He titulado redescubrir y no repoblar, o revitalizar, o resurgir, porque esta tarea tiene mucho de descubrimiento de unos valores que caracterizan a unas tierras todavía ignotas para muchos ciudadanos de hoy, al mejor estilo de lo que llevaron a cabo aquellos extremeños, castellanos, vascos, etc en tierras del entonces ultramar. Luego vendrá, o no, el resurgir, repoblar y demás infinitivos que queramos aplicar.

La crisis sanitaria y la crisis económica nos ha dejado dos cosas claras: que el confinamiento en el campo es mucho más llevadero y que el campo, lo rural, nos protege más y mejor del virus maldito y de las crisis económicas porque al menos tenemos algo que llevar al puchero cotidiano. Todo ello, sin entrar en otras categorías más elevadas de calidad de vida, salubridad y lo que antaño se decía del aire puro y fresco.

Sobre la índole del problema de lo rural: ¿qué fue antes el huevo o la gallina?

Solemos poner el foco en la despoblación y por ende en sus efectos territoriales, pero solemos olvidarnos del pecado original que es de índole económica. Es cierto que sin población no hay recuperación rural, pero para que se den ambas es imprescindible una base económica  suficiente.

Sin actividad económica previa, sin producción que vender que se transforme en ingresos para los residentes en estas zonas deprimidas, no es posible primero atraer y luego fijar población. Hoy día y máxime consecuencia de esta crisis, una parte de los "repobladores" que podríamos denominar como aquellos colonos "pioneros" del lejano oeste de las películas, serían los jóvenes teletrabajadores, que actuarían a la vez de dinamizadores de la nueva economía y cultura rural.

Para mi, más que un problema territorial, la despoblación rural es la consecuencia de un problema económico y baja productividad secular del campo español, que ha derivado en un problema territorial y no el único, aunque sí el más perceptible. Para solucionar el problema es necesario atacar su causa principal.

En España, la revolución industrial, mejor la industrialización, fue escasa y tardía, frente a la de países europeos de tradición anglosajona y calvinista. Sólo en la segunda mitad del s.XIX y primeros años del s. XX se lleva acabo una industralización sidero metalúrgica, minera y textil de cierto calado y el ferrocarril se va expendiendo, bajo un esquema centralista, hacia las zonas más industrializadas.

Mientras, el campo con muy bajas productividades y prácticas y manejos medievales por no decir neolíticos, sostenía una población excedentaria y en general bastante depauperada. Ello provocó el estallido de una primera emigración a las antiguas provincias de ultramar, más tardíamemte a Argentina, Uruguay, Venezuela, etc.

Pero la emigración masiva del campo fue la emigración que se produjo a partir de los años 50 a las principales capitales fabriles y las que ya se perfilaban como centros administrativos y de servicios y a Europa (Alemania, Francia, Suiza, etc).

De ahí, se derivó un problema territorial, agravado por otra circunstancia: que la falta de mano de obra que provocó la emigración rural tardó al menos dos décadas en ser suplida por una tecnificación y la aplicación de tecnologías agrarias de forma insuficiente. Solo tardíamente se empezaron a aplicar en el levante español y en los regadíos que posibilitó la política hidráulica de los gobiernos de Franco.

Yo prefiero no hablar tanto de la despoblación como un problema territorial, sino de enfrentar el grave problema económico rural como única solución para un efectivo y duradero repoblamiento rural.

¿Planificación o mercado?

La planificación económica fracasó con el franquismo y la territorial con la transición y la partitocracia. Según mi criterio, las acciones públicas sólo deben actuar a modo de detonadores e impulsoras de las actividades productivas y soy más partidario de actuar mediante medidas fiscales incentivadoras, dotación muy selectiva de equipamiento social y vaciando de competencias y recursos a las autonomías para traspasarlos al último escalón, ayuntamientos y mancomunidades.

Las subvenciones públicas, sólo las necesarias, destinadas a proveer políticas selectivas de equipamiento y para el despegue de proyectos cuantificables, según lo dicho, dirigidos por la iniciativa privada. En definitiva, colaboración pública privada bajo un papel subsidiario de lo público. La planificación pública, la historia lo demuestra, no lleva a ningún sitio.

