“Jamás vieron los coruñeses a su plaza de María Pita tan suntuosamente adornada, tan colmada de gente, tan rebosante de luz y color, de muchedumbre y de piadosa emoción como la tarde gloriosa del domingo 11 de septiembre de 1960 en la ocasión de ser coronada canónicamente la imagen de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de la ciudad”. Así comenzaba la crónica un prestigioso diario nacional que añadía ¡Que estupenda catedral abierta al cielo para la coronación de la Virgen que en 1589 libró  a la población del cerco impuesto por el enemigo inglés y luterano! Esta plaza lleva el nombre de la suprema heroína del asedio, encarnación femenina del valor de un pueblo y afluyen a ella las calles que ostentan, los nombres del marqués de Cerralbo, capitán general que acaudilló a los defensores y de aquellos dos bravos capitanes de sus tropas que fueron Troncoso y Montoto”.

Así es, la queridísima Virgen del Convento de Santo Domingo que con tanto celo custodian los Padres Dominicos, la Virgen del Rosario, es la primera coruñesa, pues no en vano desde aquel lejano 1589, vela diariamente por la salud y vida de todos los ciudadanos de esta luminosa ciudad de La Coruña.

 

Aquel domingo 11 de septiembre de 1960 amaneció con nubes y claros. La Plaza de María Pita estaba preparada para la gran ocasión. El rojo y gualda de la bandera de la patria, ondeaba de forma abrumadora en mástiles y colgada por toda la plaza, así como  en balcones y  en galerías circundantes.  De la fachada del ayuntamiento colgaban numerosos y vistosos reposteros, banderas Nacionales y del Movimiento Nacional, la rojinegra de la Falange Española y la blanca con las aspas de Borgoña o cruz de San Andrés, de la Tradición Española.

 

 

  1. El Caudillo de España y su esposa, acompañados por el cardenal Quiroga Palacios, llegan a la Plaza de María Pita para presidir la coronación canoníca de la Virgen del Rosario, Patrona de la Coruña. 

En la plaza se alzaba un enorme Víctor en honor al Caudillo. A sus pies el escenario dispuesto para la ceremonia. En el centro estaba situado el Altar y a modo de retablo las blancas iniciales del Ave María, encuadrando a la imagen de la Patrona. La Virgen ostentaba por vez primera un fajín de General del Ejército español, regalo del Capitán General de Galicia, Teniente General Camilo Menéndez Tolosa,  al tener noticias de los honores de Capitán General que a la Santísima Virgen, le había concedido en el día de su coronación, el ministro del Ejército Teniente General Barroso.

 

A las seis de la tarde, tras almorzar a bordo del yate Azor, anclado en la bahía coruñesa, el jefe del Estado Generalísimo Franco, acompañado de su esposa Carmen Polo, hizo su aparición en la plaza de María Pita, anunciado por un toque de cornetín. Fue recibido por el gobernador civil de la provincia, Evaristo Martín Freire; ministro de la Gobernación, teniente general Alonso Vega; de Información y Turismo, Arias Salgado; de Marina, Almirante Abárzuza; de Justicia, Iturmendi Bañales; de Obras Públicas, Vigón; Secretario General del  Movimiento, Solís Ruiz; de Industria, Planells Riera y de Agricultura, Cirilo Cánovas; alcalde de La Coruña, Sergio Peñamaría y otras primeras autoridades, al igual que el Arzobispo de Santiago de Compostela, cardenal  Quiroga Palacios; Obispos de Salamanca, Albacete, Palencia, Tuy-Vigo, Orense, Mondoñedo-Ferrol, administrador apostólico de Lugo, Abad de Samos, el Vicario General de la Orden de los Dominicos, Esteban Gómez y el Padre provincial Aniceto Fernández. 

 

El Caudillo pasó revista a una compañía del regimiento de Infantería Isabel La Católica nº 29, cuya banda lanzó a los vientos coruñeses las notas del Himno Nacional. El Caudillo y su esposa, padrino y madrina de la ceremonia, ocuparon un dosel del lado del Evangelio, mientras que en otro frontero, se situaron el Arzobispo de Santiago, Monseñor Quiroga Palacios y el legado del Sumo Pontífice. Antes del inicio de la Santa Misa, un ensordecedor rumor proveniente de las alturas, exaltó a los miles y miles de personas allí congregadas. Una escuadrilla de ocho aviones formando la letra A cruzó el cielo coruñés. Inmediatamente después le siguió otra escuadrilla de once aviones, trazando la letra M. La Aviación Española se sumaba así al homenaje a La Virgen con su Ave María de alas en vuelo.

