José Manuel Lucía Megías es doctor en Filología por la Universidad de Alcalá, actualmente es Catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid, Vicedecano de Biblioteca, Cultura y Relaciones Institucionales de la Facultad de Filología (CUM), Miembro del Comité Científico de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Presidente de honor de la Asociación de Cervantistas (a cuya junta directiva ha pertenecido desde el año 2006 al 2014), y Titular de la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN, Argentina). En el año 2016, se le ha concedido la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, por su apoyo a la cultura y a la educación.

Es el Director y creador de la Red de Ciudades Cervantinas, de la que forman parte más de veinte municipios en tres continentes. Además de ser el Director del proyecto Banco de imágenes del Quijote: 1605-1915 (el mayor banco de imágenes sobre la ilustración quijotesca, con más de 17.000 imágenes) y formar parte del equipo de redacción de la Gran Enciclopedia Cervantina, del que se han publicado ya doce volúmenes, ha sido el responsable científico del Quijote interactivo de la BNE. Ha trabajado sobre la iconografía quijotesca, del que ha publicado dos monografías: Los primeros ilustradores del Quijote (2004), Leer el Quijote en imágenes (2007) y El Quijote en imágenes. Un viaje iconográfico del libro de caballerías a la novela universal (2021) y decenas de libros. Ha publicado varias ediciones del Quijote en España y en Argentina: 2015 (Madrid. Verbum), 2017, con ilustraciones de Miguel Rep (Buenos Aires, Planeta) y 2019, con ilustraciones de Vierge (Madrid, Sial Pigmalión)

En el año 2016, fue el director académico del Quijote universal, que reúne traducciones de 150 variedades lingüísticas (Madrid, Antonio Machado). Es el autor de la más completa biografía de Cervantes de las que se han publicado en los últimos años, editada por EDAF en tres volúmenes: La juventud de Cervantes. Una vida en construcción (2016), La madurez de Cervantes. Una vida en la Corte (2016) y La plenitud de Cervantes. Una vida en papel (2019). Sus últimas publicaciones cervantinas son: Manual del coleccionista de Quijotes. Editorial: Madrid, Pigmalión, 2020 y Yo soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes Editorial, Madrid, HUSO, 2021

Portal personal: https://www.ucm.es/jmluciamegias/

En esta ocasión analiza su libro La plenitud de Cervantes (EDAQF, 2019)

¿Por qué las biografías de Cervantes en general están plagadas de mitos, de leyendas, de lugares comunes?

En realidad, muchas de las biografías que se han hecho sobre Cervantes, han terminado por retratar al “Cervantes mito” e, incluso, al “Cervantes personaje”, antes que al “Cervantes persona”, de ahí que se sigan repitiendo algunos tópicos y lugares comunes procedentes de una visión del siglo XIX. En mi biografía cervantina publicada en Edaf en tres tomos (2016 y 2019) acuñé un término para explicar este proceso: el del “pecado original biográfico”. ¿En qué consiste? La mayoría de los biógrafos parten de querer entender al “Cervantes mito príncipe de los ingenios, el mejor escritor de todos los tiempos” a partir de su vida, aportando pasajes de su vida –que se mezclan a su vez, con pasajes de sus obras literarias leídas como “autoficción”. Y ahí está el error: el “príncipe de los ingenios” es una construcción cultural que culmina en el siglo XIX, pero Cervantes no lo es en su época, siendo un escritor genial y una persona asombrosa, sin lugar a dudas. Lamentablemente este “pecado” es muy habitual entre los entusiastas de la obra y de la vida de Cervantes, pero que carecen de las herramientas científicas que les permitan superar este problema.

¿Todo el mundo puede escribir sobre Cervantes?

Por supuesto, como todo el mundo puede escribir sobre física cuántica o sobre derecho administrativo. Pero, nos hemos de preguntar, ¿todo el mundo está capacitado para escribir, para aportar algo sobre física cuántica, derecho administrativo o Cervantes? Parece que con Cervantes todo vale, que cualquiera que tenga unas lecturas superficiales y mucha pasión por el tema, puede publicar sobre el tema. Y no es así. No debería ser así.

A usted como cervantista de prestigio le corresponde desmitificar todo lo que no se ajusta a la realidad... ¿En qué medida siente una gran responsabilidad al descubrirnos al verdadero Cervantes?

Más que como “cervantista de prestigio”, que le agradezco, creo que diría que como cervantista, como filólogo, como científico tengo la responsabilidad de aportar conocimiento. Tenemos ya mucha información y, lamentablemente, también mucha opinión. A la ciencia humanística nos toca la responsabilidad de seguir profundizando en el conocimiento y, además, difundirlo, hacerlo llegar a la sociedad, intentar que ese conocimiento sirva para que sigamos avanzando como civilización. El Cervantismo, la corriente de estudios sobre Cervantes y su obra, que nació como disciplina científica en el siglo XIX no ha dejado de ofrecer conocimiento, y cada vez con más herramientas y mejores metodologías, en comunicación con el resto de las ciencias humanísticas. Esta es nuestra responsabilidad. Y diría una doble responsabilidad: por un lado, seguir ofreciendo conocimiento, profundizando en los temas que nos interesan y difundirlo; y por otro, dialogar, criticar de manera científica con aquellos que siguen instalados en una forma de escritura y de estudio que más se acerca a la forma de trabajar en el siglo XIX que en el XXI. Solo desde el acercamiento crítico podremos seguir avanzando en el conocimiento. Todo lo demás, son pasiones de un día y deseos de notoriedad aprovechando la fama y el prestigio de Cervantes.

