A la vista de los datos facilitados por el Ministerio de Sanidad, y sin necesidad de hacer ningún sesudo estudio epidemiológico o estadístico, creo que se puede afirmar sin pecar de voluntarismo que el maldito Covid-19 está controlado y, probablemente vencido. El numero de contagiados crece ya a tasas por debajo del 5% diario, y bajando (a principios de marzo crecía al 40% diario), el número de fallecidos también baja tanto en valor absoluto como en proporción a los contagiados, la presión hospitalaria ha descendido de modo significativo, etc.

Durante esta catástrofe hemos aprendido muchas cosas sobre el virus, de las que yo destaco tres:

  • El ataque del virus, y sus efectos, se concentra en las personas de más edad. Con datos del ministerio de Sanidad, entre la población de menos de 70 años ha habido 266 casos “confirmados” por cada 100.000 personas, mientras que entre la población de 70 años o más ha habido 815 casos por cada 100.000, esto es, el triple. Y entre los contagiados en cada grupo de edad, el 25,6% de los contagiados “confirmados” de 70 años o más han fallecido, mientras que solo lo han hecho el 2,0% de los contagiados de menos de 70 años. Es verdad que hasta el viernes día 10 habían muerto por Covid 2.138 personas de menos de 70 años, que es un drama (una sola muerte es un drama), pero afortunadamente es un fallecido por cada 18.700 ciudadanos de ese grupo de edad, frente a un fallecido por cada ¡480! ciudadanos de 70 años o más.

  • Salvo raras excepciones, parece que esta enfermedad, si no te mata, no deja secuelas físicas ni mentales. El riesgo real es que te mate, si no te mata te pasas unos días en el hospital o en tu casa, las pasas canutas con fiebre, tos y dificultades respiratorias, pero todo vuelve a la normalidad.

  • Las medidas higiénico-sanitarias y de “distanciamiento social” funcionan, y además son sencillas: mascarilla, guantes, gel desinfectante y mantenimiento de una distancia mínima de 1,5 o 2 metros; y todo el mundo las conoce ya. Esto no es, afortunadamente, ni el evola, ni la viruela ni la peste negra.

El grupo de malhechores que ocupa el gobierno de España decretó el Estado de Alarma el pasado 14 de marzo y esta semana ha obtenido aprobación para prolongarlo hasta el 25 de abril, decretando, entre otras medidas, la práctica paralización de toda la actividad económica, paralización que se aumentó a partir del día 6 de abril con el cese de todas las actividades no consideradas “esenciales”

Ahora que está controlada la enfermedad, y ahora que todo el mundo conoce las medidas higiénico-sanitarias de protección, creo que es urgente hacer una cuenta (un “trade off” que dicen los angloparlantes) que es terrible pero imprescindible.

El objetivo de “muertos cero” es inalcanzable, siempre habrá algún muerto más (pasa en China, en Corea del Sur, en Japón, … países que al menos en teoría ya han pasado la pandemia) y de hecho, en 2018, murieron 15.000 personas de gripe común, si bien que a lo largo de los 6 o 7 meses de “invierno”, no en poco más de un mes como con el Covid.

Por otro lado, la paralización económica supone -aparte de un empobrecimiento general de los españoles, lo cual se puede aguantar- la “muerte” miles de empresas, Pymes, autónomos, pequeños comercios, etc y la pérdida del empleo para miles de personas que, por su edad o su formación o lo que sea no volverán a encontrar empleo jamás, lo que probablemente supondrá la “ruina” (o casi) de miles de familias. No pienso solo en los que se empobrecerán, o perderán dinero en 2020, pero seguirán “funcionando”. Pienso en los que se queden en el camino, porque tiene que cerrar su empresa o su comercio para siempre, o si es autónomo, tiene que cerrar la actividad y ponerse a buscar trabajo (por ejemplo, un taxista que no puede aguantar y tiene que vender el taxi y la licencia para vivir), o si es asalariado pierde el empleo para siempre.

La cuenta que alguien debería hacer, y la decisión que debería tomar, es: Si acelero el reinicio de la actividad, ¿cuántos muertos más estoy añadiendo?

Pongámonos en un extremo: imaginemos que mantener la situación actual de paralización supone evitar la muerte de 1.000 personas (yo creo que llegaremos, bien contados, a los 40.000 o 50.000 fallecidos, por lo que en este ejemplo hipotético pasaríamos a 46.000 o 51.000 fallecidos), pero supone también que hay (por ejemplo) 100.000 trabajadores de más de 50 años que se van al paro para siempre, hay 100.000 autónomos que tienen que cesar su actividad y 20.000 pymes que cierran para siempre, mandando al paro a otras 100.000 personas. ¿Qué es peor?

