Situadas al lado de un precioso arroyo, estas dos casitas rurales con capacidad para seis personas cada una sorprenden a todo el que se aloja en ellas por muchos motivos: su ubicación, en la encantadora población de La Serna del Monte y en plena naturaleza; su construcción, en piedra y madera; su interior, que aúna lo tradicional con la máxima comodidad al contar con una planta baja con dormitorio principal y cama de matrimonio, salón con chimenea y sofá convertible en cama, cuarto de baño completo y cocina comedor. Y una planta alta con una buhardilla diáfana y dos camas de 90 cms.

 

Su jardín exterior, con barbacoa y muebles de jardín, hacen el resto, al permitir a los huéspedes disfrutar al máximo de los encantos de este lugar idílico situado en la Sierra Norte de Madrid.

 

La Serna del Monte aún conserva el encanto de lo tradicional. Y es que el 90% de sus tierras son de pasto con matorral, encinas, rebollares, cardos y enebros, sin olvidar sus zonas de encinares claros sobre roca, el monte bajo o el arroyo de las Cárcavas, que nace a un kilómetro del núcleo y lo bordea por su lado oeste. Son tierras que, en la Edad Media, los señores de Mendoza daban a sembrar a sus vasallos, que construyeron sus viviendas junto a las tierras que trabajaban. Por aquel entonces este territorio pertenecía al concejo e Iglesia en Braojos. Pero a principios del siglo XVIII estos habitantes consiguieron que una bula papal les concediera la emancipación eclesiástica respecto a esta otra población de la Sierra Norte de Madrid. También lograron la emancipación civil. Una esencia que aún se conserva en este precioso pueblo serrano y, cómo no, también está presente en Las Posadas del Arroyo.

 

Los lugares de interés que pueden visitarse en esta zona son la Iglesia Parroquial de San Andrés, que posee un retablo del siglo XVIII, columnas salomónicas y esculturas barrocas de San Andrés y de la Virgen con Niño de los siglos XVI y XVII; el Reloj de Sol situado frente al Ayuntamiento, empleado por los agricultores para medir los turnos de riego; la Casamata o búnker empleado en la Guerra Civil., etc. Y, cómo no, el contacto pleno con la naturaleza.