En esta última entrega aborda la plenitud de Cervantes...¿Qué es lo que determina que tras la juventud y madurez, de la que trata en los libros anteriores, ha llegado a su plenitud como escritor en los últimos años de su vida?

Esta última entrega abarca los últimos casi veinte años de la vida de Cervantes, desde su llegada a Valladolid, donde se ha instalado la Corte, hacia 1604 hasta su muerte en 1616. Y justo en estos años, en estos últimos años creo que está “la plenitud de Cervantes” como persona que lo será, paradójicamente, porque se volcará en su “vida en papel”, en ofrecer un programa literario muy trabado con el que quiere ser recordado. Y cuando hablo de “los últimos años”, me estoy refiriendo a los que van desde 1613 hasta su muerte, tres años después… Y la historia es apasionante. Si nos fijamos, Cervantes llega a vivir 68 años y unos meses… pero será en los últimos tres años de su vida donde deja su legado literario desde la publicación de las Novelas ejemplares (1613), al que le sigue el Viaje del Parnaso (1615), Las ocho comedias y ocho entremeses (1615) y el Persiles, que publicará su viuda Catalina de Salazar en 1617. La muerte le impidió completar este programa literario con obras en géneros literarios de prestigio en la época, como la épica culta y los libros de pastores (con una segunda Galatea que siempre está prometiendo). La plenitud del escritor en su creación pero también la plenitud del creador en el diseño de un programa literario total, lo que nadie hasta ese momento había ni pensado. ¿Qué queda al margen de este tan elaborado programa que mira más hacia la posterioridad y la fama? Lo que he llamado la “literatura instrumental”, la que te permite obtener prestigio para conseguir algún oficio, como puede ser la poesía o la Galatea (1585); o la que te ofrece unas ganancias económicas directas y rápidas, como las, según Cervantes, entre veinte o treinta comedias que escribe y se estrenan en los recién creados Corrales de Comedias y la primera parte del Quijote, que, como otros, defiendo que es un encargo editorial del librero Francisco de Robles… Y en medio de esta organización, de esta vida que termina siendo en los últimos años de “papel”, aparece y se impone la vida: en 1614 se publica la segunda parte del Quijote firmada por un tal Alonso Fernández de Avellaneda. ¿Y qué hace Cervantes? Deja a un lado su Persiles, la culminación de su programa literario, y se dedica a dar fin a su propia segunda parte del Quijote, que termina publicando en 1615.

No tengo ninguna duda que sin el desafío del Quijote de Avellaneda, Cervantes no hubiera podido terminar la continuación del Quijote, y se hubiera quedado como un proyecto más, como otros tantos que indica en sus prólogos. ¿No me diga que no es fascinante? Casi parece un guión de una serie… pero aún hay más: precisamente será la segunda parte del Quijote, esa obra que, con toda seguridad, no entra dentro de su plan literario final, la que realmente pone las bases de la novela moderna. Es la obra más moderna, más adelantada de todas las que escribió Cervantes, pues lo hizo en diálogo con la vida, con su vida y la de sus contemporáneos, y no en diálogo con la literatura de su época, como el resto de sus obras. A mí me resulta fascinante este momento… ¿Cómo llamarle “La vejez de Cervantes”? Todo lo contrario: es la plenitud del hombre que vive ya en la escritura.

¿En qué medida el carácter absolutamente universal del Quijote ha ensombrecido, en cierta manera el resto de su obra, en donde refulge su incontenible genialidad?

Toda obra literaria dialoga con su tiempo de escritura, con la tradición de sus lectores; y al mismo, tiempo, toda obra termina por no tener tiempo, por levantarse por encima de su tiempo. Lo que ha sucedido con el Quijote de Cervantes es único en el mundo. No hay obra literaria –y no entiendo que la Biblia lo sea- que haya tenido tanta influencia en el mundo dentro y fuera del ámbito literario. Es una obra que ha revolucionado la forma de entender la narrativa –de ahí que se diga que es la creadora de la novela moderna-, pero también es una obra que ha creado un territorio, como es La Mancha, que hoy en día tiene su configuración a partir del propio Quijote y de su repercusión y difusión en el mundo. Es una obra que se ha leído de una manera muy contemporánea en muchos lugares, siendo sus traducciones el inicio de muchas literaturas nacionales (por ejemplo, la danesa, sin ir más lejos)… y es una obra que hoy en día nos educa en valores y nos permite hablar del “Cervantismo social”, de un movimiento para mejorar el mundo siguiendo el ejemplo de sus personajes, de sus acciones. ¡Ha llegado a ocupar tantos espacios en nuestra vida el Quijote que, sin duda, ha ensombrecido al resto de las obras de su autor, pero a la de tantos otros autores de la época, que solo tienen pervivencia en las aulas universitarias y en los estudios críticos! Obras también geniales. Obras y escritores muy interesantes pero que no han conseguido crear ese espacio nuevo de convivencia entre la literatura y la sociedad, ese puente que nos permite soñar con una sociedad donde los “valores quijotescos y cervantinos” puedan estar más presentes.

