La muerte de Francisco Franco provocó grandes cambios en la población española, tanto a nivel económico y político, como cultural y social. Ciertamente, uno de los principales motores de estas transformaciones fue la industria del ocio, compuesta en mayor parte por el turismo y las artes.

Aunque dicho sector estuvo fuertemente limitado durante el franquismo, ciertamente no estuvo prohibido. A principios de los 60s, el dictador ordenó la apertura del turismo; un gesto con motivos meramente económicos, pero que significó un movimiento importante lejos de la autarquía y los ideales tradicionales del régimen.

La decisión fue acertada. En los años finales de la dictadura, España gozó de un importante crecimiento apuntalado por la industria del ocio. En poco tiempo, el país se convirtió en el destino de sol y agua preferido de Europa.

Cuando falleció Franco, su política de apertura allanó el terreno para un boom económico y social. La población rápidamente se apartó de los valores nacionalcatólicos y usó su nueva riqueza en placeres y lujos que les fueron negados por más de cinco décadas.

España sin turismo no es España

España, ya conocida en el mundo como un atractivo turístico, consolidó su posición tras el franquismo gracias a una mayor liberación económica. No solo empezaron a llegar más extranjeros, sino que los mismos españoles, al ver sus ingresos aumentados, se dieron el gusto de viajar.

Quizás uno de los sectores que mejor ejemplifica el cambio de época sea el de los juegos de azar. Al final de la dictadura, lanzar dados y girar ruletas había estado prohibido por más de cincuenta años. Pero apenas un año después del fin del régimen, el gobierno de transición empezó a entregar sus primeras licencias de casino.

Muy pronto, el país dejó de ser exclusivamente un destino de playa para convertirse en una meca del juego. Casino La Toja, el primer salón de juego moderno, marcó el precedente para decenas de otros establecimientos que, incluso hoy en día, siguen siendo un imán de turistas.

Pero el tema no se quedó allí. La inclusión de España en la Unión Europea a mediados de los 80s marcó el fin de las políticas proteccionistas de la era Franco, y provocó una transformación radical en la industria del ocio. Gracias a la libre circulación, un gran número de viajantes del Reino Unido, Alemania, Francia y Portugal conocieron las maravillas de esta tierra.

Con los años, la infraestructura turística ha mejorado para atraer y mantener turistas en una industria cada vez más competitiva. Los servicios han sido potenciados y la oferta digitalizada.

Incluso los juegos de azar, históricamente propios de opulentos salones, ahora son comunes en la esfera virtual. Muchas personas actualmente prefieren disfrutar de los juegos de casinos online en lugar de hacerlo en establecimientos físicos.

Hoy en día, el turismo contribuye en más del 12 % al PIB, y posiciona al país en la primera plaza del Índice de Competitividad de Viajes y Turismo del Foro Económico Mundial.

Bellas y liberadas artes

Murió Franco, y también la censura. Por años, una mujer en bikini o un simple gesto erótico provocaban la ira del régimen. Por lo tanto, fue comprensible que, tras la partida del dictador, la sociedad no tardara en abrazar una cultura más abierta hacia los placeres sexuales.

Apenas asumió el gobierno de transición empezó el ascenso del llamado «cine de destape»; aquel que, sin ser pornográfico, utilizaba temas de erotismo para afianzar su mensaje.

Títulos como Una loca extravagancia sexy, La orgía, La pitoconejo y No me toques el pito que me irrito fueron señal de una nueva época donde directores osados sacaron al frente temas que, por años y a pesar de ser naturales, fueron tabú generalizado.

Casi paralelo al cine erótico se dio el crecimiento de las publicaciones con desnudos. Revistas como Lib, Interviú y Macho, prudentes en un principio y limitándose a mostrar mujeres en bikini, pronto probaron la paciencia y empezaron a enseñar más. Un pezón, un pecho, un topless y finalmente un desnudo total.

Lejos de ser una señal de degeneración social, tanto el cine de destape como las revistas eróticas fueron la respuesta a una sociedad hambrienta de liberación mental que añoraba un escape a las férreas medidas de la dictadura.

El nacimiento de una sociedad

El fin de la dictadura trajo consigo enormes cambios culturales y económicos que, en mayor medida, han sido para bien. Una industria que ha sido pilar de esta metamorfosis es el ocio.

El turismo pronto se transformó en pieza clave del crecimiento y la apertura económica, y los cines y revistas se atrevieron a hablar sobre temas históricamente prohibidos. De esa forma, el ocio, esa actividad tan «banal», demostró ser un importante vehículo de transformación de la población española.