Daniel García-Pita Pemán (Cádiz, 1947) es el mayor de los nietos de José María Pemán. Abogado y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, es miembro de J & A Garrigues entre 1969 y 2003 y, como socio director desde 1982, promueve su fusión con Andersen Legal, dando lugar al mayor despacho de abogados de Europa continental y a uno de los mayores del mundo. Ha pertenecido a los consejos de administración de diversas compañías cotizadas en los sectores tecnológico, industrial, financiero y de la comunicación, dentro y fuera de España. Durante la transición, fue fundador de grupo Tácito, FEDISA y Partido Popular (germen de UCD), director del gabinete del ministro de Justicia (1977 1979) y del gabinete del presidente del Congreso de los Diputados (1980 1982) y presidente de UCD de Cádiz. Es articulista de ABC, El Debate y Diario de Cádiz. Está casado y tiene seis hijos.

¿Por qué un libro sobre el llamado Caso Pemán?

Me parecía de justicia defender a mi abuelo de la aplicación que se le ha hecho de las leyes de memoria histórica falseando su recuerdo y, lo que es más grave, aplicando indebidamente los preceptos de esas leyes. En Cádiz se han suprimido recuerdos de Pemán que no tienen la menor vinculación con la guerra o con el régimen.

En esos recuerdos se hace referencia exclusivamente a su condición de escritor y de gaditano. Además, para apoyar las decisiones del Ayuntamiento habido una serie de artículos en la prensa y de manifestaciones en diversas publicaciones en Internet en las cuales se injuriaba gravísimamente y se calumniaba a Pemán.

Yo soy su nieto mayor y he sido abogado durante muchos años. Mi abuelo no se podía defender porque está muerto. He intentado hacerlo yo en su nombre.

Pero además, en mi libro he hecho un análisis jurídico e histórico, cuidadoso y objetivo de la memoria histórica, demostrando que se trata de una medida injusta, primitiva y sectaria.

¿Hasta que punto le motiva dignificar y engrandecer la figura de su abuelo, vilmente silenciada?

Esa es otra cuestión. Desde hace muchos años se ha condenado a Pemán a un ostracismo injustificado. Su gran obra literaria se ha ignorado por completo. Cuáles son las razones de ese olvido es algo que trato de explicar en mi libro, donde he llegado a la conclusión de que los motivos no son otros que el carácter conservador, monárquico y católico que tuvo Pemán. La crítica literaria y la actividad intelectual está en manos de los llamados progresistas que son todo menos objetivos a la hora de valorar y juzgar lo que no coincide exactamente con sus planteamientos. Pemán era irreductible en sus creencias y valores y no estaba dispuesto a hipotecarlos por ganar fama o la complacencia de la “ tribu “ que domina el mundo intelectual.

¿Se podría decir que es una canallada ningunear a alguien que dirigió la Real Academia Española en dos ocasiones y obtuvo cinco nominaciones a los Nobel y gran éxito en teatro con El Divino impaciente?

Mire usted, a Pemán se le eligió académico por unanimidad durante el Frente Popular siendo presidente de la academia Alcalá Zamora. Es decir no fue una designación realizada durante el régimen de Franco. Pemán volvió a ser presidente de la academia años después y aceptó el nombramiento de manera provisional hasta que se reintegrara a España Menéndez Pidal. Tan pronto como volvió, renunció a su cargo para que lo ocupara quien a su juicio lo merecía más que él. El pago que recibió fue que de toda la galería de retratos de presidentes de la academia el único o prácticamente el único que faltaba era el suyo. Se lo hice notar al secretario perpetuo y me dijo que por qué la familia no regalaba uno. Le contesté que eso no era obligación de la familia sino de la Academia. Sin embargo para remediar la situación, que, al final, era lo importante, les ofrecí un busto de mi propiedad realizado por Ávalos con el fin de que hicieran un vaciado y lo colocaran. Creo que lo han hecho, pero yo no lo he visto.

¿Es por tanto, uno de los casos más escandalosos de la condenación del recuerdo?

Sin duda de ningún género. El único precedente similar que conozco es el de la Signoria de Venecia donde al dux Marino Faliero al que se ajustició por delitos graves, se le suprimió el retrato tradicional y en su lugar hay un marco con un lienzo negro con esta leyenda: este es el espacio que fue reservado para Marino Faliero cuyo retrato se ha suprimido por sus graves delitos.

¿Qué otros grandes personajes corrieron el mismo infortunio que su abuelo?

La condenación del recuerdo, la damnatio memoriae, como se ha designado a lo largo de la historia, es una institución muy primitiva. Se aplica desde los tiempos bíblicos. En mi libro yo hago un repaso de esta institución a lo largo de los siglos. Se ha aplicado a delincuentes pero también a personas de prestigio, por envidia o o por conveniencias políticas siempre injustas. En España, dentro del proceso de memoria histórica se ha atacado a otras muchas personalidades injustamente, desde toreros a militares pasando por literatos, magníficos alcaldes y otros muchos personajes de gran mérito, solo por el “delito” de haber sido parte de una España a la que perteneció gustosamente un porcentaje muy mayoritario de los españoles. Se ha llegado al extremo de considerar que una cruz erigida en memoria de todas las víctimas de la guerra civil de un bando o de otro tenían la consideración de monumento fascista. Este ha sido el caso de la cruz que se había erigido en Aguilar de la Frontera en Córdoba que fue desmontada y arrojada a un vertedero de un pueblo próximo.

¿Cree que la figura de su abuelo ocupará en la historia el puesto que merece?

Sinceramente lo veo difícil tal y como evoluciona la sociedad. Una cosa es que me parezca injusto y otra es pensar que las injusticias siempre se remedian, porque eso, desgraciadamente, no es verdad.

Además de reivindicar la figura de su abuelo desmonta jurídicamente las trampas de la llamada memoria histórica. ¿Se podría considerar un insulto a la inteligencia y a la justicia más elemental?

Como le he dicho se trata de una medida primitiva y absolutamente incompatible con un moderno Estado de derecho. Para empezar el condenado no tiene la posibilidad de defenderse, lo cual es la negación de un derecho elemental democrático. Además la medida se adoptó de manera unilateral y sectaria en función de la ideología de un gobierno, sin respetar a la multiplicidad de planteamientos políticos que tienen el derecho a convivir en una sociedad democrática. Por último se hace un enjuiciamiento de la historia falaz y sectario. Se olvida que el levantamiento militar del 36 se produjo después de una evolución incontrolada de la República hacia el comunismo. Y con una persecución a la Iglesia como no se recordaba en nuestra historia. Éstos hechos se olvidan, como digo, hasta el punto de que se excluyen, por ejemplo, como víctimas merecedoras de reparación, por ejemplo, a los sacerdotes, pero también laicos que fueron fusilados por motivos exclusivamente religiosos en la zona republicana.

¿Qué acogida espera que tenga el libro en una generación ideologizada y que cree acríticamente lo que dice el pensamiento dominante?

Yo consideraba que se lo debía a mi abuelo como nieto mayor y como abogado. Ese ha sido mi principal objetivo al escribir el libro. Considero un honor y un aval que el libro haya sido prologado por Bieto Rubido el director de El Debate y muchos años y que personas como Carlos Rodríguez Braun y Alfonso Ussía hayan tenido la amabilidad de escribir comentarios elogiosos sobre el contenido del libro. Espero, a lo mejor ingenuamente, que muchas personas que se sienten agraviadas con el proceso de memoria histórica o que recuerdan con cariño y admiración a mi abuelo les interese el libro.