El verdadero costo de la corrupción en el gobierno, sea local, estatal o federal, es la pérdida de la confianza pública”, decía el político americano, Mike Quigley. No olvidemos que dentro de esa corrupción también está la mentira, el fraude, el abuso, la falta de transparencia y la traición al votante. Tal vez esto suene a muchos porque lo viven a diario. Y si además nos topamos con un Gobierno insensible e indiferente con quienes crean riqueza, estamos en la antesala de la ruina y de la demonización.

A esa conclusión he llegado tras escuchar y estudiar detenidamente la intervención del presidente de la CEPYME y algunas otras intervenciones de quienes crean riqueza. No me sorprende que el empresariado se sienta menospreciado por el Ejecutivo. No hay que ser un lince para comprobar que, si el Gobierno va por una vereda y el mundo empresarial avanza por la contraria, la crisis no encontrará fin. Ese desprecio y demonización al que antes me refería podemos comprobarlo en nuestro agotado Gobierno: lo mismo “abofetea” a un gran empresario que a los agricultores, en general, considerando a estos como los esclavistas del siglo XXI. ¿Acaso no es degeneración política?

En vez de sumar, restamos. Bueno, ni los ciudadanos ni los empresarios restan. Quien parece estar muy interesada en restar es la titular del “Ministerio del Empastre”, que es como se conoce el “chiringuito” de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Está encantada con la reforma laboral de la era Rajoy; esa que tanto criticaba y que se comprometió a derogar si llegaba al Gobierno. Vamos, que está encantada de haberse conocido. Es lo que los analistas americanos llaman “incompetentes de manual”.

Ahora mismo el Gobierno lo fía todo a Europa. Se siente impotente. No quiere ayudas con interés sino a fondo perdido. Ni siquiera la pandemia le va a salvar las posaderas; en Europa ya conocen aquellos “viernes de derroche”, los dineros de ayudas desaparecidos en Andalucía, la abundante financiación de chiringos y la afición a fiestas, saraos y puticlubes. ¡Lo tienen grabado a fuego en Bruselas! Como decía ayer Gerardo Cuerva, presidente de la Cepyme: “Si no redobla los esfuerzos el Gobierno, no vamos a salir de esta situación”.

De la misma forma que los gobiernos establecen ayudas para los trabajadores, no deben olvidar esas con destino al empresariado. El maná ya se acabó aunque algunas ministras aún piensen que no es más que dar la tecla de hacer billetes en el Banco de España o el botón de la caja del Fondo Monetario Internacional que preside la señora Lagarde. Vemos que Alemania ha planificado medidas que equivalen al 60% del PIB y, al parecer, España está atrapada en el 13%. ¿Así piensa el Gobierno ‘trichavista’ sujetar el tejido productivo? Con ese porcentaje, ni el del quiosco de la esquina.

Si el Gobierno sigue anteponiendo las ideologías a la producción y a la incentivación del consumo, se va a comer la crisis con patatas y va a atrancar España. Hay gobiernos que son muy hábiles para mentir y crear crisis, incluso las niegan, al menos hasta que comprueban que están atrapados. Siempre llegan tarde y la culpa es del otro: suele ser la postura de los “grandes economistas” como Adriana Lastra y Rafa Simancas, pero no se les caen los anillos porque antes lo hicieron sesudos ministros como Solbes o “estrategas” como el asesor de Nicolás Maduro y “príncipe” de Delcy Rodríguez, José Luis Rodríguez Zapatero.

Tal y como están enfocados los ERTE no parece que satisfagan más que al Ejecutivo. La proliferación de normas en el BOE sólo conduce al desasosiego y a que miles de trabajadores lleven tres meses sin ingresar ni un solo euro. ¿Y dónde están escondidos los sindicatos de clase que tanto persiguen la foto, los de las mariscadas, los de las sectarias ‘manifas’ y el acomodo de casta? Pues están a su “bola” porque a ellos no les afecta. ¡Ay, si fueran sus subvenciones las que no llegan!

Los empresarios se sienten vapuleados y demonizados. ¿O acaso usted, querido lector, entendió la explicación de lo que era un ERTE? Pues mire, yo no lo entendí porque la ministra no lo supo explicar, a pesar de que se recoge en el Estatuto de los Trabajadores. ¡Ah, perdón, que la ministra de Trabajo es política y sindicalista, no trabajadora! Ahora lo entiendo todo.

Veremos por dónde sale la ministra cuando vea que el 40% de las empresas no levantan la persiana y que el paro se dispara de aquí a septiembre. Los “illuminati” no van a volver para solucionar a Yolanda Díaz el gran problema. No sé en qué pensaba Yolanda Díaz cuando fue traicionada por el subconsciente y por eso achaca la falsa “esclavitud en el campo español” a quienes demuestran ser honestos. ¡Cómo no se les va a caer a los empresarios el alma a los pies!