Con un símil de crecimiento y renovación, artístico, más allá de lo establecido, y a partes iguales, se presenta “Quemar ramón”, la muestra inaugural, de honor, con la que Miguel Ángel Tornero (Baeza 1978), abre el nuevo y reciente espacio madrileño del consagrado galerista cántabro Juan Silió.

Quemar para purificar y sanear la raíz de lo que da fruto, y ampliar así su frontera de vida. Una tradición que se repite, cíclica, a través del fuego, que supone un cambio de etapa. La toma de decisión ¿acertada o no? Pero ya se sabe que… Quién no arriesga, no gana. Y en esto tienen mucho en común.

Un proyecto catártico que toma de partida, un final, la recolección de la aceituna. Algo muy suyo, en el caso de Tornero, Jaén su tierra. El oro líquido, sin duda, corre por sus venas como un desperdigar de raíces, como las del centenario árbol, el olivo, ahora único protagonista de esta exhibición de apertura, divida en tres actos, cual obra: la poda, la quema, representada, y la cura.

El blanco impoluto de Dr. Fourquet 18, en la milla de oro en el Arte capitolino, se ha vestido de gala con los collages, no fotográficos, dato relevante, de este joven andaluz licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Granada. Con formación en la Academia de España en Roma o el Künstlerhaus Bethanin en Berlín. Que nos traslada y nos hace partícipe, con una aproximación muy personal al paisaje de su vida, in situ, a través de diferentes formatos de ese proceso de decisión para la liberación de todo lo tóxico, en el camino a la sanación que sienta las bases de un nuevo fruto, o en su caso futura creación.

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Con una acción sencilla, cortes y recortes, este galardonado artista, Grünenthal, Purificación García o Generaciones, va tapizando poco a poco un paisaje no horizontal que rompe la monotonía, donde el humo que asoma aparece como un triunfo, una exaltación de la necesidad y los momentos de cambio en la vida. El eterno renovarse o morir en una versión más de hoy.

Si antes atrapaba la botánica, en sus exposiciones individuales, a través del visor de su cámara. Ahora, se despoja de tal filtro protector y se adentra en el campo puro y duro, austero, para sacar la esencia de escenas cotidianas que requieren su tiempo de maduración.

Texturas y sensaciones que nos llegan a través del color latente, que tornan formas retorcidas entre las hojas y ramas selectivas que se queman, entre lo vivido y la imaginación. Como resbalar, la densidad y el fluir del aceite, la aspereza de la tierra, seca, o la rugosidad de la piel de corteza, marchita, chamuscada. Y el olor que desprende. Todo trata de queda plasmado a través del verde oliva, ocres infinitos, pardos terracota o el grisáceo de la escarcha al amanecer, de lo ya sin vida, tras el paso del purificador fuego.

En el caso de Silió, el inicio de una nueva aventura, porqué dar forma y crear es un reto, algo más sencillo, si se cuenta con un bagaje extraordinario de años de formación y estudio, como el suyo, desde que 1988, abriera sus puertas la céntrica galería en Santander.

Un punto y seguido en una trayectoria que cambia el salitre por el asfalto caluroso de una ciudad que le recibe con los brazos abiertos, porque aquí todo el mundo cabe, más si se trata de crecer, y enriquecer, el espacio de aquellos que aman y son fieles a un estilo, y tratan de hacer la vida más bella. Quemar para renacer, una sabía decisión.

Texto: César Serna

Miguel Ángel Tornero

Quemar ramón”. Juan Silió Galería, Madrid. Hasta 11 abril.