Pedro José Chacón Delgado (Bilbao, 1964) es Profesor Agregado bilingüe (euskera/castellano) de Historia del Pensamiento Político en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) donde imparte clases en los grados de Ciencias Políticas, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas desde el año 2002. Es funcionario de carrera en excedencia del Ayuntamiento de Bilbao.

Se licenció en Historia en la Universidad de Deusto (Bilbao) en 1994 y desde 2003 es Doctor en Sociología y Ciencias Políticas (especialidad Políticas) por la Universidad del País Vasco con la tesis “El Regeneracionismo de 1898: historiografía y nacionalismo español”.

Participa desde su origen en 2004 en el proyecto internacional de investigación en historia conceptual Iberconceptos, dirigido por Javier Fernández Sebastián. Es autor de artículos académicos sobre historiografía, historia conceptual e historia del nacionalismo, en particular sobre la figura de Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco. Ha prologado el libro Oi Europa!, de Jon Sudupe Martija, que obtuvo el premio Euskadi de ensayo en euskera en 2013.

Es autor-ponente de conferencias en Congresos de instituciones internacionales y nacionales, entre otras la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración, la Asociación Vasca de Sociología y Ciencia Política o la Sociedad “El Sitio” de Bilbao.

Ha publicado los libros: La identidad maketa (2006), Perdí la identidad que nunca tuve: el relato del País Vasco de Raúl Guerra Garrido (2010), Historia y nación. Costa y el regeneracionismo en el fin de siglo (2013) y Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca (2015).

En esta ocasión analiza su libro “Sabino Arana. Padre del supremacismo vasco” | La Tribuna del País Vasco

¿Qué le motivó a escribir un nuevo libro sobre Sabino Arana?

Sobre Sabino Arana llevo escribiendo mucho tiempo. Tras la publicación de mi primer libro, “La identidad maketa”, que lo escribí casi por intuición, desde mi propia experiencia personal, me di cuenta de que el fundador del nacionalismo vasco solo hablaba de maquetos. Ahí estaba todo el origen de la discriminación soterrada que existe en el País Vasco actual y que ha existido durante el último siglo y medio. Y me propuse estudiarlo todo. Fui sacando artículos en revistas académicas y en la prensa, y fruto de todo ese trabajo es este libro.

¿Qué aporta su libro sobre el conocimiento de esta figura tan nefasta?

Creo que la principal idea que intento transmitir es la de la profunda injusticia que significa esa ideología. Estudiar las ideologías no tiene que significar legitimarlas. Que es lo que ha pasado tradicionalmente en España con el estudio de los nacionalismos y en especial del vasco, que es del que nos ocupamos aquí. Esta ideología está basada en una interpretación tergiversada de la historia y en unos supuestos que no son reales. La principal premisa que denuncio en mi libro es el hecho de que el pueblo vasco que se erige en protagonista de la historia nacionalista y de la política vasca, tal como lo define Sabino Arana, no es en realidad más que una minoría de la población del país. Ya lo demostró el estadístico José Aranda Aznar en su famoso artículo “La mezcla del pueblo vasco” de 1998: los vascos de apellidos solo representan el 20% de la sociedad vasca. Luego hay un 30% de personas con apellidos mixtos y un 50% sin ningún apellido eusquérico. Y esos datos, desde que fueron deducidos hasta hoy, tras más de veinte años, es seguro que han evolucionado hacia la disminución del porcentaje autóctono, debido al proverbialmente bajo índice de natalidad del País Vasco.

Usted sostiene que la presencia de masas de obreros en Vizcaya provenientes del resto de España, estigmatizados por el nacionalismo como maketos y una amenaza a los vascos fue esencial para la difusión del nacionalismo vasco. ¿A qué se debió este hecho?

En efecto, cuando estudias el nacionalismo vasco la primera impresión que esta ideología nos quiere transmitir es la de una historia del pueblo vasco que procede de la antigüedad más remota y que llega hasta hoy. El nacionalismo sería una consecuencia de esa historia, la eclosión de la nación, gracias a un personaje como Sabino Arana. Pero todo eso no es más que una cortina de humo para ocultar la realidad de esta ideología. El nacionalismo vasco solo surge a partir de Sabino Arana, a finales del siglo XIX. Antes no hubo ninguna expresión de odio a España, que es lo que significa la ideología nacionalista. Esa ideología se construye reescribiendo una historia que no existió. Y lo primero que se ignora interesadamente es el hecho de que la eclosión del nacionalismo solo se produjo debido al fenómeno de la inmigración masiva de otras partes de España al País Vasco con motivo de la primera industrialización.

