatada entrevista con Manuel Azaña, Presidente de la República: Todo está bajo control y la esperada sublevación militar (están al corriente de la conspiración) va a ser aplastada sin problemas. Ufano de su estrategia, Casares Quiroga da por finiquitadas las derechas en España, a pesar de que Gil Robles no pudo ser detenido por encontrarse en Biarritz, y espera impaciente la amputación del sector más rebelde y conservador del estamento militar. La Motorizada ha hecho bien su trabajo, los comités de los sindicatos anarquistas y de izquierda, con el apoyo de la Guardia de Asalto, son dueños absolutos de la calle. Azaña le escucha en silencio. “Este fanfarrón ignora que las derechas católicas son la mitad del país”, piensa para sus adentros. Sin embargo, se muestra optimista. La decisión de “triturar al Ejército”, uno de sus más anhelados deseos, podría por fin estar en su recta final. Esa derecha tradicional, conservadora y católica, va a quedarse huérfana en cosa de pocos días. Y axfisiar a la Iglesia, otro de sus grandes sueños como miembro destacado de la masonería, será pan comido una vez liquidada la sublevación militar. “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano” había manifestado años atrás, recién instaurada la República, durante los primeros ataques y expolios contra la Iglesia Católica, justificando así la pasividad del Gobierno. Mientras cena copiosamente en la mesa del despacho, con gula desbordada, viva imagen del Neptuno devorando que pintó Velázquez, escucha de Casares las próximas medidas a tomar. Más ceremonioso y frugal, el Presidente del Gobierno ha encendido un habano que manosea con fruición. Hace calor, muco calor, aquella noche de Julio. Por las ventanas abiertas, el aire recalentado de la calle les trae el tañido de alguna campana, anunciando alguna novena a la Virgen del Carmen.

  • Que toquen, que toquen... comenta, como en un monólogo, el presidente Casares, estirando media sonrisa, en un gesto bien conocido en las Cortes.

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Santiago Casares Quiroga, presidente del Gobierno.