La historia del niño de Somosierra es una de esas historias que todos conocemos, sobre las que todos hemos leído, y sobre las que nunca nos cansamos de leer.

El niño de Somosierra es Juan Pedro Martínez Gómez. Tenía 10 años cuando, en junio de 1986, montó en el camión familiar acompañado de sus padres, con dirección a Bilbao. El camión transportaba más de 25.000 litros de ácido sulfúrico. La presencia de Juan Pedro en el viaje era una recompensa por las buenas notas que había obtenido ese curso.

El viaje transcurrió con normalidad (o al menos no hay constancia de lo contrario) desde Murcia, donde la familia de Juan Pedro residía, hasta el puerto madrileño de Somosierra. Poco antes de llegar al referido puerto, comenzaron los problemas. Según el tacógrafo del camión, en apenas quince kilómetros realizó doce paradas. Los ocupantes de varios vehículos que circulaban en sentido contrario confirmaron a la Guardia Civil que se habían cruzado el camión, y que éste circulaba a gran velocidad, invadiendo el sentido contrario en múltiples ocasiones.

En un momento dado, el padre de Juan Pedro perdió el control del camión, sufriendo un brutal accidente. Cuando la Guardia Civil llegó al lugar del siniestro, la escena era dantesca. Encontraron los cadáveres de los padres, ácido sulfúrico que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso, objetos que claramente pertenecían a un niño… pero ni rastro de Juan Pedro. La abuela de Juan Pedro confirmó a los agentes que el niño también viajaba en el camión, lo que les llevó a inspeccionar a fondo el lugar del accidente, sin éxito. Se barajó la posibilidad de que Juan Pedro pudiese haber quedado totalmente disuelto entre el ácido sulfúrico, pero los expertos lo descartaron.

La familia de Juan Pedro organizó una intensa labor de búsqueda. Gran parte de España se llenó de carteles con una foto del niño de Somosierra haciendo la comunión. Pero Juan Pedro nunca apareció.

Varios de los conductores que se cruzaron con el camión a lo largo del puerto de Somosierra informaron a la Guardia Civil de que detrás de él circulaba, también a gran velocidad, una furgoneta blanca. Además, dos pastores que presenciaron el accidente aseguraron que la furgoneta se detuvo en el punto en el que se encontraba el camión siniestrado, y que de ella se bajaron dos personas que revisaron la cabina y, tras recoger un bulto, volvieron a subirse a la furgoneta y abandonaron el lugar.

Se publicaron muy diversas teorías sobre el paradero de Juan Pedro, pero ninguna de ellas estaba soportada por evidencias contundentes. Lo sucedido en el puerto de Somosierra aquella noche del 24 de junio de 1986 era un absoluto misterio.

Un año después del accidente la Guardia Civil revisó la cisterna del camión a petición del Juzgado que instruía el asunto -aparentemente a nadie se le había ocurrido hacerlo hasta ese momento- y descubrió un bulto que contenía heroína. El hallazgo llevó a pensar que tanto el accidente del camión como la misteriosa desaparición de Juan Pedro debían de estar relacionados con el narcotráfico. Sin embargo, nunca llegó a determinarse cómo había llegado a parar la heroína a la cisterna del camión, ni cuál era la relación -si es que había alguna- de los padres de Juan Pedro con el tráfico de drogas.

Más de treinta años después de aquella fatídica noche de junio, el paradero del niño de Somosierra continúa siendo uno de los mayores misterios de la crónica negra española.

FUENTE:http://www.readcat.org/espana/sucedio-nino-somosierra/