La guerra de Ucrania se encuentra empantanada. Rusia ha logrado importantes avances de hecho, ya que la parte de Ucrania que controla es como si España hubiera perdido Cataluña, Aragón, Vascongadas y Navarra, pero la guerra ni mucho menos está decidida. Rusia no puede cantar victoria porque su auténtico objetivo era mucho mayor e incluía el dominio de toda Ucrania, incluyendo por supuesto Kiev; o por lo menos toda Ucrania al este de Leópolis, la antigua Luov. La línea del río Dniéper y Jarkov eran también objetivos irrenunciables que hoy por hoy no se han alcanzado.

La capacidad de resistencia ucraniana ha asombrado al mundo, más o menos como hicieron los finlandeses en su día en la Guerra de Invierno contra la URSS, justo antes de la invasión alemana de la URSS. Ucrania ha salvado su independencia por el momento pero reconquistar todo su territorio es harina de otro costal. Moscú se ha visto obligado a hacer de la necesidad virtud y visto que no ha logrado su objetivo principal ahora proclama que su único propósito fue el que era su objetivo secundario; dominar el Donbass. Aún cuando el control del Donbass sea de por sí un factor muy importante dadas las reservas de gas y carbón de la zona.

Las pérdidas de Rusia en hombres y material han sido muy importantes. Pero la mentalidad del pueblo ruso y concretamente de Vladimir Putin no tiene nada que ver con la forma de ver las cosas en Occidente. Se ha demostrado que razonamientos que tanto se oían en Europa, incluso en boca de supuestos expertos hace unos meses, antes de febrero, del tipo "a Putin no le conviene invadir Ucrania " o "a Putin no le interesa evidentemente una guerra contra Occidente, sabe que sería un suicidio, etc, etc" no valen con Putin ni con la mayoría de los rusos. Se podrá opinar lo que se quiera sobre Putin y su régimen, pero está claro que el presidente ruso no es el típico gobernante
occidental, obsesionado con las encuestas y que sólo piensa a dos años vista máximo, hasta las próximas elecciones.

Putin piensa con perspectiva de décadas o incluso siglos, con la vista puesta en lo que la historia dirá de él.Tratandose de Putin, el que la guerra se le haya complicado no nos acerca a un final negociado sino más bien a una guerra mundial. Vladimir Putin jamás aceptará que esta guerra termine con un acuerdo territorial en el que Rusia se vea humillada, incluso aunque él pudiera seguir en el poder durante algún tiempo más. Antes que aceptar un derrota o un acuerdo humillante, Putin preferirá escalar la guerra hacia un conflicto total contra Occidente , incluso aunque ello acabara comportando la destrucción total de Rusia. Bajo su punto de vista por lo menos eso sería un final con honor. Para Rusia y para él.

Rusia ha conseguido dominar Lugansk aunque a costa de grandes pérdidas. Además por supuesto de Crimea y la región de Jerson y la central nuclear de Zaporiyia o Zaporoye (por cuyo control, siendo entonces central hidroeléctrica ya tuvieron lugar grandes combates durante la Segunda Guerra Mundial). Pero para dominar el Donbass aún le falta la parte principal, la región de Donetz.( o Donets) En las últimas semanas se está produciendo un cambio decisivo sobre el terreno ya que las armas norteamericanas están logrando frenar el avance ruso en Donetz. Actualmente no hay interés ni en Estados Unidos ni en Rusia en poner fin a la guerra. A Washington ya le viene bien que Rusia se desangre y de paso se vaya olvidando así en el mundo la humillante derrota y retirada norteamericana de Afganistán, consumada ahora hace un año, en agosto de 2021. No presionan al presidente ucraniano, Zelensky, para que firme un acuerdo aceptando las pérdidas territoriales. Más bien le animan a persistir. Por otro lado Moscú tampoco tiene interés en un acuerdo ya que mientras su ejército no domine totalmente el Donbass y quizás Jarkov, no se dan las condiciones para un compromiso que sea digno para Rusia. En estas circunstancias la guerra va camino de alargarse y agravarse. El riesgo de acabar en una guerra mundial es alto aunque en Occidente la estructura político mediática procure ocultarlo en la medida de lo posible.

Los medios también nos presentan a un Putin obsesionado únicamente con Ucrania. Pero lo cierto es aunque Ucrania sea muy importante para él nunca hay que olvidar que Ucrania es solo una parte del tablero. En las fallidas negociaciones entre Estados Unidos y Rusia previas a la invasión, Putin insistió en la retirada al menos parcial de la OTAN de Europa del Este, tanto o más que en la cuestión de Ucrania. Todo esto nos lleva a una inquietante posibilidad de la que hablan fuentes rusas. Putin no renuncia a tomar las medidas que sean necesarias para garantizar lo que él entiende que es la seguridad de Rusia, es decir echar a la OTAN de las fronteras rusas a donde llegaron tras incumplir los acuerdos con Rusia de finales del siglo XX y principios del XXI. Incluyendo a los nuevos, como Suecia y Finlandia O por lo menos eliminar los sistemas de misiles y armas avanzadas así como las principales acumulaciones militares OTAN de los países cercanos a Rusia. Sabiendo que con toda probabilidad lo que no haga él, menos lo harán sus sucesores, previsiblemente más débiles.

Está surgiendo la idea de que Putin podría decidir jugarse el todo por el todo. Sobretodo si la situación se estanca en el Donbass. Putin y sus consejeros políticos y militares más estrechos estarían barajando la opción de un ataque total, eso sí, convencional de cientos de miles de soldados, a través de Bielorrusia, hacia el centro de Europa. Un ataque en dos ejes principales. A través de Polonia en dirección a Varsovia y hacia Alemania aunque sin tomar como objetivo en ningún momento las fronteras alemanas. En un segundo eje de ofensiva las tropas rusas avanzarían a través del sureste de Polonia a través de los Cárpatos centrales,e irrumpirian en Eslovaquia, en dirección hacia Chequia. Este plan implicaría naturalmente una movilización militar total en Rusia, que Putin cree asumible para la sociedad rusa, si dura solo unos meses, tanto a nivel de soldados, como de tanques, artillería, blindados y fuerza aérea. La OTAN se vería obligada a su vez a una movilización también total para evitar ser arrollados los menos de 100.000 soldados OTAN en Europa del Este.

A partir de ahí todo sería una incógnita . En un principio la guerra sería convencional aunque masiva, pero el riesgo de conflicto nuclear sería muy elevado. El plan, apuntado por algunos, tendría la peculiaridad de poder sorprender a la OTAN, cuyo dispositivo defensivo central en estos momentos se encuentra en posiciones muy avanzadas, en los países bálticos. Países bálticos que no se verían directamente atacados en un principio pero quedarían cercados, aislados y bloqueados. Lo mismo les podría ocurrir a naciones como Rumanía, Bulgaria y desde luego, a Ucrania. Rusia no atacaría en cualquier caso, antes de tener listos sus nuevos misiles intercontinentales Sarmat, lo cual ocurrirá presumiblemente en noviembre. Polonia sería el campo de batalla principal. El objetivo de Putin sería conseguir llegar a un acuerdo con la OTAN, satisfactorio para Rusia.

Recemos por no llegar a un escenario así en los que todos los países europeos se hallarían en riesgo por lo menos de sufrir bombardeos, más allá del desastre económico. Y esperemos también que termine pronto esta guerra que tanto sufrimiento está causando al pueblo de Ucrania y que tantas terribles pérdidas humanas está causando de momento a los ejércitos ucraniano y ruso y a sus respectivos pueblos.