 

El Cardenal Quiroga ofició la Misa, que siguieron con gran devoción millares de fieles, desde la plaza, balcones, terrazas, tejados y galerías. La aviación hizo otras dos pasadas, una en la Epístola y otra en el Ofertorio. Emocionante fue el momento de la Consagración, cuando, a los acordes del Himno Nacional, se rindieron honores al Rey de Reyes.

 

  1. El Jefe del Estado Generalísimo Franco y el Cardenal Arzobispo de Santiago de Compostela cardenal Quiroga palacios, coronan canónicamente a la Virgen del Rosario. 

Finalizado el oficio religioso, el notario eclesiástico leyó el rescrito de su Santidad el Papa Juan XXIII, accediendo al deseo unánime de los coruñeses de que su Virgen fuese coronada. El arzobispo Quiroga con capa, mitra y báculo, bendijo las dos coronas que iban a ceñir la Virgen y el Niño Jesús que lleva en brazos. 

El Caudillo y el cardenal subieron hasta situarse a la altura de la imagen y colocaron las dos coronas en las cabezas de la Madre de Dios y de su hijo. Quiroga Palacios puso en las manos de la Virgen, el rosario de oro, regalado y bendecido por el Papa y el Jefe del Estado, alcalde honorario de La Coruña, impuso a la Patrona, la medalla de oro de la ciudad. El momento fue emocionantísimo. Miles de pañuelos se agitaron sin cesar. Voltearon las campanas. Revolotearon cientos de palomas. Sonó otra vez el himno Nacional. Las salvas de ordenanza se confundieron con el atronar de cientos de bombas palenque. Vibraron los aplausos y fueron enormes las aclamaciones y los vivas a la Virgen del Rosario. 

A las siete de la tarde, a través de la megafonía de la plaza, se comunicó a los coruñeses presentes,  que el Papa se disponía a hablar desde  Roma. Sonó la voz del Vicario de Cristo en plena plaza de María Pita. El silencio conmovedor, impresionante. Juan XXIII, el Papa bueno, en perfecto castellano, dijo entre otras cosas:” Eres grande Coruña, por el tesoro de antiquísima historia, por la valía de tus hombres pero tu gloria mayor, la que prende fuego a tus más puros sentimientos la tienes cifrada en esa Virgen venerada en esa hermosa y suave ciudad, la Virgen del Rosario que se encuentra tan a su placer como si de aquí fuera nacida y la que hace guardia la torre más alta y airosa de todas, la del Convento de los Padres Dominicos que con tanto cariñosa la guardan ”. Terminó  diciendo: “De nuestro recorrido por España conservamos la consoladora visión de las virtudes que os adornan en particular, de la pureza y santidad de vuestros hogares, de la modestia y recato de vuestras esposas. Son grandes y providenciales las reservas que atesora vuestra católica nación, pues amadísimos coruñeses y españoles todos, deseáis mantener vuestro patrimonio tan sagrado que nunca el rosario caiga de vuestras manos, que la plegaria mariana siga santificando vuestra vida entera. ¡Ánimo! El Papa está con vosotros que pide a Dios y a la Virgen del Rosario que os protejan y nos os bendecimos con todo afecto”. 

Terminado el mensaje, Su Santidad el Papa impartió la bendición a todos los asistentes a la ceremonia y a todo el pueblo coruñés en general. 

La multitud desbordó su emoción con una atronadora ovación y con vivas al Papa. Fue entonado un Te Deum y el acto se cerró con la interpretación por  diversos coros coruñeses de la Salve, la entrañable plegaria creada por un Santo gallego, San Pedro de Mezonzo y del himno de la Coronación a la Virgen del Rosario, con letra de Luis iglesias de Souza y música del maestro Rodrigo Alfredo de Santiago, compuesto expresamente para tan sublime momento.

 

  1. La Patrona de la Coruña, la Virgen del Rosario ya coronada.

 

La imagen de la Patrona de La Coruña, bellísima talla de madera que data del siglo XVII, de autor anónimo, fue colocada en una peana para ser trasladada en breve procesión hasta el salón de sesiones del ayuntamiento. 