Gobernar exige tener un mínimo de competencia y una alta capacidad (y disposición) a tomar decisiones complicadas, no solo por disponer de información incompleta sobre los efectos de cada una de tus posibles decisiones, sino porque un error en la decisión tiene consecuencias graves. El gobernante incompetente y cobarde tiende a tomar la decisión que menos riesgo tiene para él, la decisión fácil, la que si se equivoca tiene menos consecuencias para él. En este caso, mantener el confinamiento y la paralización económica.

El PIB español en el año 2019 fue de 1.224 miles de millones de euros, lo que dividido entre los 365 días del año supone 3.353 millones de euros al día. Aunque lo que llamamos “paralización total” no es tal, pues hay sectores que siguen funcionando (la sanidad es el más obvio), si imaginamos que está “parada” el 60% de la economía, cada día adicional de paralización nos cuesta a los españoles unos 2.000 millones de euros, y eso sin contar con que cuanto más se prolongue el “parón” más costará reanudar la actividad normal.

Como siempre pasa, desgraciadamente, este empobrecimiento de la sociedad española no afecta por igual a todos. Dicen los expertos que el PIB español puede bajar en 2020 entre un 10% y un 15% a consecuencia de la parálisis provocada por las medidas del Gobierno (sic) para frenar el Covid. Si esto supusiera simplemente que la renta de cada español, que en el 2019 fue de 26.440€, baja en 2020 a 22.500€ sería doloroso, pero no dramático: seguiríamos entre los 30 países con mayor renta percapita del mundo. Pero lo que va a ocurrir es que la mayoría notará poco o nada este “frenazo”, pero habrá una minoría, una minoría grande, que sufrirá efectos demoledores. Llevado al extremo, si la bajada del PIB es del 15%, podría ser que un 85% de la población apenas note bajada en su renta percapita mientras que el 15% restante vea su renta casi en cero.

Hay que empezar a volver a la normalidad urgentemente.

Es indudable que hay que mantener la protección a las personas más vulnerables (ancianos), que además en su gran mayoría -por razones obvias- ya no son productivos: mantener restricciones a visitas a las residencias, prohibirlos salir de casa, no abrir los centros de día, etc. También habría que mantener restricciones en otros negocios (bares, restaurantes, cines, por citar algunos), pero en la gran mayoría se debe empezar a reanudar la actividad ya.

Todos los que realmente puedan funcionar al 80% o 90% mediante teletrabajo deben seguir teletrabajando, pero hay muchos puestos de trabajo, millones, me atrevo a decir que la gran mayoría, que no se puede teletrabajar (construcción, fábricas, talleres, taxi, comercio, etc, etc). Esos deben volver a la actividad.

Creo que hay que abrir los colegios y universidades, con las medidas higiénico/sanitarias oportunas, porque los niños y los jóvenes son muy poco vulnerables y la gente tiene que poder dejar a sus hijos pequeños en algún sitio para trabajar. Y porque la educación es importantísima.

Creo que hay que confiar en la responsabilidad de los ciudadanos, en que continuarán aplicando voluntariamente las medidas de protección y el “distanciamiento social” aunque dejen de tenerlos “secuestrados” en sus casas, sin tratarnos como a “niños” a los que haya que encerrar para que se porten bien (siempre habrá, obviamente, sujetos “antisociales” que se pasen de la raya, y a esos habrá que sancionarlos)

El irresponsable de Sanchez ya está diciendo que él creé que hay que extender el estado de alarma más allá del 25-A, cuando todo evoluciona rápidamente y nadie sabe cómo estaremos el 25-A. Si el 25-A estamos en 1.000 nuevos casos al día y en 100 o 120 fallecidos más al día, ¿también prolongaremos la paralización económica, arruinando a miles o decenas de miles de personas físicas o jurídicas más para evitar 400, 500 o 600 muertes más?

Muchos somos los que pensamos que el estado de alarma les conviene a los socio-comunistas bolivarianos que nos desgobiernan, para actuar por decreto, sin control parlamentario, con la población aterrorizada, encerrada en sus casas y conforme con renunciar a muchos de sus derechos fundamentales, como pasa ahora. Y muchos somos los que creemos, también, que les conviene que haya cuantos más pobres mejor, para atraparlos en el subsidio y en la ayuda del Estado (mientras el sistema aguante), para debilitar lo más que puedan la economía de mercado y la propiedad privada y para estatalizar lo más que puedan el sistema económico.

Alguien dirá que, si es así, lo pagarán en las próximas elecciones, … pero ¿habrá próximas elecciones? No me refiero a un paripé de elecciones, me refiero a si habrá elecciones libres, legales y trasparentes o si la próxima cita electoral será un fraude como en España en 1931 y en 1936, o en Venezuela, o en Bolivia, o en Cuba o en Rusia.

Es encomiable, y moralmente intachable, el razonamiento de que salvar una sola vida justifica cualquier medida que se tome, pero la realidad es muy cruel y, por desgracia, nos obliga a tener que estar dispuesto a hacer un sacrificio en vidas humanas (dentro de un orden) para evitar la ruina de centenares de miles de españoles y para parar los pies a esta gentuza.