¿Dónde se concentró la primera industrialización? En Bilbao y alrededores. ¿Dónde se acumuló la mayor cantidad de inmigrantes para trabajar en la industria y la minería vasca? En Bilbao y alrededores. ¿Dónde surgió el nacionalismo vasco? En Bilbao. La historia nacionalista oculta esta realidad. Para ellos, los inmigrantes del resto de España son una pequeña porción de la realidad social vasca, en ningún caso significativa en su devenir. Y se empeñan sañudamente en disminuir su número, su presencia y su proporción respecto del total de población, lo cual genera una suerte de espejismo social e identitario, por el cual la mayoría social vasca, que es inmigrante o descendiente de inmigrantes del resto de España, considera que es una minoría, mientras que la minoría autóctona que rige el país aparece a los ojos de todos, propios y extraños, como la mayoría social.

¿Cómo fue posible que en una época en que había en Vascongadas historiadores distinguidos que conocían de verdad la historia de su tierra, como Labayru, Aranzadi y otros, la figura más relevante vista en perspectiva fuese un iletrado como Sabino Arana?

En efecto, se trata de una perversión completa de la historia y de la historiografía a la vez, de la escritura de la propia historia. Y otros más como esos, como Azcue o el propio Campión, otros dos grandes autores a quienes los nacionalistas se esfuerzan en incorporarlos a su ideología, pero sus obras son tan extensas y abarcan tanto que no se dejan encajonar ahí, ni siquiera tergiversando la interpretación de sus obras, que es a lo que se dedican ahora los historiadores nacionalistas. Ha habido una gran labor de propaganda por parte del nacionalismo vasco que empieza desde los inicios de la Transición. Cuentan con medios sobrados para hacerlo. Y sobre todo ante la ausencia de un trabajo cultural que lo contrarreste, por parte de los partidos de ámbito nacional español. El nacionalismo ha vampirizado culturas previas a su aparición como la carlista y la fuerista, que han quedado convertidas en nacionalistas o al menos en prenacionalistas. Una parte de mi trabajo la he dedicado a rescatar de las garras del nacionalismo a toda una cultura de la derecha vasca que ha sido convertida en una caricatura nacionalista por parte de los seguidores de Sabino Arana y fruto de esa labor, todavía en estado embrionario, ha sido mi libro “Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca”.

¿Cómo pudo este individuo por sí solo invertir el rumbo de siglos de lealtad de Vizcaya y Vascongadas a Castilla y a España?

Por sí solo no, pero sí con un partido detrás como es el PNV que se ha convertido con el tiempo en una gran fábrica de clientelismo, de captura de votos, promoción de cargos políticos y generadora de propaganda política. El PNV con el apoyo inestimable en el País Vasco del socialismo, que una vez iniciada la Guerra Civil le proporcionó el Estatuto de Autonomía, restringido a Vizcaya, para empezar a convertir ese trozo del País Vasco en un ensayo de lo que hicieron después a partir de la Transición. El socialismo ha sido históricamente el principal legitimador político del nacionalismo vasco. Desde que Indalecio Prieto, como maqueto que era y que había atacado antes al nacionalismo con una virulencia extrema, decidió que le interesaba más tenerlo como aliado en el momento en el que se produjo la sublevación militar de 1936. Y la segunda parte que explica la preponderancia del nacionalismo vasco actual es sin duda el terrorismo de ETA, que aterrorizó a la población vasca no nacionalista y convirtió al PNV en un refugio seguro y, como decíamos al principio, en una fábrica de empleos en la administración y en la política, así como en un aval para cualquier negocio o industria que tuviera que ver con los propósitos nacionalistas, singularmente todo lo referido a la promoción del eusquera unificado.

¿El auténtico padre del separatismo fue él o su hermano Luis? Su famosa conversión de 1882 en una conversación con su hermano usted defiende que es mítica y que el separatismo lo aprendió en Cataluña , ¿fue así?

