Las recetas económicas del Gobierno del Reino de España no pueden ser más descerebradas para afrontar el desastre que se nos viene encima. Parece que más que evolucionar involucionamos, es decir, caminamos hacia la economía de la edad de piedra. No creo que en ninguna facultad de Ciencias Económicas, o  en algún centro de estudios financieros que se precie de seriedad y solvencia, acepten las propuestas “iluminadas”, poco imaginativas, de los diseñadores de la actual ingeniería financiera española. Desde luego que en el modelo occidental avanzado no va a ser la referencia a seguir. Una economía asistencial, intervencionista y desmelenada en el gasto, a troche y moche, no tiene ninguna aceptación en el mundo de las finanzas. Los riesgos de quiebra son más que evidentes  y la fragilidad aumenta exponencialmente. Una empresa, en estas mismas circunstancias, ya habría echado el cierre hace tiempo. No habría fiadores, ni fuentes de financiación posibles.

¿Cuáles son esas recetas? Dos básicamente: elevar el techo de endeudamiento hasta los 200.000 millones de euros y, efectuar políticas de depredación fiscal. Todo lo contario de lo conveniente para la recuperación de la salud económica. El suicidio económico asistido es el calificativo que se puede aplicar a tales medidas.  Así de claro y así de expeditivo. Lo verdaderamente saludable sería hacer todo lo contrario: reducir el gasto corriente y, reducir la presión fiscal directa e indirecta.

Hablemos de la deuda pública actual. Los ingresos se sitúan alrededor de los 200.000 millones de euros. A consecuencia del incremento del paro y del cierre de empresas, la cantidad recaudada será menor. La cantidad adeudada, correspondiente al segundo trimestre del año en curso, asciende a 66.088 mil millones de euros, siendo la cantidad acumulada 1.290.657, es decir, un billón doscientos noventa mil seiscientos cincuenta y siete millones de euros. Han leído bien. Representa el 110,1% del PIB nacional que, en 2019, era de 1.244.757M de euros, un volumen inferior al de la deuda y, lo que es peor, en progresión negativa. Esto es una auténtica salvajada. No olvidemos los intereses que se generan y las escasas expectativas de pronta recuperación, a corto y medio plazo, que se pronostican. Cada vez nos parecemos más a las economías más atrasadas que, en no pocas ocasiones, se han declarado insolventes, incapaces siquiera de poder hacer frente al pago de los intereses generados.

En cuanto al déficit, que  es el origen de la deuda, se ha disparado, durante el primer semestre del año, a un 4,36%. Menos ingresos y más gasto es lo que quiere decir. En el primer trimestre, antes de la pandemia, era de un -10.547 millones de euros (-0,94% del PIB); en el segundo trimestre creció de manera descontrolada a -72.136 millones de euros (-6,45% del PIB). Cuanto más crezca el PIB más se reducirá la ratio deuda/PIB. Este escenario no se contempla en absoluto para el segundo semestre y, por las medidas anunciadas, el ejercicio correspondiente al 2021 tampoco nos ofrece confianza. Está ocurriendo todo lo contrario, al estancarse el PIB, la ratio y la deuda se disparan. No me lo invento, es fácil de entender: menos ingresos y más gasto suponen déficit y, el déficit supone deuda. Así de claro, lo que me molesta es que se quiera engañar maquiavélicamente a los contribuyentes, a los españoles.

Otro engaño y manipulación es el de apuntar el presunto “rescate” de Europa. Las ayudas comunitarias, que ascienden a 140.000 millones de euros, se cobraran durante los próximos siete años. Hasta ahora solamente han llegado 20.000 millones. No se trata de un regalo sin más, hay cantidades que rembolsar y exigencias de reformas y rigor contable. Esto quiere decir que se debe disciplinar un control que, en estos momentos, está totalmente desbocado. En este sentido, de manera urgentísima e inmediata, se debe afrontar una profunda reforma de la administración del Estado, auténtica devoradora de recursos públicos limitados y que está verdaderamente sobredimensionada y aquejada de gigantismo. Pero lo lamentable es que se dilapidan recursos en conceptos poco convenientes y, por el contrario, no se efectúan en capítulos imprescindibles, como la Sanidad Pública. En Europa se echan las manos a la cabeza contemplando la elefantiasis que padecemos. No existe racionalización en el gasto corriente, ni eficiencia en los desembolsos multimillonarios malgastados.

Así pues, no se trata de incrementar la presión fiscal en momentos de debilidad y precariedad. La máxima es la de ajustar los gastos a los ingresos. No se puede gastar lo que no se tiene, tampoco alimentar la deuda contrayendo más deuda. La austeridad y la sobriedad deben prevalecer sobre el alegre dispendio. La deuda de hoy endeudará a las generaciones venideras. Esto es in asumible y está condenando a la ruina al futuro de España. 

Por lo pronto, por el mero hecho de la supervivencia, la economía sumergida aflorará con fuerza, y la huida de capitales es un riego serio. Se penaliza el ahorro, se castiga la inversión en planes de pensiones, se intimida a la inversión con afán de lucro, se retrae el espíritu emprendedor y , sin horizontes de esperanza, no se atrae al capital extranjero y se provoca, de forma inexorable, la descapitalización de recursos humanos. Muchos jóvenes y profesionales, sin expectativas de futuro, o tranquilidad laboral, deciden hacer las maletas y marcharse a países más confortables.

¿Qué decir de paro? Nuestras tasas son brutales. Con fecha de agosto alcanzábamos un 16,2%, y creciendo. Los datos para los menores de 25 años son demoledores. Un 43,9%, frente al 14,5% de tasa de los mayores de 24 años. Está claro que se deben articular medidas que fomenten el empleo joven. Un cambio cultural se debe promover paralelamente, no se puede aceptar que jóvenes en edad legal de trabajar no lo hagan, se pierden efectivos y contribuyentes de los que no se puede prescindir. Además, el aumento de la esperanza media de vida supondrá un envejecimiento demográfico, exigiéndose más años de cotización para acceder a la edad de jubilación.  También, desde el punto de vista poblacional, se deben estimular políticas de fomento de la natalidad y leyes de apoyo a la familia. Pues bien, nada de esto se está haciendo y, con fuegos de artificio distorsionadores de la realidad, tampoco está previsto que se haga.

Las políticas económicas del gobierno de Pedro Sánchez y sus “comités de expertos” nos están llevando a la ruina. Se hace lo contario de lo que se debería hacer.

Un suicidio económico asistido en toda regla son los planes que se desarrollan, se defienden y se ponen en marcha. Barra libre de gasto, saqueo fiscal, destrucción del estado de bienestar y, con profundo descaro, hablan de una economía  y una justicia social triunfante ¡Qué desvergüenza! ¿Qué pasa con las colas del paro? ¿Acaso no ven las colas del hambre? Esto no hay economía, ni sociedad que lo aguante ¡¡¡ESPAÑA DESPIERTA!!!