El Imponente Crucero “Emperador Carlos V”

El 12 de marzo de 1895, caía a la mar, desde las gradas de los Astilleros “Vea Murguía, Noriega y Cia.” de Cádiz, el Crucero Acorazado “Emperador Carlos V”, el mayor buque construido hasta entonces en España, destinado a engrosar la lista de buques de nuestra Armada.

Procedente del llamado Plan naval “Rodríguez Arias”, que preveía la construcción de una fuerza naval considerable, fue autorizada su construcción en 1887, comenzando los trabajos en marzo de 1892. Clasificado como Crucero acorazado, realmente, por sus características, era una mezcla entre este concepto y el de protegido, reuniendo características de ambos. El buque estaba basado en el tipo inglés “Blake”.

Con un desplazamiento de 9.300 tn.; su eslora era de 116 m., 21 de manga, 12,35 de puntal y 7,85 de calado. Contaba con dos máquinas verticales de tiple expansión, construidas en la “Maquinista Terrestre y Marítima” de Barcelona, que le generaban una potencia de 18.000 cv. a tiro forzado, alcanzando una velocidad de 20 nudos. Su dotación era de 600 hombres.

Montaba dos piezas modelo “González Hontoria” de 280 mm., situadas a proa y a popa, en dos torres barbeta sistema Canet. Ocho cañones también “Hontoria” de 180 mm., situados en los costados; cuatro de 100 mm., sistema “García Lomas”, dispuestos en la batería media y otros de tiro rápido de menor calibre, así como seis tubos lanzatorpedos.

De casco de acero, disponía un blindaje que oscilaba entre 254 mm., en las torres de la artillería principal, hasta los 101 mm., en las de medio calibre, pasando por los 160 mm. del blindaje vertical y 60 del horizontal.

A lo largo de su vida operativa participó en diferentes ejercicios navales integrado en la Escuadra de Instrucción, realizados tanto en aguas del Mediterráneo como del Cantábrico, así como a funciones de representación.

Durante la guerra hispano-norteamericana de 1898, quedó integrado dentro de la Escuadra de Reserva del Almirante Cámara, como segundo buque más potente, después del Acorazado “Pelayo”, que fue remitida al teatro de operaciones pero que, sin embargo, por dificultades y cortapisas de tipo diplomático, impuestas por los ingleses a su llegada a Suez, no pudo alcanzar su destino, regresando a España sin haber participado en aquel conflicto.

Otra imagen del Crucero “Emperador Carlos V”

Poco antes de su salida de la bahía de Cádiz para participar en la precitada campaña, en junio de 1898, el “Carlos V” recibió la Bandera de Combate, una enseña roja y gualda de 57 m., con el escudo Nacional bordado por una artista gaditana. La Bandera, que estuvo expuesta en un acreditado establecimiento comercial gaditano, fue ofrecida y adquirida, mediante suscripción, por un grupo de damas gaditanas que, sin embargo, debido a las circunstancias históricas -el Crucero partía para la zona de operaciones- no se pudo entregar con el ceremonial acostumbrado, siendo conducida al buque por una comisión muy reducida creada al efecto. Una vez a bordo, fue izada por Guardiamarinas integrados en su dotación.

El buque, fue testigo de excepción de la firma del Tratado de Algeciras (1906), por el que España adquiere el compromiso de convertirse en una de las potencias protectoras de Marruecos, al estar fondeado en la bahía de esta ciudad gaditana mientras duró la Conferencia.

En agosto de 1902, fue comisionado, en representación de España, a la magna revista naval de carácter internacional celebrada en Inglaterra, con motivo de la coronación de su Rey Eduardo VII.

En agosto de 1909, consecuencia de la llamada “guerra de Melilla”, se traslada, en unión del Crucero “Princesa de Asturias” y el destructor “Osado”, a la zona de operaciones donde permanece hasta octubre de ese año.

En 1911, tras la intervención militar francesa en Marruecos, se concentra con otros buques de la Escuadra de Instrucción en Cádiz, en previsión de incidentes. En junio de ese mismo año, el gobierno de España ordena que fuerzas del 1º Regimiento de Infantería de Marina -actual Tercio del Sur- ocupen Larache y Alcazarquivir, protegidos por el Crucero “Cataluña” que, posteriormente, es relevado, en esta misión de apoyo y cobertura a las fuerzas desembarcadas, por el “Carlos V”.

Ese mismo año, el Crucero viaja a Argentina con el fin de participar en algunos de los actos conmemorativos del centenario de su independencia.

En diciembre de 1913, con motivo de la situación de inestabilidad interna en la República mejicana, el “Carlos V” fondea en la bahía de Veracruz para garantizar la seguridad de los súbditos españoles residentes en la excolonia.

Al año siguiente, visita el puerto de Nueva York, regresando en septiembre a España.

En 1916, se utiliza como buque-escuela, realizando un viaje de instrucción y, a partir de 1923, queda amarrado en el Arsenal del Ferrol como pontón escuela de torpedistas y electricistas hasta que en diciembre de 1931 es dado de baja, pasando en 1933 al desguace.

La Armada, muy proclive a motejar algunas de sus unidades navales, renombró a este Crucero con el nombre de “Carlos usted”.

El Crucero “Reina Regente”, perdido cuando asistía a la botadura del “Carlos V”

La historia de este buque lleva aparejado un desgraciado suceso que tiñó de luto a nuestra Armada y a toda la Nación. En la mañana del domingo 10 de marzo de 1895, cuando se dirigía desde Tánger a la bahía de Cádiz para asistir a la botadura del “Carlos V”, el Crucero “Reina Regente”, alistado en 1888, se perdió para siempre y con él desaparecieron su Comandante, el Capitán de Navío Francisco Sanz de Andino Martí; su Segundo Comandante; cuatro Tenientes de Navío; un Teniente de Infantería de Marina; cuatro Alféreces de Navío; dos Oficiales de Máquinas; dos Médicos de la Armada; un Habilitado; un Capellán; cinco Guardiamarinas; siete Contramaestres; seis Condestables y 330 Marineros; así como dos Sargentos, cuatro Cabos Primeros, tres Cabos Segundos, dos Cornetas y treinta y cuatro Infantes de Marina.

Al parecer, pese a que el estado de la mar no aconsejaba la navegación por aguas del Estrecho, el haber sido comisionado para concurrir a la botadura del “Carlos V”, exigió al Comandante poner proa a la bahía de Cádiz desapareciendo con el buque en aquellas aguas.

Un suceso que, pese a barajarse diferentes teorías al respecto, nunca quedó plenamente aclarado.