Jorge Ávila Valladares es historiador especializado en historia militar y policial. Colaborador habitual de la sección de cultura del diario digital policial “H50” y profesor de Geografía e Historia en la “Academia PROCIVIL”, de formación de opositores a la Guardia Civil. En esta entrevista analiza su obra Sangre azul "Historia de la Policía Nacional".

¿Por qué un libro sobre la Historia de la Policía Nacional española?

Porque hoy más que nunca es necesario encarecer y poner en valor instituciones históricas españolas como la Policía, no siempre bien conocidas por algunos ciudadanos y mucho menos honradas como se merecen por nuestros dirigentes políticos, cosa que rara vez ocurre.

¿Por qué la alusión a la sangre azul, que evoca el origen nobiliario y qué relación tiene con el Cuerpo?

Me parece una expresión sumamente inspiradora, y que aplicada al sentido de esta obra cobra nuevas y bellas acepciones. Es cierto que evoca nobleza, pero no tanto de cuna sino de corazón. Una cualidad que debe ser piedra angular en la actitud de unas personas vestidas hoy de azul y por cuyas venas corre el legado histórico de otros que en su día lo hicieron de marrón, gris, negro o incluso mangas verdes, y que salvando las distancias lógicas del tiempo, estuvieron igualmente dispuestos a sacrificar hasta la última gota de su sangre por aquello que creían más justo y más noble en concordancia con las circunstancias de su contexto histórico.

¿En qué medida como oficial de la Policía Nacional se ha volcado en contar la historia de algo suyo, que siente en sus entrañas?

Como historiador, hay que dejar las entrañas aparte y tratar que la objetividad, el rigor y, sobre todo, el punto de vista humano sean la luz guía de toda labor investigadora que se precie. Siempre he pensado que para captar la esencia de un buen cuadro hay que procurar alejarse, contemplarlo en su totalidad y no permitir que tus inclinaciones hacia él de algún modo parcialicen o subjetivicen el modo en que lo describes. Otra cosa es que, como oficial de policía, haya disfrutado enormemente ampliando mis horizontes culturales sobre un oficio que desde niño me ha fascinado, por el que siento un profundo amor y al que tengo el honor de dedicarme.

¿Por qué no se puede disociar la historia de la policía y la historia de España?

Aunque la Policía Nacional es una institución moderna, sin duda sus antecedentes históricos han estado profundamente interrelacionados con algunos momentos clave de la historia de España. A la Hermandad de Toledo, Talavera y Ciudad Real, por ejemplo, le debemos la pacificación del centro-sur peninsular que permitió la prosperidad de los habitantes de la zona y la repoblación del territorio en plena Reconquista. Poco más tarde, la dureza que la Santa Hermandad de los Reyes Católicos empleó contra la delincuencia, ya fuese la tradicional o la feudal ejercida por los nobles, permitió la consolidación del poder real y su triunfo sobre los intereses particulares nobiliarios, permitiendo a su vez a los monarcas construir su gran proyecto personal de unidad nacional de España. Y eso por poner unos pocos ejemplos.

¿Por qué cuestiona el dogma historiográfico que señala el nacimiento de la Policía Nacional española en 1824?

No soy el único. Aquella Superintendencia de Policía General no fue más que una policía política, creada durante el periodo histórico popularmente conocido como “década ominosa”, en el que la persecución y represión de opositores liberales por los gobiernos de Fernando VII estaban a la orden del día. De hecho, aquella policía fue suprimida por el general Espartero en 1840, y sus pretendidas atribuciones de seguridad ciudadana apenas supusieron una actividad significativa. Nunca tuvo un despliegue operativo efectivo más allá de Madrid y ciertas capitales de provincia, y ni siquiera tuvo una fuerza realmente propia. De hecho, sus escasos dependientes, como los Celadores Reales, fueron disueltos al poco tiempo por motivos económicos. Por otro lado, no se puede trazar una continuidad institucional hasta aquella policía, pues muchos cuerpos creados posteriormente fueron igualmente suprimidos o sustancialmente reorganizados. Al situar interesadamente el cronómetro en 1824, lo que se persigue es rebasar cronológicamente a la Guardia Civil, único cuerpo policial español que sí tiene una verdadera continuidad institucional hasta su momento fundacional en 1844, el cual, por cierto, coincide con el avance del liberalismo en España. Y es que ese es otro de los puntos clave: situar el reloj en 1824 pretende asimilar el nacimiento de la Policía al avance del liberalismo, cuando precisamente aquella policía fue creada para combatirlo. Creo que es hora de superar ese dogma, pues la Policía ha hecho méritos más que suficientes para ennoblecerse como institución más allá de un reloj.

¿Cuál sería para usted el verdadero origen?

En mi opinión, y atendiendo a criterios de continuidad institucional y de similitud organizativa, que son los más correctos y los mismos aplicados a la Guardia Civil, el verdadero origen de la Policía Nacional actual se debería situar en la Policía Gubernativa creada en febrero de 1908, formada por dos especialidades: una de investigación, llamada Cuerpo de Vigilancia, y otra uniformada, dedicada a labores de orden público, conocida como Cuerpo de Seguridad. Aquella policía fue una de las más modernas de Europa, y se concibió de una forma bien planificada y con unos objetivos bien delimitados.

¿Cuáles han sido los principales hitos de la Policía Nacional española en toda su historia?

Teniendo en cuenta el momento fundacional que he mencionado, sin duda la lucha contra el terrorismo es el principal. La lacra terrorista surgió en España a finales del siglo XIX de manos del anarquismo, y desde entonces su eliminación ha sido sin duda el gran objetivo de la Policía. Muchos agentes de todas las épocas lo han pagado caro.

¿En qué medida conserva la policía el espíritu fundacional?

Los principios inspiradores de la policía de 1908 fueron el espíritu de servicio, la profesionalidad y la formación. Hasta entonces, los cuerpos policiales civiles de carácter estatal se componían de trabajadores eventuales o incluso miembros del ejército, tanto en servicio activo como retirados. Ese personal carecía de una formación académica o profesional específica para el puesto a desempeñar, y también de una vocación centrada en la función policial en sí. No obstante, la policía de 1908 pronto incorporó los métodos de policía científica a su operatividad, y la escuela de formación inicialmente ubicada en el madrileño barrio de Canillas impartía cultura física y formación en derecho y otras disciplinas. Ese espíritu de innovación y formación continua se han evidenciado en tiempos posteriores, como por ejemplo con la creación del GEO a inspiración del GSG alemán cuando las operaciones especiales policiales eran grandes desconocidas en Europa. El paso del tiempo ha demostrado que aquellos principios fundacionales eran los correctos para construir una policía eficaz, profesional y, sobre todo, volcada en el servicio a la ciudadanía.

¿Qué es lo que aporta el libro a todo lo que se había escrito sobre el tema?

Una nueva visión de la historia de España a través de la historia de su Policía. Todo ello, desde un necesario punto de vista humano y que por supuesto acerque la historia de la Policía a los ciudadanos de los cuales al fin y al cabo se nutre, de forma que entendamos que una policía no es más que el reflejo de su propia sociedad y que por lo tanto, quien cuida los valores que inspiran su sociedad, está procurándose a su propia policía. Nuestra policía es nuestro mejor espejo. Y los lectores sin duda descubrirán en sangre azul un buen motivo para estar orgullosos de España, y por supuesto, de su Policía.