Tal día como hoy del año 1812 Napoleón cruzó el río Niemen e inició la invasión de Rusia con un ejército (la "Grande Armée") de más de 600.000 hombres. Fue consecuencia de la Sexta Coalición que el Reino Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria y otros estados alemanes habían ideado para luchar contra el "Corso" y acabar con el Imperio Napoleónico. Al principio la invasión fue casi un paseo militar, pues los rusos se fueron retirando a medida que las tropas francesas avanzaban hacia Moscú, adonde llegaron el 14 de septiembre. Pero, lo que Napoleón no se esperaba fue que el Gobernador de la capital rusa ordenara el incendio total de la ciudad. Aquello supuso el comienzo del "desastre de Rusia", ya que Napoleón no tuvo más remedio que emprender la retirada y eso fue fatal para aquel Gran Ejército, del que sólo regresaron 27.000 hombres.

La invasión comenzó el 23 de junio de 1812. Napoleón había enviado una oferta final de paz a San Petersburgo poco antes del inicio de las operaciones, de la que nunca recibió contestación, por lo que ordenó a su ejército internarse en el Gran Ducado de Varsovia. Al principio, contó con poca o ninguna resistencia, por lo que avanzó con rapidez dentro del territorio enemigo. Los rusos ofrecieron solo esporádicas resistencias y Barclay de Tolly, el comandante en jefe, rehusaba luchar a pesar de ser presionado por Bagratión. Por su experiencia sabía que no podría derrotar al ejército de Napoleón en combate a campo abierto. En numerosas ocasiones intentó establecer una posición defensiva fuerte, pero en cada una de estas ocasiones, el avance francés fue demasiado rápido para finalizar los preparativos, y se veía obligado a retirarse una y otra vez. Erróneamente, esto se ha considerado un ejemplo de la política de tierra quemada, pero en realidad la retirada rusa no era en modo alguno parte de ningún plan maestro para conducir a los franceses a las profundidades del territorio ruso, donde el invierno y la falta de equipamiento adecuado se combinarían para destruirlo. Más bien al contrario, este fue el resultado de la falta de oportunidades de los comandantes rusos para presentar batalla en condiciones favorables contra un ejército francés que avanzaba con una rapidez y una fuerza imparables.

 

La captura de Moscú

Napoleón entró finalmente el 14 de septiembre en una ciudad fantasma, desalojada de habitantes y vaciada de suministros por el gobernador, Rostopchín. Conforme a las reglas clásicas de la guerra relativas a la captura de la capital enemiga (aunque en aquel momento San Petersburgo era la capital real de Rusia), Napoleón esperaba que el mismo Zar Alejandro I le ofreciera la capitulación en la colina Poklónnaya, pero muy lejos de esto, los comandantes rusos no se rindieron. En lugar de ello, prendieron fuego a Moscú y vaciaron la ciudad entre el 2 y el 6 de septiembre. Moscú, una ciudad constituida principalmente por edificios de madera, se quemó prácticamente por completo, privando de forma efectiva a los franceses de la posibilidad de abrigarse en la ciudad. Se asume que estos incendios fueron debidos a los sabotajes rusos.

Napoleón señalaría posteriormente que de haber salido de Moscú quince días antes, podría haber destruido al ejército de Kutúzov acampado cerca de Tarútino (hoy en la óblast de Kaluga). Aunque esto no hubiera dejado en modo alguno a Rusia indefensa, sí la hubiera privado de la única concentración de tropas capaz de enfrentarse a los franceses. Tal vez de haber ocurrido esto, Alejandro se hubiera rendido, pero eso nunca podrá determinarse con exactitud.

 

Retirada francesa

Sobre las ascuas de una ciudad en ruinas, sin haber recibido la capitulación rusa, y con una nueva maniobra rusa forzándole a salir de Moscú, Napoleón ordenó retroceder. La ciudad incendiada era tácticamente inútil, fuera de que la cercanía del invierno hacía insostenible mantener a cerca de 100.000 soldados franceses subsistiendo duramente entre las ruinas de Moscú, por lo cual Napoleón inició la larga retirada el 19 de octubre, tras solo seis semanas de ocupación. En la batalla de Maloyaroslávets, Kutúzov pudo al fin forzar a los franceses a usar la misma carretera de Smolensk, que antes les había llevado al este, para volver hacia occidente. Al tiempo, continuaban bloqueando el flanco sur para impedir a los franceses salir de esta ruta.

Kutúzov desplegó tácticas de guerrillas para hostigar y atacar constantemente a los franceses donde éstos fueran más débiles. Las tropas cosacas asaltaban y rompían las unidades francesas aisladas o descolgadas. El suministro al ejército se hizo cada vez más dificultoso al empezar el invierno propiamente a comienzos de noviembre. Las tropas de austríacos y prusianos que habían quedado atrás en el avance a Moscú empezaron a desertar o cambiar de bando, al igual que otros soldados de países ocupados por Napoleón; esto ciertamente reducía el número de soldados que alimentar entre las filas francesas, pero dichos desertores transmitían valiosa información a los rusos sobre el mal estado de la Grande Armeé.

Debido a la llegada del invierno, las praderas rusas carecían de pastos para caballos, que al no poder alimentarse morían y eran utilizados como fuente de carne para los soldados; si bien esta medida permitía alimentar a las tropas francesas, las obligaba a desplazarse lentamente a pie, siendo presa fácil de la hipotermia y el congelamiento en pies, piernas y brazos, lo que ralentizaba la marcha del ejército a través de vías barrosas e impracticables. Los puestos de aprovisionamiento dejados por la Grande Armeé en su avance a Moscú tampoco resultaban muy útiles, pues solo contaban con comida y leña para su propia subsistencia: las tropas que los resguardaban también se unían a la retirada y aumentaban la presión sobre las raciones del ejército. La falta de comida, el clima extremadamente frío, y el hecho que en pocos días casi todo el ejército debiera movilizarse a pie, causó enfermedades, en especial el tifus, y muertes masivas en las filas de la Grande Armeé, que en modo alguno podía presentar batalla a las incursiones de guerrillas rusas.

El cruce del río Berézina los llevó a una nueva gran derrota, ya que Kutúzov decidió que aquel era el momento de llevarlos a un combate en campo abierto. Las divisiones rusas atacaron y aplastaron a la parte del ejército francés que aún no había cruzado el río. Durante las siguientes semanas, los remanentes de la Grande Armée fueron aún más diezmados, y el 14 de diciembre de 1812, fueron definitivamente expulsados del territorio ruso al cruzar el río Niemen. Cerca de 2.000 españoles mercenarios, que habían decidido integrarse en el ejército francés, se unieron a los rusos cuando el zar Alejandro I les ofreció la oportunidad de alistarse en sus filas.

Sí, ciertamente la campaña de Rusia y la guerra con España fueron el principio del fin del poderoso Napoleón.

Por la transcripción Julio MERINO