El cardenal Quiroga bendijo los rosarios del pueblo e hizo entrega a los padrinos de unas medallas de oro conmemorativas de la coronación.  Tras ello, el generalísimo Franco y su esposa, descendieron del estrado y se despidieron de los ministros presentes y de las primeras autoridades, alcalde de  la ciudad, gobernador civil, capitán general de Galicia; capitán general del Departamento Marítimo de El Ferrol; Presidente de la Diputación, así como del Cardenal Quiroga,  legado del Sumo Pontífice  y miembros de la orden de Santo Domingo de Guzmán, entre los que se encontraban, entre otros, los padres De los Ríos, Víctor Marco, Francisco Iparraguirre, Domingo Martín, Santamaría, recibiendo un atronador  aplauso de los miles de coruñeses que llenaban por completo la plaza de María Pita. Escoltado por la vistosa unidad de motos de su casa militar, el Caudillo de España retornó a su residencia de las torres de Meirás. 

 

  1. El Caudillo de España Francisco Franco y su esposa Carmen Polo, durante la santa Misa de coronación de la Virgen del Rosario, Patrona de La Coruña. 

Mientras la imagen de la Virgen, colocada ya el salón de sesiones del Ayuntamiento coruñés, quedó expuesta a la adoración de los ciudadanos, antes de su retorno al convento de Santo Domingo, donde es venerada. Las Coronas de la Virgen y el Niño, costeadas por suscripción popular, según proyecto de Rafael Barros Merino y realizadas, sólo en oro  de 19 y 22 quilates, en los talleres de la joyería coruñesa Malde, pesaban más de dos kilos y medio y estaban valoradas en más de 800.000 pesetas de aquellos años. En su confección se emplearon también platino y oro blanco. Las coronas llevan engarzadas zafiros, esmeraldas, brillantes, rubíes, topacios y perlas con incrustaciones de marfil de incalculable valor.

 

De la corona de la Santísima Virgen del Rosario, refulgen dos fabulosas perlas que fueron propiedad de Doña Emilia Pardo Bazán.  La cruz de la corona  hecha en oro, platino, brillantes y esmeraldas, fue donada por la esposa del Jefe del Estado, Carmen Polo. La corona de la reina de la ciudad herculina, engastada en alhajas, heredadas de generación en generación, es la expresión espectacular en piedras preciosas de La Coruña de ayer, de hoy y de siempre. ¡Viva la Virgen del Rosario!, nuestra Patrona. 

P7D Se acompaña este artículo con dos reportajes. Uno del NODO (Noticiarios Y Documentales) de fecha 19 de septiembre de 1960, que sería exhibido en todas las salas cinematográficas de España. Y otro, grabado en color por el recordado e inolvidable sacerdote orensano de Maceda, D. Manasés Carballo, que levantó en La Coruña, en mayo de 1964, tras un denodado esfuerzo de casi diez años, la Iglesia de los Padres Paules de Santo Tomás, en la calle de la Torre. El Padre Carballo, gran aficionado a filmar con su cámara de súper 8 diferentes películas de la época, dejaría para la posteridad, lamentablemente sin sonido, una  valiosísima filmación de la coronación de la Patrona de La Coruña, la Santísima Virgen del Rosario. Gracias a la dedicación y paciencia del entrañable camarada y amigo José María Permuy Rey, a esa filmación del Padre Carballo se le ha incorporado sonido con la narración del propio José María Permuy, recogiendo la noticia de la Coronación, publicada en  las páginas del diario “La Voz de Galicia” con fecha 13 de septiembre de 1960.

 

Otro si: escribo este artículo, al amparo de la infecta, criminal, malvada, canallesca, mentirosa, sectaria, fraude de ley, llena de odio, profanadora de cadáveres de héroes de nuestra historia, manchada con la sangre de las víctimas del terrorismo, a quienes desprecia, que ataca la unidad de España, la verdad, la libertad, la historia de nuestra Patria, incluso con un ataque terrible al patrimonio cultural, histórico y artístico de España, llamada, de forma burda y grosera, ley de “memoria democrática”, de la cual me declaro beligerante, recientemente aprobada, que en un párrafo textual de su preámbulo dice: “El conocimiento de nuestro pasado reciente contribuye a asentar nuestra convivencia sobre bases más firmes, protegiéndonos de repetir los errores del pasado. La consolidación de nuestro ordenamiento constitucional nos permite hoy afrontar la verdad y la justicia sobre nuestro pasado. El olvido no es opción para la democracia”. ESTA ES MI MEMORIA. Y NO ME VOY A CALLAR.