Son muchas las esculpidas a su medida, y que ya llevan dos años huérfanas de esperanza.
Estos días pasados La Aldea de El Rocío estaba desierta, triste, desesperanzada. 
Me recordaba y me remonté al año 1755, al día de Todos los Santos, cuando la ermita primitiva quedó destruida como consecuencia del terremoto de Lisboa, el grande.
 
Y es que El Rocío es indefinible, indescriptible, se siente, se vive, es personal e intransferible.
Es una explosión de emociones y sentimientos, alimentada de jirones de sueños e ilusiones.
 
La campana de la Ermita se ha quedado muda, el Simpecado dormido, la guitarra estéril, el Quema vacío. 
El dolor anudado en la garganta, la herida abierta por el tiempo atravesada.
Mis pisadas se encaminan hacia la aldea.
 
Sobre la reja y las marismas, dos años de silencio contemplan nuestro secreto... El camino sueña con los recuerdos.
 
Entregada "voluntariamente" a su encierro, a su clausura, La Virgen del Rocío pasa su segundo Pentecostés en su otra casa, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Almonte (Huelva), sede de la Hermandad Matriz, ya que no se ha podido celebrar el traslado a La Aldea ni la romería.
 
Y aún así sus camaristas la vistieron de Reina con el mimo que acostumbran para el desarrollo de este llamado "Rocío de Esperanza".
Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, ha sido el encargado de oficiar en la parroquia de la Asunción la misa pontificial de Pentecostés.
 
Me entrego a la imaginación, me afano en volverte a ver.
El sol teje el alba, en el Quema bautizan a la madrugada.
Sobre el puente del Ajolí la luna purifica los abrazos y besos desnudos, culminando así el final del camino. La explanada de "El Eucaliptal" reza su propio Rosario. La noche y el estandarte sin tiempo, restañador de cicatrices, son la hoguera acampada en el corazón de los rocieros.
 
La imagen actual de la Virgen no es la primitiva, con el estilo de principios del siglo XV, su altura es de poco más de un metro.
La talla original estaba tan deteriorada que hubo que restaurarla, quedando esta incrustada en la actual.
 
"En el coto de Doñana,/ hay un tesoro escondido,/ dentro de una Ermita Blanca/ es la Virgen del Rocío./ Cada día sueño contigo,/ y con volver, a recorrer el camino/ que me lleva hasta tus pies./ (...)./ Pastora, me enorgullece/ ser parte del grupo de peregrinos/ que hasta ti, va cada año/ y aunque no pueda Señora/ este año el camino hacer,/ no habrá ni un solo momento/ que pensando en ti no esté."