Durante la II Guerra Mundial Ucrania fue teatro de guerra y campo de batalla principal entre Alemania y la URSS. Miles de voluntarios ucranianos lucharon junto al ejército alemán, a sabiendas de que, si caían en manos del ejército soviético, ellos y sus familias serían inmediatamente liquidados. Esta es la historia que explica este libro, publicado originalmente en 1992 por la editorial García Hispán y reeditado en 2010, cuyo autor es, con su rigor y claridad habituales, el historiador español Carlos Caballero Jurado. Caballero Jurado, autor también de otros muchos libros, es una de las mayores autoridades académicas sobre la División Azul y uno de los mayores expertos a nivel europeo en la organización y estructura del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial. Y también lo es respecto al fenómeno conocido como Movimiento Legionario Europeo; los miles de voluntarios procedentes de toda Europa que combatieron junto al ejército alemán en la lucha contra el comunismo soviético.

 

Ucrania, nación de considerables recursos naturales y de larga y turbulenta historia que se remonta al poderoso Principado de Kiev en la alta Edad Media, ha vivido grandes convulsiones en el siglo XX, convulsiones que, como vemos, llegan hasta el mismísimo presente. Tras un intento de establecer su independencia respecto al dominio ruso en 1917-18 finalmente abortado por el nuevo poder soviético, el país fue víctima singular del terrible “Holodomor” estalinista, el genocidio por hambre que se cobró la vida de millones de ucranianos. Genocidio que tuvo mucho de intento deliberado de acabar con la cultura ucraniana y con la religión católica.

En 1941 el ejército alemán invadió la Unión Soviética, siguiendo los designios de Hitler que planeaba edificar un gran imperio alemán en territorio ruso y ucraniano. Los nacionalistas ucranianos recibieron inicialmente a las tropas de Hitler como a auténticos libertadores (algo que también ocurrió en Estonia, Letonia y Lituania). Pero pronto quedó claro que en los planes del Fuhrer no estaba reconocer ni apoyar la independencia ucraniana sino por el contrario hacer de ella un territorio firmemente dominado y explotado por el Reich. Entregó Ucrania a un brutal gobernador alemán, Erik Koch, que estableció una férrea explotación de los recursos agrícolas y minerales del país mientras condenaba a los jóvenes ucranianos al trabajo forzado en beneficio de Alemania.

Ello provocó que numerosos ucranianos formaran guerrillas pro soviéticas, sobretodo en el este del país, la zona de mayor presencia de población étnicamente rusa . Y también provocó a partir de finales de 1942 el surgimiento de la UPA o Ejército Insurgente Ucraniano y de la OUN, potentes guerrillas nacionalistas que combatían indistintamente a rusos y a alemanes (aunque lamentablemente también se implicaron en ocasiones en matanzas de población civil étnicamente rusa y polaca). La cuestión de Ucrania acabó provocando graves discrepancias en la cúpula del poder alemán. Algunos dirigentes nazis como el ministro de Territorios Ocupados en el Este, Alfred Rosenberg y el gobernador de Polonia, Hans Frank, se quejaron a Hitler ya que consideraban una locura la política de Koch. Ellos eran partidarios de reconocer a una Ucrania independiente y satélite y de aprovechar el anticomunismo y el nacionalismo de muchos ucranianos, que estaban deseosos de combatir contra la URSS. Rosenberg incluso planteaba una alianza con la UPA

Hitler llegó a dudar entre ambas formas de enfocar el tema ucraniano pero finalmente decidió seguir apoyando a Koch, cuando éste le aseguró que sólo su política brutal permitiría a Alemania seguir extrayendo grandes recursos agrícolas y minerales de Ucrania. Pero, eso sí, autorizó la formación de una división de voluntarios nacionalistas ucranianos encuadrados por oficiales alemanes en las SS, para combatir a los rusos. No obstante la unidad no se organizaría propiamente en Ucrania, sino en la Polonia ocupada, en la región de Galitzia, que cuenta con una considerable minoría ucraniana. ( Ucrania y Polonia también han mantenido una histórica rivalidad, que sólo hoy se ha apagado para hacer frente al enemigo común, Rusia). Se la llamó División Galitziana (o 14 Waffen Grenadier der SS, Galisziche 1) y sus miembros tenían que acreditar ser de religión católica (los alemanes no se fiaban de los ucranianos ortodoxos por considerarlos pro rusos). Llegó a tener cerca de 30.000 miembros.

Aunque inicialmente, como vemos, no se pretendía que la unidad usara el nombre de Ucrania ni sus símbolos por miedo a que el nacionalismo ucraniano tomara un sesgo anti alemán, los alemanes acabaron cediendo y la unidad pronto usó la bandera ucraniana y se acabó llamando “Primer Ejército Nacional Ucraniano”. Esta unidad luchó duramente contra el ejército soviético, sobre todo en territorio de Bielorrusia. Jugó un importante papel en los combates de la llamada bolsa de Brody, en julio de 1944, donde sufrió 7000 bajas aunque finalmente consiguió evitar ser cercada y aprisionada por las tropas soviéticas. Los voluntarios ucranianos acabaron formando parte de la retirada alemana pero una parte de sus miembros acabó desertando pero no para unirse a los rusos sino para reunirse con sus compatriotas ucranianos de la UPA y proseguir la lucha anti soviética que se prolongaría hasta los años 50. En esos años el régimen estalinista acabaría con las guerrillas nacionalistas ucranianas (y bálticas) con métodos despiadados, no sin antes haber sufrido miles de bajas, incluyendo a algunos altos oficiales soviéticos.

Esta es la historia que cuenta este libro de casi 400 páginas, obra de un auténtico especialista. Una recomendable lectura en estos momentos en que tras la invasión rusa de Ucrania vemos en los medios a tantos supuestos “expertos” sobre Ucrania.