«He pasado aquí más de media vida, ya estoy institucionalizado, igual que lo estaba Brus», aseguró Morgan Freeman en la película de Cadena Perpetua. 

Precisamente ésa es una de las consecuencias de esta crisis sanitaria, política, económica y social que estamos padeciendo. Hay una alta probabilidad de que una sociedad como la nuestra, que ya conoce el terror, se institucionalice, prefiriendo la seguridad antes que la libertad, porque es muy fácil caer en la tentación que nos concede el gozoso placer de la servidumbre. Ya lo advirtió Alejandro Jodorowsky «Un pájaro nacido en una jaula cree que volar es una enfermedad». 

Dominados por un estado agigantado, que teme de nuestra libertad, que no respeta la propiedad privada y que está omnipresente en nuestras vidas cotidianas, nos encontramos hoy con que muchos de nuestros derechos y libertades nos fueron arrebatados de la noche a la mañana y sin previo aviso para ello, alegando una justa causa, no lo pongo en duda, si bien mientras yago estigmatizado, cumpliendo pena de localización permanente (arresto domiciliario), se me viene a la mente algo que me dijo un buen amigo a quien no citaré por respeto a él «las crisis, los delitos, el miedo, es siempre usado como motivo para aumentar el control de las personas. Luego, volvemos a la normalidad, y ese control ya se ve como normal».

Y ahora me pregunto: ¿será peor la ruina que el virus? ¿Cómo será el Régimen surgido del COVID-19? ¿Cuándo hayamos ganado la batalla al coronavirus y/o cuando nos hayamos acostumbrado a vivir con él, al igual que con tantísimos otros virus, recuperaremos la libertad?  Pues me temo que no la recuperaremos, al menos en su integridad. Estoy seguro que el Estado (que este estado) aprovechará la ocasión para seguir geolocalizando los teléfonos móviles para controlar nuestros movimientos; que el Gobierno continuará interviniendo la sanidad privada; que el Ministerio de Sanidad seguirá practicando requisas temporales de todo tipo de bienes e impondrá prestaciones personales obligatorias en aquellos casos en que resulte necesario para la adecuada protección de la salud pública o para la utilidad pública que ellos estimen por conveniente; que la libertad empresarial, los derechos de reunión y asociación se verán limitados y vulnerados, al igual que sucede en los regímenes comunistas como el que se atisba por la banda de babor. 

En consecuencia, recomiendo abrir los ojos, porque se espera un cambio de modelo, y nosotros, pueblo unido, tenemos que tener claro que «todo se reduce a una simple elección: empeñarse en vivir o empeñarse en morir», como sentenció Tim Robbins en la precitada película. Yo me he empeñado en vivir y en ser libre. Espero que ustedes también.  

 Antonio Casado Mena