Empezando por lo último. No es que el separatismo lo aprendiera en Cataluña. En Cataluña aprendió lo que decía sobre todo Félix Sardá y Salvany, el párroco de Sabadell, el mayor integrista de su tiempo (que luego abjuró de su extremismo, dicho sea de paso), que dejó escrito un libro a mi modo de ver fundamental, titulado “El apostolado seglar, o sea Manual del propagandista católico en nuestros días”, donde explica mucho mejor que en su otro libro, el best-seller de la época “El liberalismo es pecado”, lo que tiene que hacer un católico verdadero para salvarse y sobre todo para difundir su doctrina. Lo cual consiste en asociarse, por una parte, y en fundar un periódico, por otra. Con esas dos premisas Sabino Arana volvió a Bilbao en 1888 dispuesto a crear un partido político y a difundir su mensaje a través de la prensa: esas fueron las dos actividades que le ocuparon el resto de su vida.

No obstante, para dar el paso definitivo esperó a que volviera su hermano Luis de Barcelona en 1893. Sabino necesitaba un compañero de aventura política inquebrantablemente fiel hasta el final y para él esa persona no podía ser otra más que su hermano. Mi hipótesis es que toda la historia de que Luis le enseñó el nacionalismo es una auténtica invención de Sabino Arana, como todo el resto de su ideología. Nadie se puede creer semejante historia. Y sin embargo los fieles a Sabino Arana se la creen, porque lo dijo “el Maestro”. En mis trabajos doy suficientes pruebas para demostrar que hay muchas cosas que no encajan en toda esa historia. Pero el hecho de que Sabino Arana dijera que fue así parece que se considera la prueba irrefutable, cuando estamos ante un personaje que mentía e inventaba a discreción y que tergiversaba todo lo que tocaba. Seguiré publicando trabajos para demostrar que lo del origen del nacionalismo vasco en una conversación entre los dos hermanos no tiene por dónde cogerse.

Pese a todo nunca mostró aprecio por Cataluña, ¿Por qué no tenía ninguna simpatía por esta región?

Pues porque la consideraba una región latina más de España, con su misma raza y con una variante lingüística, el catalán, que apenas se diferenciaba de la castellana o española, por su misma raíz latina. Para Sabino Arana los catalanes eran igual de maquetos que los extremeños, que los gallegos o que los andaluces. Todos igual de españoles, frente a los vascos, que eran distintos de todos los demás. Esta es una prueba más de que Sabino Arana no inventó su ideología racial y excluyente por contagio de la nacionalista catalana, como piensan algunos. Su impulso nacionalista provino de un catolicismo integrista extremado, que convertía a los demás españoles (incluidos los catalanes) en personas incapaces de creer en Dios, en el Dios de los católicos, en la misma medida e intensidad en que creían los vascos. El consideraba que su diferencia racial impedía al resto de españoles alcanzar la salvación reservada a los vascos.

Pero, cuidado, porque aquí se demostraba una vez más el antiespañolismo subyacente al nacionalismo vasco y que es, justamente, en lo que consiste el racismo del fundador del nacionalismo vasco y de sus seguidores. Porque esa convicción religiosa no la tenía respecto de los franceses, por ejemplo, o de los británicos o de los alemanes, a los que consideraba, a todos, superiores a los españoles, y eso que en Francia hay una parte del país de los vascos sometida y con menos derechos políticos que los que hay en la parte vasca española. No olvidemos que, para Sabino Arana, desde el Ebro para abajo es África. Para que luego venga Josu Jon Imaz, antiguo presidente del PNV y hoy alto dirigente de Repsol, diciendo que lo del PNV no es racismo sino solo antiespañolismo.

Se atrevió a polemizar con los más famosos historiadores vascos de su época, pese a su incultura que le llevaba a inventarse la historia vasca, ¿no fue así? Un aspecto clave sobre Arana y el nacionalismo vasco, del que usted ya se ocupó en su magnífica obra " Nobleza con libertad" es la falsedad de la extendida tesis de que el foralismo vasco del siglo XIX era ya prenacionalismo. De hecho no es muy conocido que Sabino Arana lanzó durísimos ataques contra los foralistas. Háblenos de ello.

