He visto, en estos últimos días, como el debate se ha puesto de moda con motivo de las elecciones madrileñas.  Y voy a comentar algo. Partiendo de la base de la necesidad de una Justicia Social en España, podría parecer que los impuestos altos son obligatorios.  Pero...¿ de que sirve que los servicios sociales estén bien surtidos si carecemos de lo fundamental, un buen puesto de trabajo?
 
Los emprendedores necesitan tener dinero y recursos a su disposición para reinvertir en I+D y que las empresas no se queden obsoletas. Si los saqueamos, no disponen de ese necesario capital de reinversión y al no modernizar sus emprendimientos pierden competitividad, con el resultado del cierre patronal y que un buen montón de trabajadores queden en la calle. 
 
Por ello, los impuestos son necesarios, pero en su justa medida. El estado debe promover obra pública útil, y atender a los más desfavorecidos, pero esto no debe de servir de excusa para el expolio y el saqueo. Quiero decir con todo esto que lo mejor que se puede hacer por el pueblo y sus clases medias es promover el desarrollo económico e industrial.  Garantizar que cada español tenga su puesto de trabajo. Esta es la verdadera Justicia Social.  Y a partir de ahí ver que recursos son con los que cuenta el estado y ponerlos a funcionar.
 
Por supuesto que no en alimentar chiringuitos ideológicos, ni gastar en gastos superfluos de lujos asiáticos para la numerosa tropa de políticos y demagogos que tenemos que sufrir. El gasto debe ir a promover planes de desarrollo y a los servicios sociales. Si hay muchos empleadores y trabajadores cotizando los ingresos serán los suficientes, sin necesidad de elevar los tipos impositivos ni de saquear a nadie.
 
Creo que he dejado claro lo que quiero decir, el dinero debe estar en manos de las mentes creativas, para sacar sus ideas adelante, y en manos de los ciudadanos, para que puedan consumir. Si nos empeñamos en exprimir la ubre de la vaca, esta al final se queda exhausta, y no se trata de eso.
 
Así que la Justicia Social es un principio que debe estar presente en el hacer de todo gobierno moderno. Pero la principal fuente de Justicia Social es el puesto de trabajo. Todo lo demás son excusas para el latrocinio. Sin trabajo no hay libertad ni felicidad en los hogares, con el consiguiente riesgo de aumento de peleas y malos tratos. Una vez que todo español disponga de un puesto de trabajo fijo, se puede empezar a discutir cuanto es lo que necesita el estado y como gastarlo.
 
Con seis millones de parados y legiones de inmigrantes cobrando subvenciones no se puede hacer nada. Todo lo más expoliar al emprendedor para gastar inútilmente ese dinero. Por ello no se pueden admitir más inmigrantes que los necesarios, y que los parados produzcan también, en la obra pública útil o en el campo, donde son más que necesarios.
 
Hay que dar la vuelta a la economía española como a un calcetín, en aras de la reindustrializacion de España. Y para ello los impuestos han de ser bajos y acabar con los saqueos. Sobre todo con el fatídico impuesto de Sucesiones y donaciones, guillotina de tantas ilusiones y de tantos proyectos cortados de cuajo. Pues si no podemos dejar nuestro dinero o patrimonio a quien nosotros queramos, ¿qué ilusión vamos a tener en producirlo?
 
La igualdad, llevada a extremos inhumanos, no produce más que el fin del talento y con esto el fin del desarrollo económico y social.  Esto es así. Un país moderno no puede permitir que sus ciudadanos pasen necesidades, pero de esto, a favorecer la vagancia mediante la emasculación del talento hay una distancia considerable que conviene respetar.
 
Y los impuestos deben ser más bajos aún en las zonas con despoblación, para canalizar las empresas hacia estos lugares tan necesitados de reindustrializacion y de repoblación.  
 
Esto es así. La Justicia Social siendo supernecesaria, no puede servir de excusa para darle alas al igualitarismo, ni al saqueo de nuestros más audaces y mejores hombres. Ya está bien. Solo nuestros empresarios podrán competir di tenemos los impuestos bajos y las energías baratas. Lo demás son milongas y demagogias. Una vez puesto en marcha el motor de la economía del país, se produciría una avalancha de cotizantes de los cuales saldría el dinero necesario para los gastos del estado. Pero nunca se debe axfisiar a los productores, pues ellos son los que crean riqueza y puestos de trabajo.
 
Creo que he dejado claro mi pensamiento.  Me horroriza ver a la gente pidiendo por la calle mientras que estamos asfixiados a impuestos.  ¿En que narices se gastan el dinero nuestros progres? En todo lo que es inútil e ideológico. Nada en lo que es útil y productivo. Esto no puede continuar así.
 
Llamo pues a la revolución Nacional-Sindicalista, para otorgarle a España la verdadera Justicia Social.  La de un puesto de trabajo digno, no la del subsidio inútil. Con todos cotizando habrá dinero de sobra para ayudar a los desfavorecidos. Pero lo primero es poner en marcha los motores de nuestra economía de una vez.
 
Acabo aquí, voy a echar un poco de herbicida a mis trigales. Sabiendo que si mis impuestos fuesen menores, tendría recursos para renovar la explotación con nueva maquinaria, y poner nuevos cultivos para luchar contra la despoblación.  Con el sistema actual simplemente sobrevivo mientras los tractores y remolques se quedan obsoletos y de nuevos cultivos ni poder hablar.
 
Por que con 54 años que tengo me niego a entramparme para el resto de mi vida. Y que si me pasa algo todo el fruto de mis esfuerzos y trabajos vayan a parar a los bancos y a Hacienda. Así que opto por una contabilidad muy conservadora que solo me da para vi ir austeramente.
 
Si tengo suerte con mis libros y mis discos emprenderé esas tareas que me hacen tanta ilusión. Pero si no no. Espero que con todo este rollo que les he contado haya quedado claro el porqué hay que bajar los impuestos para impulsar la economía nacional. Yo lo tengo claro, espero que ustedes también.