Imprescindible para acometer el problema: un nuevo mapa municipal con una reducción drástica de ayuntamientos

Lo primero, primerísimo que hay que hacer para llevar a cabo actuaciones públicas y de mercado sobre el espacio rural es una drástica reducción y agrupación de municipios con criterios de homogeneidad que reduzca los más de 8.200 de la actualidad, a no más de 2500-3000, a fin de dotarlos de capacidad financiera suficiente y de economías de escala. En segundo lugar, potenciar el mancomunalismo entre estos nuevos municipios para suprimir gasto disperso, concentrando servicios y simplificando los canales administrativos de cara al ciudadano.

Sobre la selección y zonificación de áreas despobladas.

Previamente hay que distinguir dos cosas:

Una cosa es la diferente tipología de las áreas rurales (no sólo despobladas) que a mi juicio debe hacerse en base a la homogeneidad y vocación productiva de comarcas naturales (de bosque -de montaña y alta montaña-, ganaderas, secano de base cerealística, dehesa, regadío, hortofrutícolas, etc) que tienen bases productivas diferentes y requieren de distintos tamaños de explotaciones y distintas técnicas agrarias, etc.

Otro tema diferente, es la unidad de intervención que debe ser la agrupación supramucicipal y el mancomunamiento de servicios y canales de comercialización de las distintas producciones, dentro de cada espacio comarcal natural, qie ya hemos mencionado.

Por lo tanto, a mi me parece que una zonificación de AD debe tomar como punto de partida las comarcas naturales sobre la base administrativa de la nueva municipalización. No deberían tener por qué obedecer a límites provinciales, aunque sería conveniente respetasen los autonómicos. Insisto, en que muchas competencias autonómicas relacionadas con el desarrollo rural, equipamientos, acción social, etc deberían ser transferidas a los ayuntamientos. El órgano admvo coordinador podría residir en la Federación de Municipios y Provincias.

Algunos retos a acometer: Qué hacer y cómo, acciones de más a menos fáciles de llevar a cabo

1. Una nueva base municipal (concentración)
2. Zonificación en base a homogeneidades naturales y productivas.
3. Concentración de servicios y equipamientos en cabeceras
4. Concentración de unidades productivas de cierto tamaño y escala
5. Incentivos fiscales y financieros a la producción
6. Comercialización de la producción mediante canales directos, además de las cadenas de distribución convencionales.
7. Traspaso de competencias de las autonomías a los macro municipios (resistencias políticas)
8. ( Lo muy difícil) Recuperar base poblacional suficiente y joven.

¿Puede ser esta crisis una oportunidad para paliar el despoblamiento y potenciar la producción rural?

Yo opino que sí. Un efecto positivo que podría tener esta crisis sanitaria y económica podría ser el regreso al campo de personas jóvenes que de otra manera se verán abocadas al desempleo, mediante incentivos, políticas de alojamiento mejorando el parque inmobiliario municipal y la potenciación de explotaciones familiares, agrupadas en unidades más grandes (cooperativas).

Esta crisis ha demostrado dos cosas: una, que el teletrabajo es posible en un porcentaje mucho más alto del que el que hasta ahora se ha venido practicando y dos, que también es posible una escuela y una instrucción telemáticas, complementaria de una presencial más reducida. Sólo se necesitaría ampliar y mejorar la cobertura espacial y la robustez telemática de estas zonas.

También esta crisis ha contribuido a crear y valorar en la población la importancia de poder acceder sin trabas a un abastecimiento alimentario natural, barato y de cuño familiar.

Otro tanto puede decirse de las ventajas de olvidarse de las aglomeraciones y atascos cotidianos de las grandes ciudades y poder desarrollar un transporte cómodo y rentable en tiempo y dinero.

Quizá estemos en el umbral de la quiebra de un modelo urbano agotado en si mismo que ha mostrado que las economías de aglomeración se pueden tornar no ya en deseconomías sino en una catástrofe planetaria porque un virus se haya escapado de un laboratorio.

Estas son, al menos, sólo algunas cosas positivas que nos ha enseñado y enseñará la crisis que pueden crear y fomentar una conciencia social de retorno al campo para hacer frente a un modelo globalizado cada vez más injusto, vulnerable, frágil y con poco  futuro.