Esta es una consecuencia más de una errónea e interesada interpretación de la historia vasca y española del siglo XIX por parte de historiadores nacionalistas pero secundados e incluso aventajados por historiadores españoles de izquierdas. En su afán por borrar la historia de la derecha vasca, han convertido a esta en antecedente del nacionalismo, por sus variantes tanto carlista como fuerista. Y no hay tal. Ni carlistas ni fueristas fueron nacionalistas. Ninguno de esos autores dijo nunca nada contra España, que es la clave de distinción del nacionalismo. Cojas al autor que cojas de esas corrientes, te podrán decir que los vascos fueron independientes desde tiempos inmemoriales (porque en la Edad Media todo el mundo –ciudades, señoríos, jurisdicciones de todo tipo– se vanagloriaban de ser independientes) pero a continuación decían también que eran españoles, porque no podrían ser otra cosa. Y eso era lo que a Sabino Arana le sacaba más de quicio y por eso los atacó sin piedad, tanto a carlistas como a fueristas, de lo que doy sobradas muestras en el libro “Nobleza con libertad” y en este último que nos ocupa ahora. Sin embargo, los historiadores posteriores, ignorando lo que dejó escrito el propio Sabino Arana, han considerado al carlismo como antecedente del nacionalismo, lo mismo que al fuerismo. Y esa es una de las aberraciones más importantes en esta historia y que estoy tratando por todos los medios de desmontar y denunciar.

Otro aspecto poco conocido sobre Sabino Arana, fuera de las provincias vascas, es su aversión por la ciudad de Bilbao. ¿A qué se debía esa aversión?

Como la historia vasca que se construye en su imaginación es completamente delirante y por supuesto falsa, propia de un indocumentado, Sabino Arana pensaba que las villas vascas, que fueron fundadas en la Baja Edad Media, no formaban parte de la verdadera patria vasca, sino que representaban la intromisión castellana y, por ende, española, ya que fueron fundadas por el señor de Vizcaya o el propio rey de Castilla. Y Bilbao era una de ellas, fundada en 1300 por el señor de Vizcaya, don Diego López de Haro. Frente a las villas se situarían las anteiglesias, que eran los pequeños núcleos de población rural que él consideraba la verdadera y auténtica representación de lo vasco. El colmo de la aversión a Bilbao sucedió porque la villa absorbió, en su expansión, a las anteiglesias circundantes, entre ellas la suya de nacimiento, Abando.

Las villas además representaban para él la eclosión demográfica producida por la industrialización y, por lo tanto, los focos de atracción de gentes procedentes de fuera del País Vasco, que traían, según él, todo lo peor. La paradoja es que Bilbao, siendo desde inicios del siglo XX la ciudad más importante del País Vasco, por su entorno económico y social, y siendo a la vez la sede principal del PNV (sita en el solar de la que fue casa natal de Sabino Arana) es considerada por este lo peor de lo peor de Vizcaya y el País Vasco. Y a nadie le parece extraño o rechazable hoy en día. Principalmente porque no se sabe y porque el PNV, agente cultural y propagandístico por excelencia en el País Vasco actual, hace y hará todo lo posible porque no se sepa.

Finalmente quizás se echa de menos en su libro, por poner algún pero, alguna referencia al famoso y controvertido tema de la " evolución españolista" final de Sabino Arana. ¿Qué piensa usted de este tema?

Quizás habría que dedicar un trabajo a la pretendida evolución españolista, pero eso sí, como un capítulo más dentro de esa colección de autores y temas que, desde fuera del nacionalismo, han buscado siempre humanizar, legitimar, comprender o justificar al nacionalismo vasco en su conjunto. Y es que el nacionalismo vasco ha tenido mucha suerte entre los historiadores españoles. La mayoría de ellos, tras el inicio del nacionalismo vasco, le han dado la historia prácticamente hecha, convirtiendo en prenacionalistas al carlismo y al fuerismo y en nacionalistas propiamente dichos a los que elaboraron y gestionaron los conciertos económicos desde 1878, por ejemplo, que son un típico producto de la ideología liberal-fuerista. La evolución españolista de Sabino Arana sería el epílogo de esa gran operación de maquillaje y legitimación del nacionalismo vasco, elaborada por historiadores españoles fundamentalmente de izquierdas.

Lo que sí le puedo asegurar es que el tema de la llamada evolución españolista no afectó lo más mínimo a su legado ideológico. Fue sobre todo un intento de cambio de táctica interesado, para evitar la persecución del partido. Su núcleo más próximo nunca se lo creyó. Por ejemplo, su hermano Luis, que pensaba que Sabino Arana estaba sufriendo desarreglos emocionales cuando empezó a hablar de españolismo. Lo cual es posible que fuera cierto, porque la enfermedad de Addison, que acabó con él, afecta a las hormonas y, por tanto, altera las emociones. La prueba más evidente de la inanidad de esa supuesta evolución españolista es que el propio Sabino Arana dejó, para después de su muerte, como presidente del partido a Aingeru Zabala, alias Kondaño, que no era un moderado precisamente, sino que formaba parte del núcleo de los irreductibles que le rodeaban.