¿En qué otras obras de Cervantes destaca especialmente su genio literario?

El conjunto de los textos que escribió Cervantes, incluso en aquellos que no llegó nunca a publicar o los que dejó en alguna fase de escritura, está cifrada la “obra” de un autor. La obra de un autor, de cualquier autor al margen de su época, es siempre una construcción, que no significa que la última tenga que ser la mejor (y aquí está el ejemplo de Cervantes), pero lo cierto es que el escritor –como todo aquel que profundiza en su oficio- adquiere cada vez más herramientas a medida que ha tenido que superar obstáculos de escritura. La segunda parte del Quijote la pudo terminar Cervantes en un tiempo récord porque estaba en la posesión total de su arte de escritura… y además en la literatura, como en todo arte, hay también mucho de duende, de oportunidad, de genialidad, de casualidad, de ese “algo que queda balbuciendo” y que no podemos definir, pero que está ahí. Quien lo probó lo sabe. ¿Se puede pensar en las obras de Cervantes como islas que conforman un archipiélago? A mí me convence más la idea de que es una única obra que ha ido construyendo con diferentes textos, y cada uno con sus circunstancias, y con sus características.

¿En qué lugar de la literatura universal (insisto al margen del Quijote) habría que situar a Cervantes por su narrativa o su poesía?

Como decía antes, si Cervantes no hubiera terminado y no hubiera publicado la segunda parte del Quijote en 1615, con el resto de su obra conservada –incluida la primera parte del Quijote-, estaríamos hablando de un autor importante dentro de la nómina de excelentes escritores que escribieron y publicaron o difundieron su obras en las tablas en los Siglos de Oro. Uno más y uno de los más importantes. Un escritor que habría sabido muy bien dialogar con la literatura de su momento, con su tradición literaria y cultural, y que habría sido capaz, en algunas de sus obras, de llevar al límite las posibilidades literarias del momento. Un gran escritor, sin duda… pero nunca el escritor que es hoy. Eso sí, seguramente, se le valoraría mucho más como poeta y como dramaturgo, al margen de la “losa narrativa” que le ha caído encima.

Paradójicamente gozó del éxito de lectores con Novelas ejemplares y del Persiles en contraste con el fracaso editorial de la segunda parte del Quijote. ¿Qué circunstancias se dieron para que el Quijote, pese al fracaso editorial de la segunda parte, se convirtiese en unos de los grandes clásicos de la literatura universal?

El grandísimo editorial del Persiles y el buen éxito de las Novelas ejemplares –muy por encima del éxito de la primera parte del Quijote y, por supuesto, del desastre editorial de la segunda parte- muestra cómo Cervantes no iba desencaminado al conocer los gustos de los lectores de su época. Y eso que les ofreció en ambos casos, obras narrativas muy originales, muy en el límite de lo que se hacía en aquel momento, en dos géneros que gozaban de bastante éxito: las colecciones de “novelas” y los libros de aventuras. Pero Cervantes se equivocó totalmente en su programa literario, que fue un éxito en su momento, pero que no hubiera trascendido en el tiempo. Y así, una obra “menor”, una respuesta a un conflicto personal y literario como lo fue el Quijote de Avellaneda –que ha dado y dará muchas ficciones-, termina por convertirse en piedra angular de la construcción de una nueva forma de hacer literatura. ¿Dónde se produjo este cambio de paradigma? En la Inglaterra de finales del siglo XVII y de principios del XVIII, que estaban buscando nuevos modelos narrativos, de una narrativa que permitiera entretener –y, por tanto, ser difundida-, pero que, al tiempo, enseñara… y encontraron en el Quijote de Cervantes –las dos partes ya convertidas en una unidad editorial y textual- el modelo que necesitaban y lo convirtieron en su autoridad, y recuperaron a Cervantes como “escritor digno de ser imitado”, como se hace con los clásicos… Y aquí comienza esta historia de prestigio, en tierras inglesas, que nos ha llevado hasta ahora. Pero esta es la historia de la mitificación de la obra y del escritor, un proceso de construcción que ha durado siglos. Una buena biografía de Cervantes ha de contentarse con intentar comprender a la persona en su momento de vida. Y eso es lo que yo he aportado, por primera vez, en el conjunto de las biografías de Cervantes.